Santa Úrsula

Ayuda para combatir la soledad en Santa Úrsula

El proyecto Guata promueve el voluntariado y la participación y al mismo tiempo crea lazos de solidaridad entre los vecinos

Elías y Leonardo comparten risas mientras María los escucha desde la cocina, donde prepara café. Fran Pallero

Las personas mayores tienen más oportunidades para el disfrute ya que es una etapa de la vida en la disminuyen las responsabilidades y aumenta el tiempo disponible para el ocio. Pero si están solas, no pueden ni tienen con quien compartir cosas tan simples como una charla, una merienda o un paseo, la tristeza predomina y causa estragos en su bienestar

En ocasiones, las ocupaciones de sus familiares o la inevitable distancia con su lugar de residencia no permiten a los mayores disfrutar de la compañía de sus hijos e nietos. Pero también es cierto que para otros su mayor problema es no tener ya a ningún familiar, ni cerca ni lejos.

Para solventar esta situación, el Ayuntamiento de Santa Úrsula desarrolla desde hace más de un año un proyecto pionero en Tenerife, que busca promover el voluntariado y la participación y al mismo tiempo crea lazos de solidaridad entre vecinos, gestionado por la Asociación de Cuidadores Familiares y Amigos de Personas con Dependencia, Alzhéimer y otras Demencias (Acufade).

Guata pretende hacerles la vida más agradable a las personas mayores y a las que sufren una relación de dependencia, y brindarles un ratito de compañía, como las que les ofrece Leonardo a Elías y María, un matrimonio que vive en la calle Las Tosqueras del citado municipio.

Elías Hernández Morales y María González Rodríguez tienen un patio enorme, lleno de hortensias, algunas vides y muchas plantas y flores que cuida ella porque su esposo desde hace un tiempo baja las escaleras con mucha dificultad. Allí también hay un cuarto con una mesa que él confeccionó y hace las veces de cocina. “Tengo todo preparado porque me gusta comer allí”, dice esta mujer de 78 años a quien su corazón le dio un susto hace un par de meses. Aún así, y gracias a Guata, puede ir de paseo, visitar a sus amigos, y participar de las actividades que se organizan una vez al mes, desde una excursión hasta ir a Candelaria a ver a la Virgen.

Elías tiene 86 y aunque físicamente está bien ha perdido mucho la vista y le cuesta moverse, por eso Leonardo lo ayuda a estirar sus músculos en una barra que tiene en la entrada de su vivienda.

Comparte unas cuatro horas semanales, tomando café, charlando, e intercambiando anécdotas y vivencias con este señor venezolano, vecino de Santa Úrsula y uno de los 16 voluntarios del proyecto al frente del cual se encuentran la trabajadora social Vanesa Martín Fernández y el fisioterapeuta Mizael Hernández García, quien visita a los usuarios que lo requieren una vez por semana.

Fue Vanesa quien le propuso a Leonardo colaborar en este proyecto y él aceptó encantado. En su caso, además de contribuir al bien común, “se siente bien consigo mismo” y agradece, de alguna manera, la ayuda que inicialmente recibió del Ayuntamiento.

La labor que hace con ellos Leonardo es lúdica y emocional y se ha convertido “en una necesidad”, confiesa. Ya no concibe pasar una semana sin visitarlos, disfrutar del café de María o escuchar las anécdotas de Elías, que son muchas porque desde joven “él hizo de todo”, incluso de electricista, aunque no le pagaban por ello.

“Cuéntale cómo te decían”, dice con picardía María, y le saca a su esposo una sonrisa. Él se hace rogar un poquito, le gusta, hasta que finalmente, tras la insistencia de su mujer añade: “Allí todo el mundo me conocía como Zoilo”, pero a día de hoy, no sabe por qué.

Elías perdió a su madre desde pequeño y tuvo que trabajar en lo que sea. Desde cuidar ovejas y vacas hasta en las plataneras. A los 14 años y medio empezó en el servicio de mantenimiento del hotel San Telmo del Puerto de la Cruz, donde conoció la época dorada del turismo.

En casa de Elías eran ocho hermanos, así que por las tardes iba a una finca a recoger papas, hasta que a los 27 llegó al hotel Miramar, también en la ciudad turística, donde se desempeñó “hasta de cerrajero” y se jubiló, recalca su esposa.

Elías y María no son las únicas personas a las que acompaña, también está Juan, amigo de ambos y vecino del barrio, con quien Leonardo comparte sus tardes al tiempo que ambos refuerzan sus vínculos sociales, una de las claves para combatir la soledad.

Enriquecimiento mutuo

Voluntarios y usuarios del proyecto Guata se complementan unos a otros. Los primeros tienen que adaptarse a las condiciones de movilidad de los segundos, a quienes se les busca un perfil acorde a sus horarios y su personalidad, para que ambos se enriquezcan. Las personas que quieran colaborar con Guta deben pasar por una entrevista y una formación sobre la Ley de Voluntariado de Canarias. También se les hace un seguimiento mensual por parte de la trabajadora social, igual que a la familia beneficiada. En 16 meses de su puesta el proyecto cuenta con 56 usuarios y 16 voluntarios, un número que el Ayuntamiento confía incrementar