Manuel Hermoso: “Para ser alcalde, descarté un pacto de centroderecha porque era una pena perder la fuerza y el buen hacer de PSOE, PCE y UPC”

La irrupción de Hermoso en la política tinerfeña y regional comenzó, según relata, “por casualidad, para echar una mano”, cuando un grupo de opinión de profesionales se ofrece para ayudar a las primeras instituciones democráticas
Manuel Hermoso. | ANDRÉS GUTIÉRREZ

La irrupción de Manuel Hermoso en la política tinerfeña y regional comenzó, según relata, “por casualidad, para echar una mano”, cuando un grupo de opinión de profesionales (él es ingeniero industrial) se ofrece para ayudar a las primeras instituciones democráticas. Fue el entonces presidente del Cabildo tinerfeño, José Miguel Galván Bello, quien les pide que entren en política. Y lo hacen de la mano de UCD, para luego crear ATI. En esta tercera entrega de la entrevista a Hermoso expone todo este periodo de la historia de la política tinerfeña, desde años antes de morir el dictador Franco hasta el nacimiento de ATI, y sus recuerdos como alcalde de la capital tinerfeña en aquellos albores de la democracia.

-Su familia es malagueña. ¿Cómo llegó a recalar en Tenerife?

“Mi padre muere y yo siento la obligación de venir a hacer un proyecto por el que tenía una ilusión enorme. Mi padre era un emigrante malagueño que vino a Canarias de paso hacia América, pero al venir aquí, unas cosillas que había comprado en Cádiz las empezó a vender en Tenerife y se da cuenta de que para qué emigrar a América cuando a lo mejor se puede quedar aquí y hacer su vida en esta isla. Montó un comercio de muebles; empezó en el Puerto de la Cruz, luego en la Laguna, y en 1935 se vino para Santa Cruz y nazco yo. Mi padre es un comerciante de la Rambla de Pulido que tiene un sentimiento de afecto hacia esta tierra muy especiales, está profundamente agradecido por lo generosa que Tenerife había sido con él”.

-Usted nació aquí y estudió y trabajó fuera de su isla natal. Pero regresó a Tenerife…

“Mi padre no pudo estudiar y su gran ilusión era que su hijo pudiera hacer una carrera. Eran los años 50. Tuve la suerte de que mi padre me mandó a Barcelona a estudiar. Después me fui a trabajar a Bilbao, a París…, y la gran ilusión de mi padre que era verme ingeniero no la tuvo, porque yo estaba siempre fuera, pues me había ido en 1952 y volví a Canarias en 1967, cuando él muere. Precisamente, en la clínica me dice que le han dado una licencia para construir en la Rambla de Pulido el Palacio del Mueble. Pero muere de un cáncer. Yo entones estaba trabajando en organización de empresas en Galicia, ingeniero jefe en la zona gallega, y de pronto siento la gran responsabilidad de dedicar a mi padre un homenaje, que él lo había hecho todo por mi y yo no le había devuelto nada. Decido traer a mi familia, tenía mujer y tres hijos, en Vigo, y dejar mi actividad allí y venirme a Tenerife”.

-Como ingeniero industrial no debió ser fácil ganarse aquí la vida en el Tenerife de entonces.

“No, aquí industrias no había, y por eso monto mi pequeña empresa de prefabricados. Aquí industrias estaban había tres, la refinería, Cepsa y Unelco. A Eduardo de la Cruz lo nombran delegado del INI para Canarias y me propone ser subdelegado en Tenerife para el INI, y mí me parece interesante. Esto es en enero de 1976. Franco había muerto en noviembre anterior”.

– ¿Y cómo surge su actividad política?

“En 1972 y 1973, antes de morir el dictador, manteníamos reuniones con personas que tenían inquietudes políticas y conocían la democracia y deseaban que llegara. Empezamos un grupo de amigos a reunirnos en el restaurante Las Cuevas, en Tacoronte. Estaban como personas significadas, como Gabino Jiménez, Javier Barderra, Adán Martín, Pedro Aguiló, Rodolfo Rull… Todos intentábamos hacer algo para ayudar a nuestra tierra, y para fortalecer la democracia. En esa época se empezaban a elegir los diputados de la Transición, y nosotros pensábamos que había que apoyar a los del PSOE, a los de UCD, para que se consolidara: Alfonso Soriano, Juan Julio Fernández, Lorenzo Olarte, José Miguel Galván… En un momento dado, cuando la primera camada de políticos ya ejerce y estudia la Constitución, se somete esta a referéndum y es cuando en ese grupo se empieza a mascar la necesidad de echar una mano a los políticos, y creemos que es nuestra obligación como grupo, donde estaba también José Miguel González Hernández. Creamos una plataforma de ayuda técnica a los políticos. Firmamos un documentos entre los 17 que lo componíamos, en el que decíamos que nuestra postura ideológica es socialdemócrata en lo social y liberales en lo político. Nuestra motivación era, por encima de todo, defender los intereses de nuestra tierra, de Canarias”.

-¿Por qué eligieron UCD para empezar en política y no otros partidos?

“En ese momento, el PSOE, con el que nos sentíamos bastante identificados, era marxista, y
nosotros no. Cuando nos ofrecemos a los partidos, vamos a la UCD de José Miguel Galván, presidente del Cabildo, un grupo en el que estábamos Pedro Aguiló, Gabino Jiménez, Adán Martín… y le decimos que somo un equipo de trabajo, para echarles una mano, y él nos mira y nos dice: “¿Cómo dicen ustedes: cómo equipo de colaboración? Yo necesito que ustedes se incorporen a la política, porque es necesario cubrir muchos puestos”. Y me señala a mí, y me dice: “Tú, Manolo, podrías ser alcalde de Santa Cruz y yo del Cabildo”. Y nos quedamos impresionados, nos produce un shock, teníamos que reflexionarlo porque era un cambio muy importante en nuestras vidas. Y llegamos a la conclusión de que no quedaba más remedio que echar una mano, y que las alternativas que existían era muy pocas”.

-Y le sale bien ese debut en política…

“Me llevé a Adán Martín y a Pedro Aguiló al Ayuntamiento, después gente de UCD como Miguel Zerolo, Lolina Pérez Luz… Y yo quería llevar también en la lista a gente de los barrios. El caso es que sacamos 10 concejales de 27 en 1979. Fueron las elecciones que dieron la campanada en España, con el pacto de izquierdas: PSOE, PCE, UPC,y se une para arrebatar el poder a la UCD. Y ese pacto de izquierdas era el que en Santa Cruz hice; yo podría haber hecho otro pacto con la Agrupación Libre, que dirigía el alcalde antiguo de Santa Cruz, Acuña Dorta, con José Emilio García Gómez, que tenían cuatro concejales. Con ellos teníamos mayoría, pero empecé a contactar con todos los concejales de otros partidos: Nicolás Pérez, Luis Carrasco, Gilberto Alemán, José Emilio, y vi tanto interés e ilusión, tantas ganas de hacer cosas por la ciudad, que a mí me parecía que era una pena formar una fuerza política de centroderecha como réplica al centroizquierda y perder todo ese buen hacer de tanta gente. Y le hago una propuesta a todos: gobernar entre todos, un gobierno de concentración…”.

-Algo que no existía, un gobierno de concentración, se lo inventó usted y Miguel Zerolo lo aplicaría años después…

“Exactamente. Fue el primero que se hizo. Tuvimos la suerte de hacer un gobierno variado pero muy interesante, donde estábamos gente muy cualificada de UCD, de AL, del PSOE (Luis Carrasco y Miguel Ángel Barbuzano), de UPC (Gilberto Alemán), PCE (Nicolás Pérez, Ignacio Cestau)… Y había un concejal que llamábamos el número 28, Javier Domínguez Anadón, porque aunque no salió elegido, estaba en todos los plenos asesorando al PCE, pero al final nos asesoraba a todos… Era un equipo magnífico”.

-En esa época, recién acabado el franquismo, usted supo ver todas esas energías de la izquierda en vez de dar un giro conservador… ¿Por qué?

“Cuento una anécdota. En las elecciones de 1983, San Andrés era un barrio que votaba siempre comunista y yo me preguntaba por qué allí no nos votaban si lo hacía toda periferia.. Me dediqué a ir allí a ver qué pasaba. Cuando eran las fiestas y había que llevar el santo, veía portándolo a todos los comunistas. En aquella época uno se encontraba a muchos democratacristianos. En la Iglesia se movía mucho la izquierda, pero una izquierda absolutamente dominada y civilizada. Entonces yo en Santa Andrés pude ver que todos aquellos comunistas eran gente de bien, solo que sus ideas eran socializar lo más posible la riqueza y coincidían mucho con las mías, pero desde una postura comunista ellos y yo más liberal. Y llegué a obtener la mayoría de votos en San Andrés, porque me identifiqué con los problemas del barrio; como hice con todos los barrios”.

-Fue famoso su plan de barrios…

“Sí. Eso fue lo que me dio la gloria. Un amigo íntimo mío, Gabino Jiménez, me preguntaba: “Manolo, ¿pero de dónde sacas tú los votos, si no haces nada en el centro?”. Y yo le decía que Santa Cruz no es solo el centro que él conocía, sino los barrios, que yo me dedicaba los sábados y los domingos a recorrer. Entraba y hablaba con la gente, y conocía las necesidades de los barrios periféricos. Y eso me permitió continuar ese plan de barrios que habían iniciado alcaldes anteriores. Lo recordaba el otro día con el que fue gestor fundamental de ese trabajo, Pedro Rodríguez Zaragoza. El era maestro, director del colegio público de Cuesta Piedra, que era el sitio de la droga, de los robos, donde nadie entraba, o Santa Clara. Pues yo iba allí a hablar con él y le preguntaba qué necesitaba el barrio para que la gente esté a gusto y viva mejor. Y Pedro, que conocía perfectamente el barrio, me exponía e intentamos por todos los medios hacer las cosas para Cuesta Piedra o Santa Clara que entendíamos necesarias. Los barrios los conocía por mi profesión anterior. Yo tenía una fábrica de prefabricados de la construcción y vendíamos techos para hacer los fines de semana en todos esos barrios, y yo tenía por costumbre ir el fin de semana, cuando se ponía el techo, para ver que estaban colocadas correctamente las viguetas y los negativos. Y cuando terminaba de verlo, me iba con ellos a tomar la mañana, un ron con café. Los barrios más marginados eran Cuesta Piedra, Santa Clara y Pío XII. Y cuando en Cuesta Piedra le fui a preguntar a los vecinos qué necesitaban, me dijeron que una iglesia. Y yo eso no lo entendía. Me quedé asombrado de que no pidieran campos de fútbol, o sitios de expansión para los mayores… Y tuvimos que hacer desde el Ayuntamiento una acción especial de iglesias, le ayudamos mucho al Obispado, en varios barrios. Era una paradoja que ante tantas necesidades la gente pidiera iglesias”.

– ¿Por qué abandonaron la UCD?

“Acudí al congreso de la UCD en Madrid y en el mismo avión de regreso escribo mi carta de dimisión como alcalde y de UCD. Adolfo Suárez ya se había marchado. Y se presenta Óscar Alzaga. Yo había ido al congreso con el compromiso de que UCD fuera un partido federal y que la federación canaria tuviera libertad de actuación. Me encuentro una UCD descompuesta y derechizada. Y me marcho del partido. En Madrid me encontré con mi íntimo amigo Martín Villa, que estaba preocupado por que ve que la UCD llevaba mal camino. Antes de presentar mi dimisión le enseñé la carta a los demás compañeros y estaban de acuerdo”.

-¿Y cómo y por qué se creó la Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI)?

“En las elecciones de 1983, cuando dejamos la UCD y nos encontrábamos desamparados, vienen las asociaciones de vecinos a pedirnos que sigamos en el Ayuntamiento. Los recibimos Adán Martín y yo, y creo que Luis Suárez y Miguel Zerolo. Pero nos preguntábamos dónde seguir en política: porque nosotros no éramos socialistas, aunque el PSOE ya no fuera marxista. Nosotros no éramos políticos, sino gestores, decíamos Adán Martín y yo. Por eso, en 1986 solo nos presentamos al Ayuntamiento de Santa Cruz y unos cuantos que conseguimos al Cabildo de Tenerife, con una lista liderada por Isidoro Sánchez, y en el último lugar, Paulino Rivero, entonces alcalde de El Sauzal. Era un muy buen alcalde. Pero hay que decir, y esto no se conoce, ustedes en DIARIO DE AVISOS son los primeros que la van a saber: José Miguel Galván, Leoncio Oramas, José Miguel González, Adán Martín y yo nos reunimos en mi casa y estábamos comentando la situación y en ese momento le decimos a José Miguel González Hernández, que era el director general del Irida, y que tenía relaciones con los alcaldes independientes que había estado de 1979 a 1983 -Alfonso, de La Victoria; Froilán, de Granadilla; Paco Sánchez, de La Orotava, y Elías Bacallado, de El Rosario; unos magníficos gestores-, que formaron una plataforma de lanzamiento político en la que nos podíamos incorporar nosotros. ¿Cómo? A través de que se integre en esa plataforma la FALA (Federación de Asociaciones del Litoral de Anaga), y que dentro ya de ATI, nos pidieran que nos incorporáramos”.

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