
De familia tabaquera, el escritor y doctor en Filología, Anelio Rodríguez Concepción, ha profundizado en su nueva obra, La tradición insular del tabaco, en las distintas ramas que subyacen a esta cultura tan arraigada en La Palma. La obra refleja la visión del investigador y también la mirada entrañable de quien se siente vinculado a este patrimonio que atesora la isla.
– ¿Cómo se introduce la cultura del tabaco en La Palma?
“Mucha gente pensaba que el tabaco era una planta canaria que fue llevada a América. Lo que sí es posible es que Canarias sea una de las primeras zonas del planeta, fuera de América, donde empezó a cultivarse de manera sistemática para hacer negocio. En La Palma, por sus condiciones especiales y el contacto permanente con Cuba, la cultura del tabaco quedó arraigada. Hubo casos, como por ejemplo el del agricultor Miguel Camacho Mata, que viajaba varias veces al año a Cuba para trabajar en plantaciones. Gente que no era propietaria de los terrenos e iba a la cosecha a un lado y a otro porque los ciclos estacionales son diferentes. Hablo de finales del XIX y principios del XX”.
– ¿Qué significó para la economía insular?
“Mucho, pero nunca tanto como para convertirse en la alternativa económica que buscaban. Pesó mucho el efecto negativo de Tabacalera, la arrendataria nacional que imponía los precios, que fue muy desconsiderada con los agricultores y fabricantes de Canarias. Le prestaba más atención a los productores de tabaco de Cuba. Incluso después de perder la colonia estaba más pendiente de llevarse bien con los cubanos que con los canarios”.
– ¿Aún sí generó mucho empleo en La Palma?
“Sí, daba mucho trabajo. Un ejemplo es la fábrica de mi abuelo, Gloria Palmera, que dio trabajo a mucha gente del barrio de San Telmo y Timibúcar. O la Rica Hoja, de don Ernesto González”.
– ¿Cómo gana fama el puro palmero?
“La fama se debe a la tradición de estos agricultores palmeros que trabajaban en ambos lados del Atlántico. Paralelamente, artesanos palmeros que estuvieron en Cuba trabajando y montaban su chinchal. Hubo también empresarios, gente que no son hijos de la clase media, sino que llegan a ella desde abajo y experimentan el éxito económico trabajando el tabaco. Con todo esto se crea una tradición tabaquera de la que la gente se siente orgullosa”.
– ¿Hay una especie de orgullo de ser tabaquero?
“El tabaquero es consciente de que forma parte de una tradición muy hermosa. La primera huelga de Canarias la organizaron tabaqueros. En La Palma se creó una conciencia obrera muy fuerte. Un ejemplo fue la Confederación El Trabajo de Santa Cruz de La Palma. Obreros que se defendía a sí mismo, creando una caja de ahorros propia, que pusieron en marcha una biblioteca”.
– ¿Por qué arraigó tanto esa conciencia de clase?
“Porque las ideas de la Ilustración calaron muy hondo aquí por efecto de los comerciantes extranjeros. El primer ayuntamiento democráticao es real, no es un mito. Las logias fueron un vivero de las Sociedades Económicas Amigos del País, formadas casi todas por masones. Todo eso influyó . Para los tabaqueros era muy importante la cultura y por eso fue tan importante la labor de los lectores”.
– ¿Hasta cuándo existieron?
“Hasta que la radio se populariza. Leían novelas de Víctor Hugo o de Máximo Gorki. José Miguel Pérez, Floreal Rodríguez o Manolo Chimín fueron lectores y todos implicados políticamente. Con la llegada del franquismo leían la prensa, el Diario de Avisos”.
– ¿Cuándo entra en crisis la producción de tabaco en la Isla?
“En 1966 llega la plaga del moho azul y acaba con todo el tabaco que se cultivaba aquí, y tuvieron que empezar a importar. Una vez que se importa, se acostumbran a hacer ligas, las mezclas. Costó mucho retomar la tradición agrícola y aún así se hizo. Podemos hablar de un resuguir del cultivo del tabaco, aunque ya no ha vuelto a ser como antes. Ahora hay intentos muy nobles de pequeños agricultores. En la Breña todavía hay agricultores que apuestan por esto, pero la producción agrícola no alcanza la demanda del tabaquero y es necesaria la importanción para hacer la liga, que le da al puro palmero mucha personalidad. Cada tabaquero tiene la suya. Eso le da una variedad muy interesante al tabaco de La Palma. La base de la producción artesanal del puro es el tabaco sembrado en la Isla”.
– ¿Cómo ve el futuro del tabaco en La Palma?
“Hay personas que están apostando, tanto por el cultivo como por la elaboración artesanal. No quiero ser pesimista con el futuro del tabaco. Sé que hay gente joven que mantiene la cultura del tabaco viva en La Palma”.





