
“Teniendo en cuenta que estos atentados son unas noticias demoledoras, afortunadamente no sabemos de que nadie de las Islas haya resultado herido”. Son palabras a este periódico del responsable de la Oficina de Canarias ante la Unión Europea, José Miguel Luengo, quien de cualquier modo se mostró muy consternado ante lo sucedido. A la espera de confirmar si finalmente hay algún isleño o no entre los cuatro heridos españoles de los que informó a última hora de la tarde de ayer el ministro del Interior, Jorge Fernández, lo cierto es que, en principio, los aproximadamente medio centenar de canarios residentes en la capital administrativa de Europa están bien.
Pero igualmente cierto es que esta tragedia les ha pasado cerca, y en el caso de Jorge Cólogan, muy cerca, tal y como informó ayer Efe. Tiene 32 años de edad, es tinerfeño y trabaja desde hace apenas un mes en la Dirección General de Comercio de la Comisión Europea, aunque con anterioridad desempeñó otros trabajos en países como Marruecos. Como muchos ya habrán imaginado, es pariente de Leopoldo Cólogan, quien fuera presidente de la Asociación de Productores Europeos de Bananas (APEB) durante 26 años con indudables éxitos para el sector. Ayer, Jorge se dirigía a su trabajo en uno de los vagones del metro atacados: cuando estaba en la estación se levantó una nube densa de humo blanco y las personas que iban junto a él cayeron al suelo, si bien cree que nadie resultó herido.
El joven, según su propio relato, sintió un sudor “frío”, y solo pensó en salir “como fuese”, pues tenía miedo a que se produjese otra explosión. Jorge detalló que cuando estalló la bomba le faltaba solo una parada para llegar a su destino y que aún no se cree que haya salido ileso.
Algo más de fortuna tuvo Begoña Iglesias, secretaria de la Oficina canaria en Bruselas, por cuanto se bajó del metro donde explotaron las bombas unos minutos antes. Que Cólogan e Iglesias vivieran el drama tan de cerca no es casual, porque el atentado se produce en la estación de Maelbeek, situada en el llamado barrio europeo. “Es la línea que utilizan los trabajadores de la oficina que vienen en metro”, recuerda José Miguel Luengo en un tono trufado entre el pesar y el alivio. A este representante del Archipiélago ante las instituciones europeas le llama la atención que lleguen estos atentados “en una ciudad como Bruselas, donde hay soldados armados patrullando por las calles; desde los ataques de París la vigilancia aumentó una barbaridad en Bruselas, y aquí en el barrio europeo era muy visible”.
Otros canarios vivieron la jornada recluidos en sus centros habituales de trabajo o estudio. Así le ocurrió al eurodiputado socialista Juan Fernando López Aguilar, que se vio confinado durante horas en la Eurocámara tras tener que volver de la ruta hacia al aeropuerto tras saber de las primeras bombas. Y lo mismo, tal y como informa Gabriela Gulesserian, pasó con Natán Ruiz Legrain, quien estaba en una de sus clases en la Universidad Católica de Lovaina (UCL), donde estudia Medicina desde hace dos años, cuando un amigo le avisó del atentado. “Estaba en un auditorio con unas 500 personas. Llegó un momento en el que todos estábamos con los móviles y hablando de los atentados y la profesora tuvo que parar la clase”, cuenta este joven orotavense. De hecho, la docente les confesó que al parecer uno de sus hijos estaba en el metro. No supieron nada más. Cuando habló con DIARIO DE AVISOS, el campus universitario estaba casi desierto: “Solo estamos los extranjeros, los estudiantes que son de aquí se fueron todos”, asegura. Le costó hablar con su abuelo, residente en Bruselas, pues, como explicaron todos los consultados, ayer fue un día difícil para la telefonía móvil en la capital administrativa de Europa.





