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Conversaciones en Los Limoneros: “La Constitución española tenía que haberse reformado hace veinte años”

Ha cumplido Manuel Hermoso 83 años y se mantiene con muy buena salud. Ha dejado los negocios. Y lamenta, como lamento yo, que la dignidad de su principal cargo pasado -presidente del Gobierno de Canarias- no sea suficiente para que él

 Manuel Hermoso y Andrés Chaves, durante la entrevista que inaugura las Conversaciones en Los Limoneros, con Mariano Ramos, propietario del restaurante que da nombre y sede a esta nueva sección del DIARIO. Fran Pallero
Manuel Hermoso y Andrés Chaves, durante la entrevista que inaugura las Conversaciones en Los Limoneros, con Mariano Ramos, propietario del restaurante que da nombre y sede a esta nueva sección del DIARIO. Fran Pallero

Ha cumplido Manuel Hermoso 83 años y se mantiene con muy buena salud. Ha dejado los negocios. Y lamenta, como lamento yo, que la dignidad de su principal cargo pasado -presidente del Gobierno de Canarias- no sea suficiente para que él y sus compañeros dispusieran de un estatuto del ex presidente: coche, sueldo vitalicio y un secretario. Es lo mínimo, lo que ocurre en todas las comunidades autónomas de España, menos en Canarias. Es que aquí somos más papistas que el papa. No quisiera hacer larga la introducción de esta primera entrega de Conversaciones en Los Limoneros. El fondo es uno de los mejores restaurantes de la isla. El personaje ya lo conocen. Y un baúl de recuerdos. Tampoco quisiera que esta fuera una conversación de preguntas y respuestas, sino una charla coloquial entre dos viejos amigos.

“Tú estuviste varias veces en casa” -rememora- “cuando nacieron las AIC y cuando se transformaron en Coalición Canaria”, me dice Manolo. “Y hasta en aquella reunión fundacional en Betancuria”. Y es cierto. “Y mira que han pasado cosas, Andrés”. Recuerda con gran cariño a Adán Martín, su primer delfín. Y dice que la Constitución del 78 se ha quedado vieja. “Si hubiéramos tenido la valentía de reformarla, lo de Cataluña no se habría producido. Habríamos atajado el problema antes de que se complicara todo”, dice Manolo, convencido.

Este hombre fue diputado al Congreso (1986), diputado al Parlamento de Canarias (1991-1999), vicepresidente del Gobierno (1991-1993) y presidente (1993-1999). Pero la época de mayor contacto con su pueblo fue como alcalde de Santa Cruz (1979-1991). Pasará a la historia. Tiene una calle principal con su nombre en la ciudad. Ahora le quedará más cerca: se traslada de casa en estos días, junto al mar, mirando los barcos, desde una atalaya privilegiada de su querido Santa Cruz. Cinco hijos, ocho nietos. Una familia que no sería nada sin Asun Varela, que ahora arrastra el achaque de una cadera rota por segunda vez. Un abrazo, Asun.

“Sí, lo nuestro, lo de Asun y mío, fue un amor a primera vista. Un amigo, compañero de piso en Barcelona, me invitó a su boda en Vigo y me dijo que no fallara, que había una chica guapísima esperándome. Fui y nos enamoramos. Nos casamos en cuanto terminé la carrera de ingeniero, en el 58. Y hasta hoy. Ella es el norte de la familia”.

Reflexionamos sobre la España de estos días: “Es muy peligroso dar el gobierno del país a los jueces. Los jueces están para hacer justicia y los políticos para resolver los problemas de la política. Los jueces se meten ahora hasta en dónde tiene que ir la Ciudad de la Justicia. No, ni hablar. Eso es cosa de los políticos. Rajoy cometió el gran error de encargar a los jueces que arreglaran lo de Cataluña; y mira. Aquí cada uno tiene que asumir sus responsabilidades”.

Le recuerdo a Manolo que en Las Palmas, que lo odiaban por haber sido líder de ATI, la tortilla se viró cuando, tras acceder a la Presidencia del Gobierno de Canarias, él entró en el cuerpo a cuerpo, que era su especialidad: en el contacto con los vecinos. “Sí, es verdad. Tú no sabes los insultos de los borrachitos que asistían a las procesiones de la Virgen del Pino. No todos eran borrachitos, claro, pero se dejaban oír: “Chicha, cabrón, hijo de puta”. Esto era lo más suave. Luego los insultos cesaron. Y yo allí, aguantando el chaparrón, en aquellas calles estrechas de Teror”.

Hablamos del nuevo Estatuto de Autonomía. “Bien, muy bien, porque se nos reconocen derechos que no teníamos. En realidad seguíamos siendo la última colonia y ya parece que no. Ahora se nos tendrá en cuenta. Y el nuevo REF, con mayor motivo, seguirá siendo nuestro mejor instrumento económico y fiscal”. “Sí, Manolo, pero conseguimos cosas y luego la Hacienda estatal se las carga: persigue a los empresarios que se acogen a la reserva de inversiones, el registro de buques ha sido un fracaso, la zona ZEC no es reconocida muchas veces por la abusadora Agencia Tributaria”. Y me dice: “Nos ha faltado fuerza ante el Estado, dejar las cosas muy claras. Ahora tenemos más instrumentos con el nuevo Estatuto. Se acabaron los días en que Rafael Clavijo (a la sazón presidente del Cabildo tinerfeño) les llevaba puros a los conserjes del Congreso para que éstos le franquearan el paso hasta los políticos” (Cuando le preguntaban a don Ramón Gil-Roldán por qué hacía lo mismo que Clavijo, llevar puros a los ujieres, el diputado respondía: “No olvide que un conserje del Congreso puede ser mañana gobernador civil de nuestra provincia”. Tenía razón).

Dice que la Constitución del 78 tenía que haberse reformado hace 20 años, “porque aquella se hizo bajo el ruido de los sables y tiene, por tanto, muchas carencias, sobre todo de adaptación a la realidad española. El problema de España ha sido territorial, desde las guerras carlistas y aún mucho antes. La Constitución tenía que haberse adaptado a las necesidades actuales de nuestras comunidades. De esa carencia de visión surge el problema catalán y acaso el vasco que se vislumbra”.

 Manuel Hermoso y Andrés Chaves, durante la entrevista que inaugura las Conversaciones en Los Limoneros, con Mariano Ramos, propietario del restaurante que da nombre y sede a esta nueva sección del DIARIO. Fran Pallero
Manuel Hermoso y Andrés Chaves, durante la entrevista que inaugura las Conversaciones en Los Limoneros, con Mariano Ramos, propietario del restaurante que da nombre y sede a esta nueva sección del DIARIO. Fran Pallero

“Yo con Jerónimo Saavedra” -me dice- “me sentía muy a gusto en el Gobierno. El voto de censura no fue a él, sino al PSOE y por culpa de Solchaga, que nos abandonó. Siempre se lo dejé claro. Nunca tuvimos problemas ni con la izquierda, ni con la derecha. Nuestros votos han estado, en el Congreso, al servicio de los intereses de España y de Canarias, gobierne el PSOE, gobierne el PP. Éramos fuertes, manteníamos en el 93 a cuatro diputados, contábamos con un grupo propio. Fue un hito. Es preciso que los diputados canarios de todos los partidos defiendan antes a Canarias que a sus colores. Que no se dejen dominar por el centralismo, ni que les corten la voz. De ahí el éxito de CC: que no tiene otros patrones que nosotros mismos”.

“¿Y echas de menos la política?”, le pregunto. “Ya pasó, no la echo de menos. Fueron 20 años bonitos. Han transcurrido otros 20 años. Yo dejé en puestos clave a personas de mucho mérito, en las que tenía plena confianza”. Le recuerdo dos cosas: un follón con los taxistas en el Ayuntamiento, piedras sobre los concejales. La policía en el salón de plenos. Una de esas piedras rompió el vaso de agua del alcalde. Y en medio del tumulto, Julián Ayala, comunista convencido, abrazando el crucifijo que estaba en el salón de plenos, para que no lo dañaran. “La primera legislatura municipal”
-me dice- fue apasionante. Pacté con todo el mundo: con AL de José Emilio (García Gómez); con el PSOE de Luis Carrasco; con la izquierda nacionalista de Gilberto Alemán, con Julián Ayala, con Nicolás. Al final, todos éramos amigos. Teníamos que cumplir una misión, que era culminar la Transición desde nuestros puestos; modestos, si quieres. Y lo hicimos. Fue un consenso muy bonito”.

Y lo otro que le recuerdo: cuando vinieron Julio Iglesias y Rocío Jurado a cantar para Coalición Canaria y sus seguidores. A Rocío la sentaron, en La Riviera, entre Manolo y yo. Rocío, ante mis comentarios, dijo en alta voz: “Cada vez que Andresito habla sube el pan”. Asun la acompañó en sus compras por la calle del Castillo.

Le hablo de políticos de Coalición Canaria con problemas en los tribunales. “No hay derecho el calvario que han tenido que pasar, y algunos todavía lo pasan, Miguel Zerolo, Manolo Parejo, José Emilio García Gómez, Norberto Plasencia y otros más; no hay derecho, repito. Personas rectas y honestas metidas en procesos que considero absurdos. En cierta manera siento remordimientos porque fui yo quien metió a algunos de ellos en política. El otro día fui a darle un abrazo a Manolo Parejo, a su consulta. ¿Y tú crees que es normal que una sentencia tire a la basura los seis millones de euros que costó el edificio de Perrault?”. “No, no es normal, Manolo”.

“En realidad, Manolo, tú aplicaste en la Presidencia del Gobierno la receta de la Alcaldía de Santa Cruz: la cercanía, el Carnaval, el diálogo, la respuesta amable, las visitas a los barrios”. “Sí, así fue y creo que nos vino muy bien. Los canarios no nos conocíamos. Yo recuerdo cuando fui al muelle a recibir a una expedición de tinerfeños que habían visitado Gran Canaria: “Nos trataron muy bien”, decían, asombrados; “son gente muy amable”, reconocían otros; pero, ¿qué creían, que se los iban a comer allá? Ahora todo ha cambiado y los canarios ya nos conocemos mucho más entre nosotros gracias a las excelentes comunicaciones y a los económicos precios de los billetes. Todos hemos ganado muchísimo”. “¿Y cuál ha sido nuestro mayor pecado, Manolo?”. “Pues la falta de liderazgo y la falta de conocimiento político. Estos populismos, los de izquierdas y los de derechas, no sirven para nada”. Lanza un par de tacos: “No quieren el diálogo, coño, sino la confrontación. Convence al otro, joder, no intentes siempre fastidiarlo”. “¿Y las relaciones con Madrid? A las AIC, primero, y a CC, después, las acusan de bailar al son que marcan otros”, le digo. “No, al son que marca Canarias. Porque en Madrid nos quieren o no, unos y otros, dependiendo de las necesidades que tengan ellos. Vamos a volver la oración por pasiva. Lo que pasa es que
nosotros solemos negociar bien”.

“¿Te asusta el Estado judicial?”. “Sí, porque te repito que los problemas de la política tienen que ser resueltos por los políticos, no por los jueces, que no tienen experiencia ni conocimientos para aportar soluciones a los asuntos de la propia política. Cada uno a lo suyo”.

Ya ven que no fue una entrevista tradicional, sino una charla de amigos. Cuando se fue de la política me escribió una carta, de su puño y letra, agradeciéndome lo que había hecho por él. Y conste que en muchas ocasiones fui injusto y hasta cruel. Manolo es un hombre bueno y sin rencores. Me ha alegrado un montón el reencuentro, en Los Limoneros, él comiéndose una merluza en tacos y yo un salmón a la plancha. He vuelto a almorzar con un amigo de 83 años, que ama a su tierra y a su familia y que, a pesar de los avatares negros de la crisis económica del 2008, hoy es feliz. En medio, muchos días buenos y también mucho sufrimiento.