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María Name y Mario Suárez: “El dique flotante en el puerto de Santa Cruz creará 1.000 empleos directos”

El Grupo Hidramar es una empresa familiar fundada en el año 1989 especializada en hidráulica

El Grupo Hidramar es una empresa familiar fundada en el año 1989 especializada en hidráulica. Su fundador, Ignacio Pérez González, se trasladó desde La Palma hasta Las Palmas para estudiar, porque era en la capital de la provincia oriental donde se estudiaban las carreras técnicas. Al finalizar sus estudios empezó a trabajar en varias empresas del puerto de La Luz como tornero. Al poco tiempo decide, junto con otros socios, constituir una sociedad, el Grupo Hidramar, una compañía que a los pocos años Ignacio decide adquirir en su totalidad, puesto que los socios ya no estaban tan interesados en seguir en el negocio. Es entonces cuando adquiere un local en Roque Nublo, Gran Canaria, y empieza a realizar pequeños trabajos hidráulicos.

Hablamos con María Name, directora de Recursos Humanos de la compañía, y con Mario Suárez, director de Desarrollo Estratégico.

-¿Cómo fueron los inicios?
“Bueno, pues muy difíciles, como se imaginará, y no porque el puerto no estuviera vivo, que lo estaba, sino porque para tener una cuota de mercado interesante en hidráulica había que pasar muchas semanas en África, especialmente en Mauritania y Senegal. Era muy sacrificado, pero poco a poco se va incorporando más personal y la empresa se mantuvo estable. Trabajamos como subcontrata de Astican en el puerto, pero tengo que reconocerle que no hay hidráulicos en España. No existe esta profesión”.

-¿Por qué? ¿No hay carrera?
“Exacto. No hay formación, ni preparación para esta profesión que genera una importante cantidad de empleo. Tuvimos que irnos a Perú a buscar a los hidráulicos, porque allí hay mucha industria pesquera del Pacífico y se necesitan muchos hidráulicos para arreglar la maquinaria de la minería. Por eso hay institutos específicos de hidráulica”.

-¿Es de allí, del Perú, de donde se traen el personal?
“Sí. Se traen un grupo de cinco o seis hidráulicos para que vayan formando a personas. Al cabo del tiempo, Jonathan Pérez, el hijo del fundador del grupo, quiere formar parte del negocio y entra en la empresa, pero, siendo una subcontrata de Astican, tiene que soportar todos los devenires que esto supone, como, por ejemplo, que te paguen cuando quieran, o no te pagan o te quitan el 15% de lo que se había pactado. Entonces, claro, bajo estas condiciones a la empresa se le hacía muy difícil crecer . Aun así, Jonathan le dice a su padre que quiere formar parte del negocio, pero para crecer. Entonces se le ocurre la iniciativa de, estando dentro de Astican y prestando servicios a la empresa, abrir una pequeña oficina comercial en Aberdeen (Escocia) y otra en Houston (Estados Unidos), para intentar promocionar sus servicios y traer empresas aquí. Pero Astican se entera de que hay una empresa que trabaja para ellos que está haciendo promoción en el extranjero, y sobre la marcha decide expulsar a Hidramar de los astilleros”.

-¿Qué ocurrió entonces? ¿Cómo sobrevivió la empresa?
“Pues fueron momentos muy duros. Tenga en cuenta que estamos hablando casi del año 2010, pero gracias a los empleados, que, a pesar de no cobrar, deciden continuar en la empresa y luchar por el grupo empezando de cero, salimos adelante. Puesto que ya no estaba Astican, el grupo decide prestar los servicios directamente al cliente. Sin intermediarios. A partir de ahí, la empresa no solo continuó haciendo los trabajos de hidráulica, sino que empezó a estudiar la fórmula para hacer todo tipo de trabajos. Entonces se empezaron a incorporar a la empresa soldadores, caldereros, tuberos… ampliando los servicios. Pero quizás lo más importante es que se empezaba a tratar directamente con el cliente. El grupo empezó a crecer de tal forma que ahora abarca proyectos íntegros de reforma de plataformas, es decir, no tiene que subcontratar ningún servicio”.

-¿Y cuándo se vienen para Tenerife?
“Pues teniendo en cuenta que solicitar una licencia de reparación naval en el puerto de Las Palmas es imposible, y tras muchos intentos fallidos de expansión y concesiones para hacer algo grande, como es el proyecto de traer un dique flotante y traer barcos a flote, se empiezan a buscar opciones en la Península y en Tenerife. En ese momento, a la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife le resulta muy interesante la idea de reactivar todo lo que es la industria naval en la Isla, y así fue cómo decidimos aterrizar en el puerto de Santa Cruz. Comenzamos a realizar servicios en 2014 como empresa autorizada, en lo que tramitábamos la concesión administrativa, y fue entonces cuando comenzamos a traer plataformas para hacerles el servicio de preservación. ¿De qué se trata? Pues son plataformas que no tienen contrato para perforar, pero que si no se les hace el mantenimiento se estropean. Se trata de trabajos de casi un millón de euros, así que imagínese. Se puede decir que, con la crisis, la empresa encontró un nicho de mercado”.

-Beneficiados por la crisis.
“Sí, más o menos. Fue cuando empezamos a traer plataformas para hacerles el proyecto de preservación y, sí, encontramos una alternativa a la crisis del petroleo, que tenía paradas a las plataformas. Pero llega el momento de ejecutar la segunda fase de nuestro proyecto, y cuando pedimos la ampliación de la concesión para iniciar esta segunda parte, todo son impedimentos. Y todavía, después de cumplir con todos los trámites, estamos esperando esta concesión”.

-¿Cuándo llega el dique flotante, entonces?
“Pues cuando nos concedan la autorización, porque ¿a quién se le ocurre traer el dique y pagar más de 2.000 euros al día por tenerlo atracado? Además, del coste de traerlo hasta aquí, que es de tres millones de euros”.

-¿Qué supone para el puerto de Santa Cruz tener un dique de estas características?
“Muchísimo. Mire, no se trata de un negocio solo para una empresa, es la reactivación de todo un sector. En el puerto de La Luz muchas empresas nacieron porque allí había un astillero. Sacar barcos a flote significa que hay un flujo constante de barcos que llegan y que requieren muchos servicios de empresas pequeñas. Un barco tiene que estar en seco para su mantenimiento cada cinco años, así que imagínese el flujo de trabajo que habría. Solo para llevar los trabajos de un buque que sale a seco se necesitarían entre 700 y 1.000 personas. Esto es solo el empleo directo. A eso hay que unirle el indirecto de esas pequeñas empresas de servicios que nacerían bajo el amparo del dique. Por eso es que no entiendo los retrasos que está poniendo el puerto, teniendo en cuenta que Canarias es una de las regiones con más paro de España”.

-Pero ¿habría empleados para estos trabajos?
“Sí. Nosotros estamos formando y dando trabajo, pero por ahora es por obra y servicio. Con el dique flotante sería empleo fijo y bien remunerado. Mire, ahora un ingeniero que salga de la Universidad con 22 años puede encontrar trabajo en el puerto perfectamente. Lo formamos en el área que necesitamos y estaría cobrando como ingeniero júnior 1.400 euros. Imagínese con el dique”.