He dejado pasar unas semanas, para dejar testimonio de una serie de consideraciones con respecto a los carnavales. Varios medios de comunicación me entrevistaron con respecto a estas fiestas. Y he de confesar que no me sentí nada cómodo a la hora de responder y opinar sobre el Carnaval. ¿Por qué? Pues porque me di cuenta de que los carnavales actuales, nada tienen que ver con los que yo viví, disfruté y me impliqué durante unos años.
En mi juventud, el Carnaval era una fiesta prohibida. Después comenzó a desarrollarse al amparo de determinadas sociedades tipo el Club Náutico, el Casino, el Círculo de Amistad, el Círculo Mercantil… Finalmente el pueblo, que es soberano, reclamó esa festividad para la calle y ahí fue que la llevó. Y se consiguió una fiesta popular, callejera, familiar, dotada de grandes dosis de imaginación, con un gran sentido del humor y con una implicación participativa. Tú no le podías fallar a la ciudad, a tu ciudad. Todos teníamos que estar presentes en todos los actos que se programaban alrededor de aquella fiesta. ¡Porque era nuestra fiesta. La fiesta del pueblo! Había gente con la que te veías solamente en carnavales y convivías esa semana con ellos como si hubieras estado viéndote a lo largo del año.
En sus ansias de crecer, aquel Carnaval fue ganando masificación y perdiendo personalidad y otras muchas cosas. Había una auténtica obsesión porque la Gala se retransmitiera en directo para toda España. Sin pararse a pensar, que al señor o señora de Soria, Oviedo o Málaga, le interesaría tanto como a nosotros la proclamación y coronación de las reinas de las fiestas de esos lugares. Se empezó a recurrir a gente de fuera para que presentara la Gala, para que la dirigiera o para que configurara el jurado. Con estas decisiones, ¿cómo no íbamos a ir perdiendo nuestra idiosincrasia con respecto a aquella fiesta que era nuestra? En cierta ocasión me tocó ser jurado con Brigitte Nielsen, novia de Stallone, y otra vez con un novio de Estefanía de Mónaco. ¿Qué sabían ellos de lo que era el Carnaval de Tenerife, como para formar parte de un jurado que eligiera algo que es nuestro y que los de fuera no lo van a valorar igual? ¿Imaginan alguien de fuera, de jurado en el Carnaval de Cádiz? Imposible. Así se lo fueron cargando hasta llegar a Rafael Amargo, Belén Esteban y… su circo de atracciones. Seguiré hablando las próximas semanas de este tema. Pero quiero dejar claro, que a día de hoy, el único acontecimiento que me interesa de las fiestas es la elección del Príncipe del Carnaval, acto que conserva el sabor de aquellos carnavales… Este año recayó en El Indio del Carnaval, mi amigo Chichi Medina. Deja ver…
