la entrevista

Olga Cerpa: “Si vamos a unas terceras elecciones será entre aberrante y ridículo”

Radicada en Madrid desde hace 15 años, la intérprete de Niña Candela confiesa un sentimiento de pertenencia arraigado: “Salgo con un subidón de canariedad de un espectáculo, y a la mañana siguiente viajo a Madrid pensando, ¿y ahora a quién le cuento yo lo importante que me siento de ser canaria?”

Olga Cerpa. | DA
Olga Cerpa. | DA

De puertas adentro, Olga Cerpa es una estrella consagrada en Canarias y, fuera de las islas, es una cantante en alza, que ha estado nominada a los Grammy Latinos y ya se ha hecho un hueco en la canción popular en castellano. Radicada en Madrid desde hace 15 años, casada y madre de un hijo de 13, la intérprete de Niña Candela confiesa un sentimiento de pertenencia arraigado: “Salgo con un subidón de canariedad de un espectáculo, y a la mañana siguiente viajo a Madrid pensando, ¿y ahora a quién le cuento yo lo importante que me siento de ser canaria?”.

Pedro Lezcano, con quien compartía giras a América en las filas de Mestisay, decía, “lástima que seamos tan amigos, para que fuera más creíble cuánto la admiro”. ¿Y cuánto conocemos o desconocemos a Olga Cerpa? Aquí cuenta que hubiera querido ser matemática y aborda el problema político ante la investidura a final de mes.

-España desafina. O desatina. ¿Qué le pasa?
“Que los dirigentes están pensando en su interés partidista y no en el general. Y estoy muy preocupada. Tengo esperanza de que se imponga la cordura. Pero no estoy segura de que vaya a pasar. Lo decimos muchísima gente, de todos los colores ideológicos. Si vamos a unas terceras elecciones será entre aberrante y ridículo. No es de país serio. Esta dificultad de los pactos y el papel de la izquierda lo aborda muy bien Raffaele Simone en el ensayo que leo, El hada democrática”.

-Según Simone, con lo de la “limpieza de sangre” y no pactar, España estaría en elecciones hasta el infinito.
“Hace reflexiones lúcidas sobre la crisis democrática”.

-También se ha escrito de las hadas feministas. ¿Cuál es su posición?
“Fui trabajadora con nómina desde los 14 años, primero dependienta de un comercio de ropa y luego secretaria de dirección de una empresa, hasta que me dediqué a la música por entero. Estudiaba nocturno de seis a once. Abogo por la igualdad, pero me apena la deriva, sobre todo, del feminismo cultural, que se ha quedado en un postureo. El otro día comenté en mi muro de Facebook que en una ciudad islamista, Mosul, habían quemado vivas a 19 chiquillas en una jaula por negarse a tener relaciones sexuales. ¿Dónde están las feministas dando la batalla contra casos así? Se ha caído en un feminismo de salón y me indigna y me rebelo”.

-Mujeres con cajones es un disco y concierto suyo con Albita y Eva Ayllón. Da gusto verlas en ese mano a mano.
“Siendo tres orillas tan distintas, Pacífico, Caribe y Atlántico, ahí se da una asociación musical, aparte del personal. Se dio un hallazgo curioso. Cómo tres acentos, tres colores distintos se encuentran y tienen sentido. Lo hicimos en Miami, Lima, Gran Canaria y Tenerife. Albita es una de las grandes. Y Eva aquí es la gran voz de la música peruana, la reina de la música criolla. En Perú les canté el Palmero sube a la palma que les llevamos y la marinera que ellos nos devolvieron. Un camino de ida y vuelta tan bonito”.

-Antes por mar y ahora por Twitter, Facebook y wasap.
“Las tres vivimos unidas por el wasap, deseando volver a vernos. Eva es muy tuitera y contesta siempre personalmente”.

-¿Piensa que son confiables las redes sociales?
“Son canales de comunicación directa, algo que no teníamos. Pero hay que sacar a las redes del anonimato, no pueden ser un salvoconducto para injuriar, insultar y calumniar. En mi cuenta de Twitter y mi muro de Facebook, la gente suele ser respetuosa. Pero veo cosas que son de juzgado de guardia”.

-¿Cómo madre de adolescente, recibe de buen grado la ola Pokémon y el nuevo rol de los jóvenes?
“No soy catastrofista. La sociedad ha cambiado. A ellos les fascina Pokémon y a nosotros nos volvía locos Fórmula V, no sé qué es peor. Tienen otras inquietudes. Yo les valoro un alto sentido ecologista. Es verdad que no son tan activos políticamente como nosotros, porque la Transición, que me cogió aún pequeña, motivaba mucho. Los padres los estamos acostumbrando a vivir frívolamente y se rebelan”.

-¿Su hijo canta o estudia?
“Tiene 13 años y, por suerte, no quiere ser cantante. Con una música en casa es suficiente. Prefiere la Biología Marina. Siempre recomiendo estudiar una carrera y, luego, si la vocación musical es muy grande, perseguir el sueño. Con trabajo y talento se consigue. Es incierto y maravilloso. Como una bendición y una maldición”.

-¿Pensó en estudiar una carrera?
“La pensé y la empecé, pero con mucha pena la tuve que dejar, porque me era incompatible. A mí la Matemática pura me gustaba muchísimo. Hay cierta correlación entre las Matemáticas y la Música. El mundo de los números me apasiona. Pero siempre supe que iba a ser cantante, hobby y oficio”.

-¿Con qué otros hobbies le es infiel a la música?
“Camino y a veces corro. Y no puedo estar sin leer. Cuando viajo llevo libros pendientes, porque me aterra estar en un aeropuerto tirada sin poder abrir un libro. No pienso en que no pueda comer, sino en que no pueda leer”.

-¿Qué autores?
“Releo a Cela, por ejemplo, o leo thrillers de Daniel Silva; ensayos, biografías. Leí con avidez las memorias de Churchill”.

-¡Buen candil para este apagón!
“Visto lo visto, seguiría perdiendo elecciones. Es un espanto lo de Donald Trump en Estados Unidos. En España y en Europa hay una falta de altura de miras. Predomina el político cortoplacista, que solo piensa en las próximas elecciones, ignorando los intereses de su país y de su continente. Es un clamor la ausencia de líderes. Churchill era un hombre de Estado; ¿dónde están los estadistas?; en la guerra ofreció sangre, sudor y lágrimas, y luego hizo apuestas, tenía visión de futuro. Hoy se aplazan los problemas, no se afrontan, hay un adormecimiento y un gran fariseísmo. Miras los programas de los partidos y son banales”.

-¿Tiene buena o mala opinión de la política que se hace en Canarias?
“Participa de este auge del debate simple, sin vocación de profundidad. Pero también creo que esta comunidad ha avanzado. Lo contrario sería una visión negativa que no comparto: hay más acceso a la Educación y a la Sanidad. El Gobierno lleva un año y quiero darle un voto de confianza. Lo que nos falta a los canarios es más política global, proyectos a medio y largo plazo”.

-Permítame que le pregunte, sin embargo, por sus proyectos a corto plazo.
“Queremos hacer una gira nacional con Vereda Tropical, junto a Maite Hontelé, holandesa afincada en Colombia y una de las mejores trompetistas del mundo, con un repertorio años 50, en la onda de las big bands que usaban Sinatra y Nat King Cole. Pero lo más inmediato es estrenar con Luis Morera el 2 de septiembre, en la plaza del Cristo de La Laguna, el espectáculo Morera sinfónico por su 70 cumpleaños”.

-Aquí quisimos que Luis nos contara el secreto de su voz.
“¡Uy! Es que no es normal. No se puede tener 70 años y cantar como canta Luis”.

-Siempre tuvimos un gran vivero musical.
“Estoy de acuerdo. Este es uno de los lugares del mundo donde mejor se canta. Y hay autores como Andrés Molina, que ha hecho algunas de las canciones más hermosas que se han escrito aquí. Lo que pasa es que estamos lejos de todo. La geografía, el clima, el mar, el aislamiento, incluso, nos han hecho crear un especie de microcosmos”.

-¿Somos aplatanados?
“No, en absoluto. Tenemos un carácter tranquilo, pero también una gran capacidad de trabajo y de superación, y una gran imaginación. El clima nos aquieta la expresión, pero en Madrid hay una aceleración que no es operativa”.

-¿El pleito insular le ha dejado marcas?
“En la calle nunca existió. Lo agitaban intereses políticos y lo amplificaban los medios de comunicación. El pleito insular no va conmigo. Siempre que llego a Tenerife, siento que llego a casa. Y cuando sales fuera se reafirma ese sentimiento. Llegas a cualquier isla y dices, qué bueno, llegué a casa. El secreto del pleito es el divide y vencerás. Nunca falla”.

-¿Se siente nacionalista?
“El nacionalismo lo he vivido unas veces más que otras, pero yo siempre digo fuera que, dentro del Estado, diferentes, diferentes, somos nosotros, los canarios: en cultura, historia, gastronomía, clima y geografía. En el siglo XVI empieza nuestra historia moderna marcada por esa diferencia. No es baladí el sentimiento nacionalista, avalado por la lejanía. En el resto del Estado hay un gran desconocimiento de Canarias, de cómo somos, con todo el cariño que se nos pueda tener. De ahí nuestro esfuerzo por ensalzar nuestra identidad”.

-¿Cuál debe ser el límite de ese sentimiento?
“El secesionismo no me interesa, sino más Europa y menos fronteras y más canariedad, no reducida al folklore”.

-¿La Cultura canaria ha encontrado su cauce?
“La cultura que hace la calle es muy potente en Canarias. A nivel institucional, sería ideal tener capacidad de exportar. Tenemos tanta riqueza musical como Cabo Verde o Andalucía. Pero ellos la exportan y nosotros no”.

-No sé si sabe que Zara comercializó un globo terráqueo antiguo, donde las Islas Canarias son portuguesas.
“No, pero, fíjate, es algo anecdótico que tampoco me hace ningún daño. Tenemos lazos en común, vocablos de origen portugués: alongarse, mojo…, que escuchaba en casa de mi abuela. Nuestra cadencia musical es portuguesa. La saudade de la folía y el fado es la misma. Somos territorios mirando al Atlántico, todo el tiempo despidiéndonos”.

-¿Lisboa la hipnotizó?
“Yo tengo mucha sensación de pertenencia. Canto de una manera porque soy de un sitio. Pero reconozco que, fuera de las islas, Lisboa me mata. Es que aquella ciudad, aquella luz, aquel río que desemboca en aquel mar me pueden. Es la ciudad más bonita que he visto en mi vida”.

-Con calles que se “desdesiertan”, decía Pessoa. Portugal, culturalmente, no es ninguna broma.
“¡Qué va! Es un pueblo culto el portugués. La gente joven allí consume mucha cultura. Lisboa, Coímbra, son ciudades con mucha vida. He trabajado, he amado, he caminado mucho en Lisboa”.

-¿Y qué me dice de Nueva York? Me consta que leyó Ventanas de Manhattan, de Muñoz Molina.
“A Nueva York o la adoras o la odias. Yo la adoro. Me estimula. Te sientes una mota de polvo, y te sientes importante cuando abres una puertita, porque es una gran puerta. Muñoz Molina la describe muy bien en ese libro a raíz del 11 de septiembre. Él es poco alambicado y te hace caminar aquellas calles y respirarlas… Estuve poquito tiempo después del 11-S en Nueva York y recuerdo leer el libro, y recreaba aquella sensación, aquel olor”.

-¿Cómo se sintió entre los nominados a los Grammy Latinos en Las Vegas, a finales de 2014?
“Es muy bonito, te tratan como si te lo hubieran dado. Y te da mucha visibilidad. Fue por Mujeres con cajones, junto a Albita y Eva Ayllón. Son tres días donde convives con gente diversa del universo latino. Ahí nació la amistad con Maite Hontelé, también nominada. Yo no he visto espectáculo mayor que el de la entrega de los Grammy. En esos momentos me recordaba de niña en la cocina de mi madre soñando con cantar. ¿Quién me iba a decir a mí que la vida iba a ser tan buena conmigo?”.

-¿De qué manera convenció a sus padres para ser cantante?
“Me llevaron al psicólogo. Estaban convencidos de que a lo que me iba a dedicar era al cabaret, a las lentejuelas y esas cosas nocturnas. En realidad los padres, como decía de mi hijo, a lo que tenemos miedo es al fracaso en una profesión tan incierta. Ahora son mis primeros fans. Costó convencerles, hasta que se dieron cuenta de que era mi destino. Y las monjas del colegio”.

-¿Ellas sí le apoyaron?
“Me ayudaron mucho las monjas de mi colegio, San Juan Bosco, el Árbol Bonito. Sor Flora Araña Martín, en especial. Ella creyó en mí y me preparó para ser cantante. Me formó en solfeo. Fue como una segunda madre. Yo era una chiquilla de barrio. Mi universo social estaba lejos del mundo de la música. Éramos una familia de campo, amante de la música, sí, grandes tocadores y cantadores de folklore, pero ninguno profesional. Y que alguien te aliente el sueño y te forme es providencial”.

-¿Esa monja vio los frutos de la pupila?
“Sí, y la veo, no todo lo que quisiera. Por lo menos, una vez al año voy a verla y le doy mi último trabajo. Ha venido a algunos conciertos en directo. Es alguien a quien le tengo un agradecimiento infinito. Me abrió camino”.

-Valentina la de Sabinosa, la gran folklorista herreña, no era Cesária Évora ni hacía giras, pero abrió caminos.
“No fue Cesária Évora porque no estuvo en el momento oportuno en el sitio oportuno. Dijo una vez: ‘Yo quiero que se acuerden de mí después de que no esté. Por eso canto’. Era muy artista en esa necesidad, que es más noble que la vanidad, de trascender. A mí me hace ilusión que, dentro de 50 años, cuando ya no estaremos aquí, unos pibes en una playa de repente cojan una guitarra y canten En busca de Valentina. Taburiente y Mestisay hemos querido poner en valor a este icono de la música de Canarias y descubrirla a las nuevas generaciones. Hasta que Valentina se popularizó, lo que conocíamos los cantantes populares era la música de cuerda, y ella vino con el tambor, con los ajijides, con el tango y nos descubrió otro universo sonoro”.

-Cuando su admirada Omara Portuondo entró en un hotel de La Habana se paralizó. Vimos llegar a una artista.
“Omara eso lo sabe hacer como nadie. Estuvo en Canarias cuando yo estrenaba mi disco Pequeño fado y lo escuchó por televisión. Entonces, me llamó para ver si podía cantar con ella esa misma tarde, pero yo estaba en Madrid, no llegaba a tiempo. Fue un hermoso detalle y espero que la vida nos dé otra oportunidad”.

-¿La mejor Olga Cerpa es la que canta penas o alegrías?
“Yo canto mis penas y mis alegrías. Hay días que necesito cantar la pena y días que necesito cantar el júbilo. La voz tiene que ser dulce para el arrullo. Y a veces vibrante. Con las canciones alegres me gusta pensar que estoy en lo alto de un risco cantando. Y tiene que ser desgarrada para la pena”.

-El 30 de mayo la vimos disfrutando en el espectáculo coral País adentro. ¿Tan feliz estaba?
“Es que lo pasé muy bien. Me sentí muy orgullosa de mi tribu de músicos populares. Allí había mucha identidad, mucha Canarias. Queremos hacer un disco. Todos los cantantes estaban maravillosos. Eso hace país, hace patria. Lo que pasa es que me fui al día siguiente a Madrid con un subidón de canariedad y me dije, ¿a quién le cuento yo ahora lo importante que me siento de ser canaria?”.

-Como Dominguín después de estar con Ava Gardner…
“Eso, es que te aseguro que terminé pletórica”.

-¿Dar el salto a Madrid convino a Mestisay?
“Nos costó, porque la industria del disco se iba al garete. Pero algún tema, como Niña Candela, fue número uno un montón de semanas y nos abrió muchas puertas fuera”.

-Agüita, Niña Candela, Sulema, fados, boleros. ¿No se deja secuestrar por ningún género?
“No podría. A la trayectoria, tanto la de Mestisay como la mía, creo que la define la heterodoxia. Que quizá comercialmente no sea lo más acertado. Hombre, no me voy a meter en la lírica, porque Dios no me dio condiciones, pero aquello que esté cerca de mi orilla, lo probaré si se pone en el camino y lo intentaré hacer con toda la dignidad del mundo”.

-¿La música puede cambiar a este país?
“La música no va a cambiar nada, pero ayuda a vivir y calma el espíritu”.

[su_note note_color=”#d0d3d5″ radius=”2″]EN BUSCA DE OLGA
Si un día se pierde, descontadas las islas, a Olga Cerpa hay que buscarla en Lisboa, la ciudad que la sedujo. Artísticamente, habría que buscarla en la niña de Moya que quería ser cantante. Aunque nacida en el barrio de San Juan de Las Palmas de Gran Canaria, su rosebud está en la cuna natal de suspiros y bizcochos del poeta modernista Tomás Morales. En Moya pasó una infancia “placentera de campo, lejos de todo”. Como tenía poco apetito, la mandaban a reponerse con la abuela, de la que recuerda las manos, los gestos, la ternura, pero no la voz. Desde los tres años cantaba en Moya, espoleada por las canciones de la radio. El padre, de quien heredó el don, llegaba a la casa y cogía la guitarra guardada en la talega colgada en la pared. Así se forjó Olga Cerpa. “Bullanguera, sargentona y desmedida”, que saltó a la fama en Tenderete (TVE) liderando una parranda de mujeres, Tabona, donde la descubrió su mejor conmilitón en el frente musical, Manuel González Ortega (Mestisay), compositor de canciones como Niña Candela o Sulema y coautor de Agüita con Julio Pereira. Temas con los que viaja como con tres pasaportes a la vez.[/su_note]