cultura

“El rigor y la indeterminación poética van de la mano al zambullirnos en la memoria”

Pre-Textos publica la última obra del escritor palmero Anelio Rodríguez Concepción, 'Historia ilustrada del mundo'

El nuevo libro del escritor palmero Anelio Rodríguez Concepción, publicado por la editorial Pre-Textos, es una especie de catálogo de seres imprescindibles que conforman un universo o, como el propio título de la obra indica, la Historia ilustrada del mundo. Son secuencias de vidas, en forma de álbum, que juntas constituyen un relato tan cercano a la biografía y geografía del autor como universal para el lector. Una obra difícil de encuadrar en un género literario, pero de la que no cabe duda de que es, antes que nada y que todo, un ejercicio literario.

¿Qué es Historia ilustrada del mundo?

Este libro contiene y remueve una enorme carga de afectos que se perciben, creo, al instante. Trata de un entorno cercano, de gente real, reconocible, gente querida por lazos familiares, hombres y mujeres que han muerto y por alguna razón aún se mantienen en pie recorriendo el mundo de los recuerdos. Debo aclarar que en la medida de lo posible, para que no se desate la emotividad más primaria, la obra atempera el tono elegíaco”.

¿Cómo ha sido el proceso de creación?

Aunque primaba el deseo de homenajear a esas personas queridas, la composición de sus semblanzas fue, antes que nada, un reto literario. El resultado es una suma de valor afectivo y valor literario. Los textos, creados a conciencia, han de tener calidad por sí mismos para que lo otro, lo emocional, se active. Esto explica en parte por qué el libro se deja leer casi de un tirón (al menos eso es lo que me han comentado sus primeros lectores). Para que se dé esa fluidez en el proceso de lectura, tiene que haber mucho, mucho trabajo en el proceso de escritura. Quiero decir un trabajo complicado, cuidadoso, como el de un relojero rodeado de piezas minúsculas que sólo tienen sentido cuando encajan unas con otras. He dedicado varios años a montar todo eso pasito a pasito para que ahora funcione con fluidez e intensidad”.

¿Cómo articula los hechos biográficos con la construcción literaria de los personajes?

Más allá de los valores sentimentales de aquello que evoca, desde el principio me tomé la escritura como un ejercicio técnico sometido a ciertas consignas en las que jamás debería reparar el lector. Intentaba contar hechos veraces con argucias de narrador, a base de trazos impresionistas, entre el rigor y la indeterminación poética, dos elementos que siempre van de la mano cuando nos zambullimos en la memoria. Al escarbar en los recuerdos, no podemos evitar que se produzca un efecto de recreación. Cada vez que contamos oralmente una anécdota real, nos entretenemos con los detalles descriptivos, creamos expectación con los silencios, soltamos alguna pincelada de más para darle vivacidad a la acción, etc. Pues bien, con la escritura puede suceder algo parecido, claro que sí, con tanta o más razón si queremos que el lector caiga en nuestras redes”.

¿Con esta obra, de alguna manera, inmortaliza vidas anónimas?

Había que demostrar que esas personas queridas son magníficos personajes literarios, con sus certezas y sus contradicciones, con sus virtudes y sus debilidades. Ahondando en los rasgos pintorescos de sus modestas biografías, intenté hacer trascender la realidad al plano de lo novelesco, e incluso a veces de lo legendario, y creo que si el invento funciona es por el recurso de la ironía. En las sucesivas historias hay comprensión, guiños amables y complicidades, pero todo ello se potencia con un punto de distanciamiento mediante el recurso de la ironía, algo que define al canario en general y al palmero en particular. El tono socarrón evita que los textos se desinflen con una visión plana o maniquea de la realidad.

Por otro lado, siento la satisfacción de comprobar cómo esas personas vuelven a la vida al convertirse en personajes literarios. Ojo, vuelven de verdad, ¿eh? Cada vez que los recuerdas se saltan en un pispás las fronteras de la muerte. Y lo hacen como si nada, gozosamente. Es algo mágico y al mismo tiempo es algo impepinable”.

¿Cómo eligió las personalidades que forman esta Historia?

La selección de los personajes no responde a un plan general previamente concebido en su totalidad. Bueno, hay algunos que sí, que estaban previstos desde el principio, pero otros simplemente fueron incorporándose de manera natural a medida que el libro iba creciendo. Por desgracia, otros se quedaron a las puertas, no por falta de poder de atracción. Desde luego todos y cada uno de los miembros de mi familia merecerían aparecer en esta galería, pero las dimensiones del libro no pueden estirarse alegremente. Conviene crear un juego de pesos y contrapesos para que el conjunto no se resquebraje. Es cuestión de lógica compositiva”.

¿No teme que la obra sea muy local?

Fijémonos en el título: Historia ilustrada del mundo. El libro se nutre de experiencias centradas en un contexto muy concreto, muy limitado y muy próximo, y sin embargo, y quizá por eso, tiene un nosequé de universalidad. Por ejemplo, el editor, Manuel Borrás, que es valenciano, desconoce el intríngulis de nuestra idiosincrasia isleña, carece de referencias sobre la intrahistoria de La Palma, y, aun así, todo lo que aquí se cuenta y se describe le caló hondo desde la primera lectura del libro. No encuentro mejor demostración de que se puede conmover al lector con pequeñas historias, llevándolo de lo particular a lo universal. Como decía Borges, en las cosas pequeñas está la cifra de las mayores”.

¿Qué papel juegan las imágenes en el libro?

El acompañamiento de las fotografías subraya la intención de transmitir veracidad a todo cuanto se narra. Las imágenes son inequívocas, impactan por la información visual y confirman parte de lo que las palabras transmiten. Así se crea la impresión de que estamos hojeando un álbum familiar. Parece que ante cualquier álbum familiar, aunque no tenga nada que ver con nosotros, redescubrimos las claves vitales de todas las personas que hemos conocido, sean o no de nuestra propia sangre. Supongo que en esta sensación influyen las miradas directas de los retratados. Miramos a los retratados y estos nos miran a nosotros. Nosotros también nos sentimos observados desde otra dimensión, y eso nos desarma, por no decir que nos desnuda, ante la realidad”.

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