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El horror de una joven de 23 años que vive con el miedo de que la iglesia Luz del Mundo tome represalias contra ella

Decidió abandonar la institución cuando se dio cuenta de que no sentía la devoción del resto de feligreses; ahora, la Policía de Los Ángeles ha detenido a su líder, acusado de tenencia de pornografía infantil, abuso sexual contra menores y tráfico trata de personas
Foto: El Nacional
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Naasón Joaquín García, líder religioso de la iglesia La Luz del Mundo, fue detenido junto a dos mujeres el pasado 3 de junio en el aeropuerto de Los Ángeles, Estados Unidos, acusado de 26 delitos graves, entre los que se incluyen la tenencia de pornografía infantil, abuso sexual contra menores, tráfico y trata de personas, según informó El Nacional.

A pesar de la gravedad del asunto, miles de seguidores -él afirma tener en torno a 7 millones- se concentraron en los templos para rezar durante todo el día y la noche. “La gente no conoce lo que es un hombre de Dios”, comentó el “hermano” que oficiaba la misa del miércoles en la majestuosa iglesia ubicada al este de la citada ciudad estadounidense. El Nacional apunta que García se hace llamar “El Apóstol”.

El escándalo ha provocado que la iglesia y muchos de sus seguidores defiendan la inocencia de García, pero también ha desembocado en quejas y denuncias en foros de internet de personas que abandonaron el que califican como “culto” religioso.

Una de sus antiguas feligresas, de 23 años, explicó a BBC Mundo que tomó la decisión de abandonar la institución religiosa hace dos años después de sufrir un trauma psicológico. Su testimonio mantiene en vilo a la joven y a su familia, pues temen que la ‘organización’ tome represalias contra ellos.”Mi familia ha tenido esta religión desde los tiempos de mis abuelos, así que está muy metida en mis raíces”, indicó.

“Me enseñaron a asistir a al menos una de las misas que organizan a diario, aunque mientras fuese a más mejor porque, según la religión, el sirviente de Dios todavía está con vida y debemos agradecer por eso. Sentía que debía rezar por él porque me salvaba cada mañana”. añadió.

Entre las directrices que la chica debía seguir, destaca que “desde los 5 años era obligatorio para las niñas usar vestidos o faldas holgadas que no delinearan el cuerpo y llegaran hasta los tobillos, pues la religión dice que el cuerpo es un templo y debe honrarse y respetarse”. Además, “la iglesia quería que las mujeres más entregadas y puras sirvieran la mesa cuando había cenas especiales en la residencia de Naasón”.

Con el paso del tiempo, la joven se dio cuenta de que no sentía la misma devoción por la citada religión y se sintió culpable y avergonzada por ello. “Mientras veía a otros llorando movidos por la ceremonia, no sentí emoción durante mi bautizo. Y ahí fue cuando la culpa y la vergüenza empezaron a invadirme”, detalló.

Después de su calvario, la joven asegura que “las cosas han mejorado para ella”, si bien hay cosas que no podrá olvidar.

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