
Europa volvió a ser golpeada en el corazón, en otra negra jornada que pone de manifiesto la sinrazón y barbarie terrorista. Al menos 34 personas murieron y más de 200 resultaron heridas, entre ellas cuatro españoles, como consecuencia de dos atentados perpetrados en la mañana de ayer en el aeropuerto de Zaventem y en la estación de metro de Maelbeek, en Bruselas, acciones que fueron reivindicadas por Estado Islámico (EI). El atentado en el aeródromo dejó al menos 10 muertos, mientras que otros 20 perecieron en la transitada estación de metro, cercana a los edificios de las instituciones europeas. “Temíamos un ataque terrorista y ha sucedido”, afirmó poco después del suceso el primer ministro belga, Charles Michel, en una comparecencia pública junto al fiscal general, Fréderic Van Leeuw. “Hubo dos explosiones en la zona de salidas del aeropuerto, una de ellas probablemente causada por un ataque suicida”, indicó el fiscal. Esa doble explosión en el aeródromo poco antes de las ocho de la mañana provocó el cierre de las instalaciones y la cancelación de todos los vuelos. Apenas hora y media más tarde, se registraba una nueva deflagración, esta vez en el metro de la capital belga, en la estación de Maelbeek, que también fue clausurada.
El primer ministro aseguró que la policía “está tratando de estabilizar la situación”, además de desplegar a las fuerzas de seguridad, entre ellas el Ejército, en lugares donde “aún existe preocupación” de que pueda haber problemas. Horas después del atentado se produjeron los primeros registros en la ciudad, donde el pasado viernes fue detenido uno de los principales sospechosos y autor material de los ataques de París, Salah Abdeslam. Charles Michel habló de “tragedia” e instó a los ciudadanos a permanecer “unidos y solidarios” ante la barbarie.
Por su parte, el fiscal Fréderic Van Leeuw confirmó que uno de los ataques del aeropuerto fue perpetrado por un “kamikaze” y habló de “heridos graves”, sin más concreción en las cifras. La Policía federal, encargada del caso, se centra ahora en averiguar quiénes son los autores y si alguno de ellos se ha podido dar a la fuga, aseguró Van Leeuw. Este también explicó que la policía tuvo que realizar un trabajo enorme en esa explanada de salidas, porque tras la deflagración todos los viajeros huyeron y dejaron abandonados sus equipajes. Y la prioridad inicial era asegurar que ninguna de esas maletas contuviera más explosivos.
Tras los atentados, el Gobierno local decidió cerrar todas las líneas de transporte público. La capital belga ya estuvo bajo el nivel de alerta máxima por amenaza terrorista tras los atentados en Francia, si bien entonces el aeropuerto se mantuvo en nivel 3, por estar situado en la región de Flandes y no en Bruselas capital.
[su_note note_color=”#d0d3d5″ radius=”2″]Niños confinados en los colegios y máximo nivel de alerta en Bélgica
Los alumnos de los centros educativos de Bruselas permanecieron “confinados” en el interior de sus colegios hasta que por la tarde se estabilizó la situación en la ciudad tras los atentados sufridos por la mañana. El nivel de alerta por amenaza terrorista fue elevado al máximo de la escala de riesgo (4) en todo el país, lo que llevó a activar una serie de medidas de seguridad adicionales, incluido el cierre de la frontera y el refuerzo de la vigilancia en lugares públicos “sensibles”. Entre ellos, las autoridades aumentaron la vigilancia de las centrales nucleares del país.[/su_note]




