Educación

Julio Yanes: “Los primeros periódicos de Las Palmas nacen para reivindicar los derechos históricos de capitalidad”

El profesor de la Universidad de La Laguna adelanta que le aguarda un arduo e ilusionante trabajo en el desarrollo de las líneas de investigación que ha trazado, que marcan la ruta que espera seguir en los próximos 20 años

El profesor de la Universidad de La Laguna, Julio Yanes Mesa. Sergio Méndez
El profesor de la Universidad de La Laguna, Julio Yanes Mesa. Sergio Méndez

Por las manos del catedrático Julio Yanes ha pasado la información que se agrupa bajo más de 500 cabeceras, los títulos que en portada distinguen a cada uno de los trabajos impresos del periodismo en Canarias que se inició con el impulso de los ilustrados en el siglo XVIII: Gaceta de Daute y el Hebdomadario, y que cobró vitalidad con El Atlante, editado en Santa Cruz de Tenerife, en 1837, y así hasta la actualidad. Ha diseccionado el pensamiento atrapado en el papel de tirada periódica, el mensaje de impulso comunicativo, y tiene la virtud de hacer llegar tal apasionada inquietud a sus alumnos en la facultad de Ciencias Políticas, Sociales y de la Comunicación de la ULL. Adelanta que le aguarda un arduo e ilusionante trabajo en el desarrollo de las líneas de investigación que ha trazado, que marcan la ruta que espera seguir en los próximos 20 años.

Julio Yanes investiga y da cuenta de los logros que alcanza en las diferentes publicaciones, más de un centenar. Nos hemos citado en la plaza del Príncipe para hablar de su obra más reciente: La primera división provincial en los orígenes y consolidación del periodismo grancanario, 1852-1859, que publica Ediciones Densura, “iniciativa historiográfica independiente” que aspira a dinamizar la investigación de la Historia de Canarias, en la que hace el número 14 de los títulos publicados.

-¿Qué sucedió en ese septenio?
“Para entenderlo nos hemos de situar en el contexto canario durante el reinado de Isabel II, en la llamada década moderada, y ante un clima de reivindicaciones que se remonta a 1808 y que podemos citar como germen del tantas veces mentado pleito insular. En 1852 entra en vigor el real decreto de Puertos Francos a iniciativa de Juan Bravo Murillo, que ocupaba la cartera de Hacienda y la presidencia del Consejo, y unos meses después de su inserción en la Gaceta de Madrid aparece El Porvenir de Canarias, el primer periódico privado de las islas orientales. El Gobierno había subdividido al Archipiélago en dos distritos, con subgobiernos en Las Palmas y en Santa Cruz de Tenerife, que mantuvo la capital de la provincia única. En Gran Canaria y desde las páginas de El Porvenir se promueve una gran movilización que aspira a la descentralización de la provincia y aunque no parte de una determinada tendencia ideológica, consigue alcanzar un gran consenso social. Destaca en la redacción en ese medio el intelectual Agustín Millares Torres, y en esa misma línea se expresan los diarios El Canario y El Crisol, con textos que muestran los derechos históricos. Se publican suplementos que se reparten por toda la Isla invitando a la población a leerlo para que conozca y apoye lo que se reivindica”.

-¿Periodismo movilizador?
“En ese periodo se detecta la bicefalia entre Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife, en permanente forcejeo por la pugna insularista, y a su vez se acentúa el pragmatismo y la moderación que nos distinguen. La llamada que hacen a la población cala sin dificultad. Hay que decir que además de los dos periódicos citados se publican en Gran Canaria otros títulos: El Despertador Canario-El Canario, La Reforma, Revista Semanal y El Ómnibus. Todos dan cuenta de la bipolaridad templada que caracteriza a los periódicos canarios, que se mueven en una línea alejada del exterior. Los primeros periódicos de Las Palmas nacen para reivindicar los derechos históricos de capitalidad”.

-¿Cómo, si la tasa de analfabetismo rondaba el 80%?
“Los periódicos, con ediciones espaciadas, casi nunca diarias, tenían una tirada muy limitada, en torno a los 100 ejemplares. Los que se aventuraban a desarrollar esa tarea buscaban en primer lugar una cifra mínima de suscriptores y cuando la tenían acometían su proyecto. Hay que pensar que en esos años la imprenta era incipiente y en la redacción participaban las elites intelectuales de todas las islas, que lo hacían por altruismo y también por narcisismo. En esos momentos no se contaba con la publicidad, pero pese al bajo nivel de lectura que teníamos, los periódicos llegan a todos. Estaban en los espacios de sociabilidad, es decir en los mentideros: barberías, casinos, tiendas, bares… Estoy convencido de que la información llegaba a la sociedad, pese a que la inmensa mayoría no sabía leer ni escribir; los que sabían daban voz a las noticias y el resto les escuchaba. Se volvía a leer todo lo que traía el periódico, y así una y otra vez; esa información mantenía la actualidad durante varios días. Desde allí, de boca a oído, la noticia recorría la isla, e incorporaba comentarios abiertos. Hay que tener en cuenta que era el único medio de comunicación; la radio y la televisión llegan muchísimo mas tarde. Hoy, por el contrario, estamos saturados al disponer de muchos canales y no poder abarcarlo todo. Los investigadores, por ejemplo, nos vemos obligados a seleccionar campos y autores concretos. El día tiene las horas que tiene…”.

-¿Estaban al servicio de la élite?
“Fueron instrumentos de los grupos dominantes, de la burguesía comercial que estaba en la cúspide de la pirámide social. A ellos corresponde acometer la tarea de salir a la palestra, y lo hacen con un modelo diferenciado, creando redes clientelares y fortaleciendo el canal mediante vasos comunicantes entre periodismo y política. Sus rasgos más característicos van a ser el consenso social, la moderación y el pragmatismo. En Canarias, por nuestra evolución histórica, establecemos un sistema de comunicación completamente diferente al que se da en la Península, siendo por ello el espacio más diferenciado de todo el Estado. El periodismo se estructura partiendo de tres modelos; uno de ellos es el que llamamos latino, que se desarrolla en el sur de Europa: Italia, Grecia, España, Portugal.., en el espacio donde el Antiguo Régimen tuvo un arraigo muy fuerte y por ello el liberalismo encontró dificultades para implantarse. En todos esos países encontramos bandos ideológicos muy polarizados que dificultan establecer acuerdos y pactos. En el centro y norte de Europa la situación es diferente; allí avanzó el Antiguo Régimen, pero su huella se fue diluyendo al dar paso al liberalismo que se implantó con más facilidad, y por ello se da un abanico ideológico polarizado que permite aceptar con normalidad la cultura del pacto. Por último, está el modelo angloamericano, que al no partir del Antiguo Régimen acepta el liberalismo y el consenso social. Canarias se aproxima mucho al modelo angloamericano, pues nuestra incorporación al mundo occidental fue al término de la Edad Media. Aquí el liberalismo entró con cierta placidez y por ello es fácil alcanzar un consenso social bastante alto, dominando el centrismo progresista. Entre el medio millar de periódicos que he estudiado no he llegado a encontrar ejemplos de ideología carlista, salvo uno muy marginal y de corta vida fechado en Las Palmas, que probablemente lo impulsó la población foránea, y lo mismo pasa con los que podríamos considerar de extrema izquierda”.

-¿Qué conclusiones podemos sacar?
“La disección de los periódicos que hemos estudiado permite entender mucho mejor el pleito insular, pues muestran la falta de ideologización marcada que tiene la sociedad canaria, dejando con ello abierto el espacio para encontrar la rivalidad en la otra isla, de ahí que aquí cueste tanto crear un partido con arraigo regional. He tratado de aplicar el microscopio social, acercándonos a la microhistoria, con intención de entender lo que está pasando. Parto del modelo y escojo un objeto local, aprehensible, y comienzo a plantear diferentes problemas. Opero con esos datos de manera meticulosa y trato de alcanzar conclusiones. Sigo la línea que desarrollan en Italia con la microhistoria y que en Alemania abarca a los trabajos sobre la vida cotidiana. El método permite entrar en lo que hay debajo, superando el riesgo que está presente cuando lo hacemos de manera genérica. Esta línea de trabajo la he podido llevar a casos muy concretos, como el que hemos dado en llamar emigración golondrina a Cuba, que se explicaba partiendo de las cifras genéricas de movimiento poblacional y consideraba que era el mismo contingente. Partiendo del estudio que hice en Güímar, reconstruyendo la biografía de cada emigrante, pude conocer que no eran los mismos los que iban y volvían cada año, pues la media de estancia en Cuba rondaba los siete años”.

-¿Podemos hablar de un modelo periodistico canario?
“Nuestra mentalidad es pragmática y abierta al exterior, por ello nos aproximamos al modelo angloamericano y a partir de ahí hemos desarrollado un modelo propio, que es el más diferenciado del Estado español; de todo ello voy a hablar en el XVI Congreso Internacional Asociación de Historiadores de la Comunicación, que se va a celebrar en Santiago de Compostela en septiembre. Señalaré que Canarias tiene muchos rasgos diferenciales y los va estableciendo desde los primeros periódicos. Piense que cuando se inicia el proceso que hoy estudiamos la velocidad de transmisión de las noticias era muy diferente; en la segunda mitad del XIX el vapor tardaba una semana en llegar y fue en 1883 cuando se pudo contar con el cable telegráfico. Desde entonces los contenidos de los periódicos aportan noticias de todo el mundo, con referencias a hechos relevantes: Napoleón III en su proceso de Imperio autoritario o la gira del circo que exhibía a Joseph Carey Merrick (el Hombre Elefante). El proceso de evolución periodístico en Canarias ha sido imparable, con etapas de nivel sobresaliente. Lo ejercían las elites intelectuales, con periodistas de talento sobresaliente que iban para adelante pese a los impedimentos del momento, como los que tuvo que sortear Leoncio Rodríguez y otros al abordar temas que eran intocables. Los franceses sostienen que el cambio de mentalidad en la población es lento y al estudiarlo coincidimos en esa observación”.