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La mujer asesinada en El Fraile en 2017 murió por rotura del cuello, no por asfixia

Los peritos forenses creen que hubo signos “claros” de lucha y forcejeo y no han descartado que, durante aquel tiempo, la víctima pudiese cambiar de posición o girar su cabeza
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La vivienda familiar se encuentra en la calle Tenerife del barrio de El Fraile, en Arona. | SERGIO MÉNDEZ

Dos peritos forenses han declarado este jueves que la causa de muerte de la mujer asesinada por su marido el 31 de octubre de 2017 en el barrio de El Fraile, en el municipio tinerfeño de Arona, se debió a la rotura del cuello y no a la asfixia por estrangulamiento que le realizó el acusado.

Durante la tercera jornada de juicio oral en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, los peritos forenses han explicado que debido a las hemorragias presentes en los tejidos analizados y a la degeneración fibrilar, el corazón seguía bombeando sangre antes de la fractura del hueso hioides, y por lo tanto la víctima seguía viva pese a la asfixia que también han evidenciado que sufrió.

Esa fractura por presión en el hioides, que siempre causa una muerte instantánea, requirió a su juicio de violencia y de “una fuerza importante”, y “probablemente de un mecanismo de hiperextensión o de una rotación o giro brusco del cuello”, según han dicho.

Han añadido asimismo que la rotura debió producirse necesariamente tras la falta de oxígeno por una asfixia mecánica, porque en caso inverso no habrían podido apreciar los signos propios de ésta, y han negado que dicha rotura pudiera hacerse con una sola mano.

Los peritos han subrayado, en cualquier caso, que una persona puede recuperarse de un desvanecimiento por falta de oxígeno: “se produce una asfixia y luego se rompe el hioides. Pero si quedaba alguna posibilidad de sobrevivir después de la asfixia, se acababa con la fractura del hioides”, han sentenciado.

El edema pulmonar o la rotura del tiroides son signos de asfixia que han evidenciado, además, que el encausado estuvo “un tiempo” apretando el cuello de la víctima, y han añadido que “lo más lógico”, según las pruebas, es que la víctima estuviera de espaldas en el momento de la fractura del hioides.

Han agregado que hubo signos “claros” de lucha y forcejeo y no han descartado que, durante aquel tiempo, la víctima pudiese cambiar de posición o girar su cabeza.

El acusado, J.A.P.B., declaró en la apertura del juicio el pasado martes que la mañana del día de los hechos tan solo la empujó y que, tras realizar un gesto con su mano derecha para apartarla y evitar que cogiese una plancha, la mujer cayó bocabajo inconsciente.

Los peritos han justificado asimismo la ausencia de heridas defensivas de la víctima en el cuerpo del acusado porque ésta “no tuvo oportunidad de hacerlas”, dado que, a juicio de los dos expertos, de haberlas podido realizar, las hubiera hecho.

También han descartado lesiones tras la muerte y han confirmado que la mujer tenía distintos hematomas en las piernas de hacía días, lo que confirma los testimonios en días previos del juicio oral de la madre de la víctima y de distintos familiares, así como restos de ADN del acusado en sus uñas y dedos.

Por otro lado, dos psicólogas han declarado que no apreciaron en el acusado ninguna patología psicológica, pero sí una personalidad meticulosa, organizada, que trata de justificar su conducta en base a las acciones de terceras personas y cuyo arrepentimiento, según han dicho, responde a motivos propios.

Tras la evaluación que le realizaron tres meses después del día de los hechos, concluyeron que no padecía lapsus de memoria ni padeció una disociación de la personalidad aquella mañana.

Además, distintos agentes de la Guardia Civil que entraron en primer lugar en el domicilio tras los hechos, no han recordado ver una plancha, objeto que iba a coger la mujer durante la discusión, según declaró el acusado durante la apertura del juicio.

El único signo de violencia fue una puerta desplazada en diagonal en un armario de tres puertas, con una de las tres bisagras rota, aparte del desorden generalizado en todo el piso.

Encontraron el cuerpo sentado y encogido dentro en un armario de dos puertas que encontraron cerradas y de apenas un metro de anchura, y bajo un montón de cojines, peluches y sábanas.

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