Entrevista

“16 millones de turistas al año en Canarias es una barbaridad; decir cuanto más mejor es tercermundista”

Entrevista con Antonio Machado Carrillo, doctor en biología y director de la fundación OAG

Antonio Machado Carrillo, doctor en biología y director de la fundación OAG. / Fran Pallero
Antonio Machado Carrillo, doctor en biología y director de la fundación OAG. / Fran Pallero

Acaba de cumplir 65 años y desde hace 10 dirige la Fundación Observatorio Ambiental Granadilla, cargo que dejará el próximo mes de julio. No hay más que echar un vistazo a su currículum para comprobar que este doctor en Biología es una de las grandes balizas internacionales en esta materia. Miembro de la Academia Mundial de las Artes y las Ciencias, exasesor de la Presidencia del Gobierno de España, con Felipe González, del Consejo de Europa y del Ejecutivo de Canarias, Antonio Machado Carrillo ultima en estos días la publicación de su nuevo libro, 14 días; reflexiones sobre la vida, la mente y más cosas, escrito en el Sudeste Asiático, que verá la luz a final de mes, y anuncia que dedicará los próximos años de su vida a una de sus grandes pasiones: los “bichitos”.

-En junio acaba su labor al frente de la Fundación Observatorio Ambiental Granadilla, después de 10 años dirigiendo un organismo que nació por imposición de la Comisión Europea para vigilar las obras del nuevo puerto y como medida de compensación por los daños ambientales. ¿Qué experiencia extrae de este decenio que empezó con una fuerte oposición al proyecto?
“El ruido mediático no me cogió por sorpresa, pero lo más duro ha sido Hacienda, el Estado, con sus medidas de restricción. No poder contratar, la reducción de salarios, pedir permiso para mover cualquier papel… ha sido como una losa. Es como intentar leer un periódico un día de viento. Además, teniendo el dinero, pero sin poderlo usar. Se podían haber hecho muchas más cosas, como la vigilancia de la gestión de las áreas protegidas marinas de Canarias. Hace dos años enviamos un convenio de colaboración al Ministerio de Medio Ambiente y seguimos esperando”.

-Además de las trabas burocráticas estatales, ¿se ha sentido arropado por las instituciones canarias en la labor que ha desarrollado?
“Ese es mi otro pesar. Hemos creado un buen equipo de trabajo para, desde un organismo independiente, ampliar la vigilancia ambiental a otros lugares, pero no hemos encontrado el respaldo esperado de las dos universidades canarias ni de la Viceconsejería de Medio Ambiente, que entendía que le invadíamos las competencias, cuando solo pretendíamos colaborar en más materias. Y las universidades nos dijeron que ellos ya hacían todo, cosa que no es verdad. Me asombró”.

-Por tanto, el radio de acción del Observatorio se ha limitado a Granadilla, aunque sus expectativas eran mucho más ambiciosas…
“Sí. Creo que hemos hecho un trabajo honesto y profesional. No conozco un puerto en España que se haya estudiado con la precisión y rigor de este. No ha ocurrido la catástrofe que algunos preveían”.

-¿La llegada de las primeras plataformas petrolíferas ha alterado el ecosistema de la zona?
“Con las plataformas que vinieron de Las Palmas ha entrado un coral y unos bichitos exóticos que no son de aquí, y uno de ellos se está pasando a la zona rocosa, pero no entrará en el sebadal, que tiene otros problemas derivados del cambio climático, con determinadas cianobacterias que han acabado con algunos sebadales en La Graciosa”.

-¿En qué estado se encuentra el proyecto Redmic, el catastro marino, pionero en el mundo, que funciona como una biblioteca virtual y que usted lidera?
“Ya está lanzado, pero sigo sin ver interés por ningún lado. Estoy preocupado porque se trata de un proyecto del Observatorio y eso significa que, pese a contar con fondos, tienes que volver a contratar a personal, Hacienda te pone trabas… Bruselas está montando algo parecido en una versión más simplona. Fui a ofrecerles Redmic, pero me dijeron que sería un cambio muy gordo después de haber optado por un formato más clásico. Y en la Dirección General de Costas les expliqué cómo funcionaba este sistema integrado de información. Hasta hoy”.

-¿Y el Gobierno de Canarias?
“Se supone que es cofundador, pero ni cruje ni muje”.

-¿Y qué salida queda?
“Ahora hay otra opción, que es un consorcio integrado por varios países que acaba de crear la Comisión Europea con sede en Sevilla. Una de las cosas que quiere montar es un Redmic. En marzo vendrán a examinar el proyecto, que es perfectamente extrapolable a otras regiones del mundo, y que les puede suponer un ahorro en tiempo de cuatro o cinco años. Esa es mi esperanza actual. Mi último cartucho es ponerlo abierto en la web el día que me vaya. Los norteamericanos y mexicanos nos están siguiendo”.

-Canarias acaba de batir su récord turístico, con 16 millones de visitantes en 2017. ¿Qué le dice esa cifra y qué lectura hace de la carga que supone para el territorio?
“Soy muy crítico, creo que es una barbaridad. Desde que se superaron los 12 millones hace años, ya lo califiqué de sobredosis. Las cosas son buenas o malas en función de la dosis. La sobredosis del turismo provoca muchos desajustes a todos los niveles: energía, transportes, especies que se extinguen… Estamos caldeando un territorio pequeño con un montón de gente con la hoguera del turismo y la industria inmobiliaria prendida, en vez de aflojarla. Decir cuanto más mejor es propio del tercermundismo”.

-Esa sobredosis, como usted la califica, afecta además a una zona tan sensible como la costa…

“Sí, pero la presión comienza a avanzar hacia el interior. Que el Parque del Teide, que está protegido, se ponga al servicio de la industria turística es una desviación perniciosa. Cada vez que llega una crisis económica, el medio ambiente pasa a ser la cenicienta y automáticamente las hormigoneras empiezan a calentar cemento. No concibo que cualquier persona que llegue a una isla que vive del turismo lo primero que vea sean carteles con anuncios que tapan el paisaje. Eso es poner el paisaje al servicio del dinero, como en el tercer mundo”.

-¿Qué medidas se deberían activar, a su juicio, para lograr ese equilibrio entre economía y carga territorial?
“Hay que eliminar incentivos. Ya lo escribí en un libro en 1990, cuyo contenido sigue vigente hoy, es decir, enfriar, reutilizar, no sacrificar nuevo territorio, aumentar la calidad ambiental de los espacios turísticos, si antes eran 23 metros por cama subirlo hasta 40, cambiar los conceptos de las jardinerías, de la estética del paisaje… Se deben revisar los planeamientos en función de un uso turístico inteligente”.

-Pero los políticos y empresarios del sector no dejan de tener en la boca la palabra sostenibilidad…
“Sostenible quiere decir autosostenido, es decir, con tus propios recursos. La carga sostenible real de Canarias no llega a las 320.000 personas, con nuestra agua y nuestro suelo, sin importar energía ni nada de fuera. Eso significa la palabra sostenible, todo lo demás es pura hipocresía. No somos sostenibles ecológicamente, que es algo que se perdió hace muchísimos años, ni económicamente, ya que dependemos de subvenciones. Y socialmente no sé yo si los canarios empiezan a estar un poco hartos de tanto turismo”.

-A su juicio, por tanto, falta una apuesta más decidida desde las instituciones canarias por el ambientalismo y el patrimonio natural.

“Sí, claro. Yo no veo política ambiental, ni aquí ni en el Estado. Solo existe la de Bruselas. Las mejoras que hemos tenido en España en esta materia han venido de arriba. No percibo una política reactiva, un plan definido para desarrollar proyectos a tres, cuatro o cinco años. Estamos a años luz en España a nivel institucional, organizativo, de universidades…”

-Pero, en cambio, hace años sí arraigó una cultura social sobre el valor del paisaje de las Islas, a lo que contribuyeron figuras como César Manrique, que colocaron a Canarias como punta de lanza nacional.
“Sí. Canarias vivió un deterioro ambiental muy rápido con el boom turístico y eso generó una inquietud ciudadana, lo que provocó una reacción social, hasta el punto de que el Archipiélago fue la primera región que desarrolló espacios naturales en la mitad de su territorio. Ese movimiento nació aquí antes que en la Península. La misma Ley de Impacto Ecológico salió antes de existir la directiva. Fue una época en la que se avanzó bastante, hasta que volvimos a la política de complacencia y se bajó la guardia”.

-¿Cuál es el estado de salud actual del movimiento ecologista?
“Desde un punto de vista filosófico y político, los movimientos verdes son fundamentales, porque plantean un modelo distinto a una forma torpe de desarrollar el capitalismo. En Europa hay un ecologismo riguroso que se informa, participa y tiene crédito. En España nos hemos quedado dormidos. Seguimos anclados en el sistema contestatario de parar y exagerar. Y después está la legislación, que es penosa”.

-¿Por qué?
“Se lo contesto con un ejemplo. El Catálogo de Especies Protegidas es un arsenal que puede frenar cualquier obra en Canarias. El Gobierno no lo revisa y cualquiera que tenga una mente maquiavélica puede tirar de él y paralizar una construcción”.

-¿Cómo está afectando el cambio climático en Canarias y en su entorno?
“Este archipiélago se va a tropicalizar. El mar ya está en ese proceso con un aumento de la temperatura. Tenemos las condiciones para ello, que son agua, humedad y calor. Habrá nuevas plagas, pero es que en la naturaleza las cosas cambian. Y las causas de este fenómeno van mucho más allá de la acción del ser humano”.

-¿Hay motivos para preocuparse por las prospecciones de Marruecos al este de Canarias?
“Los mismos que cuando se hicieron hace unos años. El planteamiento ético ambiental dice que si tú tienes petróleo tienes el deber moral de sacarlo y asumir tus propios riesgos ambientales. O sea, que si hay petróleo, se debe sacar. Pedir que lo hagan lejos, en otros países, es hipocresía”.

-Usted dio una clase exprés a Fidel Castro en el Teide en 1996. Fue la persona designada por el Gobierno canario para resolver todas las dudas, que fueron muchas, del mandatario cubano. ¿Cómo recuerda aquella experiencia?
“No solo preguntaba, sino que se acordaba, tiempo después, de todo lo que le conté. Hicimos migas a partir de que le expliqué que lo que veían sus ojos era como un paisaje lunar. Él entonces me preguntó: “¿Usted ha estado en la Luna?”. Y yo le respondí: “Más veces de las que usted piensa y yo quisiera”. A partir de ahí congeniamos y me invitó a vernos en Cuba, aunque nunca fui. Independientemente de las cosas que hacía, donde cada uno puede tener su opinión, era una persona auténtica”.

Dos semanas en la selva de Laos para escribir su último libro

La cabeza de Antonio Machado no para de idear proyectos y trazar metas. A finales del verano pasado cogió un avión, se plantó en Laos, en época de Monzón, y se adentró en la selva durante dos semanas con 200 folios en su mochila, una pluma y un tintero. Se puso a escribir sobre biología, física, teorías de sistema, cambio climático, pero también de racismo, nacionalismos, tribalismos y de infoxicación; materias que entrelazaba con historias que salían a su paso en el país del Sudeste Asiático. “Cuando te pones a escribir, no sabes lo que hay metido en el tintero”, señala este “biólogo multiusos”, como él mismo se define, que ha dedicado su vida a la conservación de la naturaleza, la enseñanza de la Ecología y a preparar borradores legislativos. La selva le inspiró (aunque dudó en encerrarse a escribir en el crucero Queen Mary entre Southampton y Nueva York, “pero a mí el mar no me recoge, me desparrama”) y aquellos 200 folios se han convertido en un libro, 14 días; reflexiones sobre la vida, la mente y más cosas, que presentará a final de mes en el Casino de Santa Cruz de Tenerife. “Creo que ha salido un libro curioso, que da juego, con el que se aprende, y que obliga a reflexionar; es una especie de legado intelectual sobre el medio ambiente”, define su última obra, que contará con una edición en inglés y que se podrá adquirir en Amazon y en los principales establecimientos.