CONCURSO DE RTVC

La dimisión de Negrín termina de hundir en el caos a la Televisión canaria

Renuncia a su cargo como presidente, consejero y administrador único de la Televisión Pública de Canarias S.A. y de la Radio Pública de Canarias S.A.

El presidente de RTVC, Santiago Negrín. | SERGIO MÉNDEZ
El presidente de RTVC, Santiago Negrín. | SERGIO MÉNDEZ

La dimisión del hasta ahora presidente de la Radio Televisión Canaria (RTVC), Santiago Negrín, ha terminado por hundir al ente audiovisual autonómico en una situación de caos absoluto, cuyo posible remedio pasa necesariamente por un acuerdo parlamentario tan lejano que, ni siquiera, existen hoy propuestas concretas para llegar al mismo, tal y como reconoce la práctica totalidad de los partidos con representación en la Cámara regional. Los principales obstáculos radican en la inminente finalización del contrato que permite las emisiones, así como la paralización de la adjudicación de los servicios informativos para los próximos ocho años y, desde luego, la falta de garantías para la estabilidad de una plantilla con 150 trabajadores.
Desde CC, al que en su condición de partido gubernamental le corresponde la iniciativa política de resolver semejante embrollo, se alude a unas “medidas de emergencia” que, en todo caso, se enmarcan en el ámbito parlamentario, pero que nadie conoce aún con exactitud. La principal hipótesis pasa por acelerar, en lo posible, el relevo de Negrín, para lo cual hace falta una mayoría cualificada (36 votos de un total de 60) en el pleno del Parlamento canario, lo que se antoja nada sencillo dado el regalo envenenado que implica asumir ahora este cargo.

El adiós

El hasta ahora presidente de RTVC se va con una misiva cargada de excusas y carente de una mayor dosis de autocrítica. Considerado afín a CC, hasta el punto de que se apunta al viceconsejero
regional de Comunicación, José Luis Méndez, como el verdadero director en la sombra del ente, asegura Santiago Negrín en su carta que ha llegado al final de sus fuerzas tras haber sufrido “todo tipo de presiones” y ver cómo el canal ha sido la víctima “de una batalla política encarnizada”.
En su adiós, el periodista asegura que no ha sido una decisión fácil la de dimitir como consejero y presidente del ente público, y que ha intentado actuar “con la máxima responsabilidad y lealtad” por el bien de un servicio público “esencial para la unidad de todos los canarios”, pero que sin embargo, añadió, “me es totalmente imposible continuar la tarea que se me ha encomendado”. En su opinión, en la actual ley que regula la RTVC no están claras las funciones de sus órganos, lo que, sostiene, ha creado “un clima irrespirable que paraliza cualquier acción que se quiera afrontar”. Negrín confía en que llegue cuanto antes “la urgente reforma” de la norma que apoye “una amplia mayoría” del Parlamento “por el bien de RTVC y sus trabajadores”.

El caos

La situación en la que se produce esta dimisión difícilmente podría ser peor, cuando apenas quedan seis semanas para que expire el contrato por el cual llega la señal de la tele canaria a los hogares isleños. Nadie sabe con certeza cómo se logrará evitar lo que en la profesión se llama irse a negro, es decir, que deje de emitir. El principal obstáculo es el remedio legal para evitarlo, como bien han puesto de manifiesto reiteradamente políticos como el presidente de Nueva Canarias, Román Rodríguez, o la consejera de RTVC María Lorenzo. A ello se le suma el galimatías jurídico que rodea en la actualidad a la adjudicación del nuevo contrato para el suministro de los informativos. Previsto para los próximos ocho años y un coste de 144 millones de euros, la decisión del propio Negrín de vincularlo en el tiempo al citado contrato para el transporte de la señal y su intento de controlar el proceso, frustrado por la Justicia, agrava notablemente el horizonte más cercano de RTVC, para mayor inquietud de los 150 trabajadores que conforman su plantilla actual. Por si fuera poco, el adiós del hasta ahora máximo responsable deja al ente sin capacidad para asumir eventualmente las potestades más esenciales que ejercía Negrín, por cuanto las sucesivas dimisiones de quienes lo acompañaban en la cúpula ejecutiva de RTVC nunca se cubrieron. Ni se buscó en su día un relevo para la Vicepresidencia, ni lo hubo para la Jefatura de Asuntos Económicos o para la Dirección Corporativa. No en balde, ayer se dudaba sobre quién podrá asumir la responsabilidad de aprobar, por ejemplo, asuntos tan elementales como la próxima nómina de los trabajadores.

El futuro

Más allá de la anunciada intención de CC para dar con esas “medidas de emergencia” aún por concretar, las reacciones a la marcha de Negrín y las posibles soluciones para RTVC coinciden en el pesimismo reinante entre los grupos parlamentarios. “No me sorprende”, reconocía ayer Román Rodríguez, quien recordaba que “para evitar una crisis como la actual quisimos forzar el cese de Negrín hace un año, pero de aquellos polvos vienen estos lodos. Eso sí -añadió el líder de NC- no solo es responsable Negrín, sino también aquellos que lo impulsaron al cargo y lo han sostenido en el mismo”. Precisamente, fue la llegada de Ángel Víctor Torres a la Secretaría regional del PSOE lo que rompió el acuerdo alcanzado para forzar el adiós de Negrín hace un año, pero el actual líder de los socialistas canarios se limitó ayer a reconocer la situación “excepcional y dramática” en la que se coloca RTVC tras una dimisión que, a juicio del presidente del PP isleño, Asier Antona, “llega tarde y mal”, mientras desde Podemos se aboga por retornar los informativos al ámbito de lo público. Al menos, hay unanimidad política en su voluntad de buscar remedio. El que sea.

Acelerar un relevo para un cargo nada apetecible y de difícil consenso

Si algo resulta especialmente preocupante sobre la situación que atraviesa RTVC es que no se conoce la fórmula legal para, sin ir más lejos, evitar que se deje de emitir en próximo 1 de julio. Pero, desde luego, es imprescindible nombrar al sustituto del dimitido Santiago Negrín, para lo que hacen falta 36 votos de los 60 diputados regionales. Si de por sí es complicado llegar a tal consenso, no es menor la dificultad de dar con candidatos adecuados para ello, dada la complejidad de los retos que deberá afrontar quien se anime a ocupar un cargo que hoy, no es nada apetecible.