Conversaciones en Los Limoneros

Trino Garriga: “Yo, que tengo 90 años, volvería al periodismo activo si me llamaran”

Trino Garriga Abreu (Santa Cruz, 1929) ha cumplido 90 años. Estamos hablando de uno de los mejores reporteros gráficos de la historia del periodismo isleño

Trino Garriga Abreu (Santa Cruz, 1929). | FOTO: Sergio Méndez

Trino Garriga Abreu (Santa Cruz, 1929) ha cumplido 90 años. Estamos hablando de uno de los mejores reporteros gráficos de la historia del periodismo isleño. Todavía lleva una cámara en el bolsillo. En 2001 le concedieron el Premio Canarias de Comunicación. Antes había logrado el Premio Nacional de Periodismo Deportivo de Venezuela, sin ser periodista deportivo. “Una casualidad”, dice, “con una gran foto tomada en un partido de pelota, en Caracas. La verdad es que la gráfica era muy bonita. Fue mérito de mi cámara Nikon F, no mía. Todavía la guardo como un tesoro”. Su padre, también Trino Garriga, Rodas de segundo apellido, era el fotógrafo de la clase media tinerfeña y de algunos periódicos. “Porque el de la aristocracia era Benítez, un maestro”, me asegura Trino, sentado conmigo en Los Limoneros. Tiene prohibido beber whisky, porque, como le dijo su cardiólogo: “¿Para qué quieres más, si ya te has tragado a Escocia entera? Tres o cuatro stents en sus arterias. Pero nos estamos tomando un JB cada uno. Treinta años trabajando en Venezuela, de 1957 a 1987. “¿Y volverías?”. “Ya no, aquello ha cambiado mucho, pero no me preguntes si soy más español que venezolano, porque no lo sé”. Todavía acude al Parlamento de Canarias todos los días. Tiene mono de reportero.

(Había transcrito una entrevista preciosa, pero el puto ordenador me jugó una mala pasada. No hubo forma de recuperarla. Empiezo de nuevo. Ya ven que lo cuento todo, hasta mi propia torpeza de periodista viejo).

-Tu padre se quedó de piedra cuando le dijiste que te embarcabas.
“No se lo dije. Una mañana, muy temprano, le di un beso, él en la cama, y le dije: “Me voy hoy a Venezuela”. Cuando llegué al muelle me estaba esperando, en la escalera del Franca C, con mi madre. Me abrazó y estuvo diez años sin hablarme, ni escribirme, ni querer saber nada de mí. Y mi madre me dijo, como despedida: “Hasta que no escribas yo no salgo de mi casa”; así que le tuve que escribir”.

-¿Era difícil conseguir un visado?
“Como mi padre era amigo del cónsul Vivas, éste no me concedía el visado. Pero yo me valí de una tía mía que estaba en Caracas para que desde allí se lo ordenaran. Recibió un telegrama: “Expida el visado inmediatamente a nombre de Fulano de Tal”. Y no tuvo otro remedio. Sólo me exigieron el certificado médico que el famoso galeno don Gerardo me extendió, tras reconocerme”.

-¿Cómo fueron los comienzos?
“Me colé en la Torre de la Prensa y fui derecho al despacho de Miguel Ángel Capriles. Le caí bien a su guardaespaldas, que se llamaba Polacre y me dejó pasar. “¿Isleño?”, dijo Capriles. “Tienen fama de que trabajan bien. Te voy a destinar a Sociales”. Y empecé haciendo fotos de huevonadas en el Country Club para Últimas Noticias”.

-Por poco tiempo.
“Había un cubano en Últimas Noticias, que siempre estaba fumando puros. Era el jefe de Información. Se llamaba José Gruda. Y cuando vio mis primeras fotos de la sección de Sociedad, me dijo: “Usted mañana me viene con un paltó y con una corbatica”. Yo no sabía por qué, pero acaté la orden. Y me acreditaron ante el Palacio de Miraflores, en cuyo destino pasé años y años y allí conocí a un montón de gente. Una vez le pregunté al cubano si me había destinado al palacio presidencial por recomendación de Capriles. Y me respondió: “Si no me hubieras traído una buena foto te hubiera mandado al carajo, dijera lo que dijera Capriles”.

-En Caracas coincidiste con un gran publicista, productor de televisión y periodista, que había sido director de Radio Juventud, Mauricio Gómez-Leal. Imaginativo y brillante.
“Era mi hermano. Me gustaría contar algunas anécdotas suyas. Mauricio y yo cogíamos, después de nuestros trabajos, muy fuertes trancas. Una vez, en mi casa, nos emborrachamos tanto que a la mañana siguiente me lo encontré en la cuna de mi hija, que yo había sacado a la terraza porque la niña ya tenía su habitación. Parecía un bebé, enguruñado en la cunita; yo lo que hice fue taparlo, ponerle encima una mantita”.

-Creo que hay más.
“Mira, cuando el golpe de Tejero, Mauricio se encerró tres días en el hotel Caracas Hilton, con su novia, Moraima, que era muy jovencita. Nadie los encontraba en Caracas y hasta en Canarias sus amigos se preocuparon porque no atendía a sus llamadas. Alguien que vio a Moraima en el hotel le preguntó por Mauricio. “Ese carajo está muerto”, respondió la joven. Se armó una tremenda en Caracas, la gente llorando por la muerte de Mauricio. Y en Canarias también. Luego celebramos su resurrección”.
(Trino no se cansa de hablar de su amigo, que será una constante en la conversación. Una vez, Mauricio convocó a los más allegados en un bar habitual. Con mucha solemnidad. Cuando habían llegado todos, se subió a una silla y dijo: “He de comunicarles a ustedes que Moraima está embarazada”. Sus amigos corrieron a felicitarlo por la buena nueva, extrañados de su cara triste, pero Mauricio, con igual cara de circunstancias, se volvió a subir a la silla y añadió: “Yo no sabía que con la saliva se podía dejar embarazada a una mujer”. Y se quedó tan fresco).

-¿Quién fue el mejor presidente de Venezuela, Trino?
“Mira, Pérez Jiménez levantó moral y económicamente el país. Había una seguridad en las calles absoluta. La gente ganaba mucho dinero. Rómulo Betancourt fue un político de altura, que soportó tres golpes de Estado y que, tras el último, dijo, valientemente: “Ni renuncio, ni me renuncian”. Era un monstruo de la política. Yo siempre fui pro-adeco”.

-¿Y el peor?
“Carlos Andrés. ¿A quién se le ocurre nacionalizar el petróleo y acabar con la clase media más pujante e interesante y pudiente de Latinoamérica?”.

-¿Te llegaste a enamorar de Venezuela? Yo estuve allí 60 veces (tres de ellas contigo) y me pasó.
“Todavía sueño con Venezuela. Aquellos fueron los mejores treinta años de mi vida. Y eso que hubo momentos en que lo pasé mal: me hirió la policía, en las revueltas que siguieron a la caída de Pérez Jiménez; estuve a punto de morir en una explosión cerca de La Guaira, en un suceso no aclarado nunca que hizo que un tanque de petróleo reventara. Mató a un compañero fotógrafo que estaba junto a mí y a mí me lanzó varios metros”.

-Se puso fea la cosa durante una huelga de Últimas Noticias.
“Metieron preso a Miguel Ángel Capriles. A mí me detuvo la policía en mi casa y a otros compañeros también. El bachiller Castro, comisario de la brigada, me dijo: “O van al periódico y terminan esa huelga, o Capriles no sale vivo de aquí”. Sacamos el periódico a la calle, claro. Capriles era un demócrata, que se llevó muy bien con Rómulo y con el propio Caldera”.

-Hubo otro reportero tinerfeño famoso, Justo Molina.
“Mala persona; me tenía muchos celos. No se portó bien conmigo, ni lo querían en los periódicos en los que trabajó”.

-¿Tú crees que el gran error del Gobierno fue esa nacionalización de los pozos?
“Por supuesto. Habría que recordar aquella frase de Uslar Pietri en el Parlamento: “Nacionalizar, no; lo que hay es que sembrar el petróleo”. Carlos Andrés se equivocó de plano”.

-¿Pasaste hambre, en los comienzos?
“No, y te voy a contar por qué. El padre Agustín, de San Juan de Dios, aquí en Tenerife, me recomendó al superior del hospital de la orden en Sabana Grande. Y los frailes comían de maravilla. Y allí iba yo todos los días a almorzar. Mauricio se enteró y se apuntó. Y entonces fuimos dos los invitados, de gorrones, a comer a costa de los frailes”.

-Mauricio y tú ya dijiste que eran como hermanos.
“Claro que sí. A él le encantaba fardar. Se compró un Studebaker de segunda mano, que era la sensación de Caracas (conducía fatal, el añadido es mío). Y colocó una raqueta en la bandeja trasera del coche, donde habitualmente va el perro que mueve la cabeza. Yo le pregunté: “¿Pero tú estás jugando al tenis?”. Y me respondió: “Qué va, es que todos los pijos de Caracas juegan al tenis y colocan ahí la raqueta; no voy a ser yo menos”.

(Mauricio se hacía los trajes, a medida, en Clement, el mejor sastre de Caracas. Sus camisas tenían, en los puños, grabadas sus iniciales. “Una vez me invitó a Radio Caracas Radio, donde él trabajaba, y me presentó como “el mejor reportero gráfico del mundo”. Era un caso, un hombre brillantísimo. Otra vez entró en el Hogar Canario y vio allí un cuadro de un animal con cuernos. Mauricio empezó a gritar: “¿Pero por qué han colocado aquí un espejo?”).

-¿Te acuerdas de cuánto ganabas en aquella época?
“Al principio, unos 1.000 bolívares. Luego, cuando fui jefe de reporteros gráficos, unos 3.000. Alrededor de 100.000 pesetas al mes en los años 60. Era una fortuna”.

(Dos matrimonios. Un hijo del primero, Trino también, que no es Trino, sino Trinidad. Una hija con Wichi, su segunda esposa, que ha sido su fiel compañera durante más de 50 años. La chica está casada con un ingeniero y viven y trabajan en Tenerife. Y otro hijo, al que no ve, de una relación esporádica en Venezuela, quizá de soltero).

-¿Por qué volviste?
“Tú lo sabes, fuiste la persona que me dio mi primer empleo cuando regresé. Fotógrafo de la Agencia Interinsular de Noticias (AIN) y de Canarias 7. Pues vine porque mi mujer insistió. Corría el peligro de que la familia se partiera porque una vez le fui a hacer una caricia a mi niña y no me reconoció. Yo salía muy temprano y regresaba muy tarde, cuando ella ya estaba dormida. Fue un golpe a mi conciencia y me dije: tengo que arreglar esto en mi tierra”.

-Ya he dicho en alguna parte que fuiste Premio Nacional de Fotografía Deportiva.
“Por esas mismas razones familiares, pedí que me trasladaran a una sección más tranquila y me mandaron a deportes. En un partido de pelota disparé mi Nikon F, una maravilla, que había comprado en la zona franca del Canal de Panamá, y salió una foto preciosa. Pero lo mejor fue el premio”.

-¿Y eso?
“Porque el Comité Olímpico me invitó oficialmente a un evento en Puerto Rico. Y allí estaba yo en la playa, la noche de San Juan, cuando conocí a una carajita que me hizo sus gracias. Y casi no me sacan de la playa. Imagínate: entre hogueras, la noche de San Juan, en una playa cerca del viejo San Juan. Qué tiempos”.

-Has fotografiado a Chaplin, a Rocky Marciano, a Cantinflas, a Rómulo Gallegos, a Chávez (conmigo, una vez), a Curro Girón, a Kennedy y a Jacqueline. Todos esos, y muchos más, los tienes en un libro, muy bien editado en Canarias.
“Sí, pero para mí la mejor foto fue la de El Tibio”.

-¿Y quién era El Tibio?
“Un nadador venezolano, campeón mundial, al que llamaban El Tibio porque su padre había nacido en un pueblo que se llamaba Aguas Frías y su madre en otro que se llamaba Aguas Calientes”.

-Habrás vivido miles de anécdotas en 30 años de profesión en Venezuela.
“Sí. Una de ellas, curiosa. Me pasé días y días, por todo el país, buscando al globo “Pequeño Mundo”, que había salido de El Médano, en Tenerife, pero que nunca llegó a Venezuela. Se quedó en una isla por el camino, ahora no recuerdo en cuál”.

-¿Es verdad que fuiste empresario de zapatería?
“Bueno, sí, pero yo sólo llevaba la contabilidad. La jefa era mi mujer, que tenía otros dos empleados. Nos fue bien, pero aquello no era lo mío. La zapatería se llamaba La Gioconda”.

(No sé si Mauricio le llegó a contar la anécdota de un conocido dueño de una zapatería de Santa Cruz, que instaló un sofisticado sistema de espejos para ver las nalgas, desde la trastienda, a las clientas. Luego comentaba quién llevaba bragas y quién no. ¿Cosas de Mauricio?).

-Fundaste los Liqui Liquis y trajiste el Chicharro.
“Sí, señor. Y entregué las orquídeas de plata a las reinas del Carnaval de Santa Cruz. Y no me olvido de que cuando robaron el Chicharro, tú, que eras director de La Gaceta de Canarias, titulaste, a toda página: “Se mamaron el Chicharro”. Menos mal que Miguel Zerolo colocó otro igual, porque yo tenía la foto del diseño que me había hecho Juan Ruano, el pintor, y cuyo original guardo en mi casa”.
(El gran hombre del carnaval, Juanito Viñas Alonso, es compadre de Trino. Los dos se cargaban juntos de vez en cuando).

-Si fueras más joven, ¿volverías al periodismo activo?
“Yo ahora mismo, si un periódico me llamara, volvería, aún con 90 años”.

-Amigo, eres un monstruo.