sanidad

Sara, la enfermera del SUC que asistió por teléfono el parto de la mamá en Chío, Guía de Isora

"Es inevitable escuchar (por teléfono) el llanto y que se te pongan los pelos de punta", confiesa la enfermera coordinadora del SUC para Cecoes

Se llama Sara Pérez Quintero y es de Tenerife. Estudió en la Escuela de Enfermería Nuestra Señora de Candelaria y desde el año 2013 trabaja en el  Servicio de Urgencias Canario, dónde hace lo que siempre soñó, trabajar en labores de atención prehospitalaria. Además, desde mayo ejerce, junto a otros tres compañeros, el cargo de enfermera coordinadora del SUC -figura que da apoyo durante el turno de noche a los médicos coordinadores-, prestando sus servicios dentro de la sala de coordinación del servicio 112 Cecoes. Ayer ayudó a nacer a un bebé cuya madre se puso de parto de madrugada en Tenerife, concretamente en Chío, en el municipio de Guía de Isora.

Antes de entrar en materia, recuerda con especial cariño a Sebastián Matos, quien coordinaba en aquel entonces el servicio de ambulancias medicalizadas en la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Fue él quien, en base a la experiencia de Sara y, tras recibir esta una formación específica, le dio la oportunidad de trabajar en estas labores. Presume de seguir enamorada de su trabajo y de poder crecer dentro de lo que llama “una familia”.

Sara reconoce, notablemente entusiasmada, que es su primer parto en teleasistencia desde que ejerce como enfermera coordinadora para el Cecoes, si bien, en sus cinco años de experiencia previa en el servicio de ambulancias medicalizadas y sanitarizadas de Tenerife, asegura haber asistido otros seis partos extrahospitalarios más.

Nos cuenta que, en una asistencia de este tipo, lo primero es transmitir serenidad al interlocutor para lograr que se relaje y que confié en quien lo está asistiendo, puesto que así las garantías de que pueda servir de guía al profesional son mayores, aunque asegura que lo más difícil es “amoldar tu lenguaje para que te entienda con exactitud”. Se trata de que la persona al teléfono, prosigue, se convierta “en tus manos y en tus ojos”. Es cuando siente que tiene el control sobre la situación, cuando Sara cierra sus ojos y comienza a dar las instrucciones concretas que forman parte del procedimiento a aplicar, mientras valora el resultado de cada paso a través de las respuestas de la persona al otro lado.

“En un parto hay que buscar la seguridad de la madre y luego la seguridad del niño, minimizar el riesgo”, precisa Sara. Las posiciones naturales de parto para la madre son las verticales, detalla la coordinadora para el SUC, pero para una persona no habituada a atenderlos pueden resultar en un riesgo para el bebé, “así que optas por decirle que se acueste y que se coloque en la posición más cómoda, para luego empezar a guiarla por las sensaciones de pujo que tiene”.

En esta ocasión el interlocutor fue el papá, de quien, inicialmente, al responder la llamada, Sara solo escuchaba sus gritos nerviosos. Tras varios llamados a la calma, este atinó a explicarle la situación. Recuerda tomar el control y empezar a darle al padre las indicaciones. Minutos después hubo un silencio profundo y, mientras trataba de adivinar qué ocurría, oyó de fondo un llanto agudo, que la enfermera reproduce, a través del teléfono mientas conversamos, de manera bastante atinada. “Es inevitable escuchar el llanto y que no se te pongan los pelos de punta”, confiesa. “Imposible no emocionarse”, repite.

Con cariño narra cómo el padre estaba tan nervioso que al principio “no sabía si era niño o niña”, y que preguntaba una y otra vez qué hacer con el cordón umbilical. “Le dices que no se preocupe y que lo más importante es el contacto piel con piel del niño con la mamá, que no pierda calor y que llore, estimularle el llanto”, continúa, y que ya serán los compañeros de los recursos en camino quienes se encargarán de “clampar” el cordón al llegar.

Sara afirma que “una vez que nace, debes asegurarte de que el bebé está llorando, aunque ahí no acaba todo”. Mientras explica que con el llanto se puede intuir si viene con alguna dificultad respiratoria o si ha nacido bien, nos revela que el tono de la piel también ayuda mucho. En este caso, en palabras del padre, el bebé estaba “rosadito”. “Y todo eso a través de la escucha activa”, exclama.

No es una labor exenta de riesgos. “Siempre en un hospital cuentas con cuarenta manos en caso de que algo salga mal”, prosigue la enfermera, y es que en el centro hospitalario se cuenta con especialistas de toda índole. En cambio, en un parto extrahospitalario y en palabras de la profesional del SUC, solo se cuenta con tres personas: el técnico de ambulancia medicalizada, el médico de urgencias -que no es especialista- y un enfermero. “Estamos entrenados para afrontar cualquier emergencia y disponemos del material adecuado y en cantidad suficiente”. Por suerte, en experiencia y conocimiento de Sara, casi todos los partos “en la calle vienen bien, sin complicaciones, sin vueltas de cordón. No suelen ser embarazos de riesgo”, concluye.

Como ya hiciéramos la semana pasada con Bienvenido Bécquer y con todo el equipo de Cecoes, hoy, de nuevo, les damos las gracias por cuidar de todos nosotros, y por hacerlo con tan buena disposición y profesionalidad.