v centenario de la primera circunnavegación u El hallazgo de carlos pallés darias

Descubrimiento histórico: Magallanes-Elcano fondeó en Santa Cruz de Tenerife

Lo confirma el relato de uno de los supervivientes de la primera circunnavegación

Por Luis García Rebollo *

Una de las fuentes documentales aportadas por el investigador y arquitecto tinerfeño Carlos Pallés Darias en el I Congreso, Santa Cruz Puerta del Atlántico, Historia y Patrimonio, hace referencia a un documento, que, aunque es uno de los siete principales testimonios que se conservan y que se deben a los protagonistas de la primera circunnavegación (La Primera Vuelta al Mundo, Ediciones Polifemo), nunca había sido interpretado atendiendo a criterios científico náuticos, como hacemos ahora. Una circunstancia que ha podido contribuir a que su excepcional contenido se haya pasado por alto hasta la fecha.
Se trata de un relato enigmático de apenas una página de extensión, de enorme valor histórico y náutico, que resume en unas pocas líneas el viaje completo de circunnavegación culminado por Juan Sebastián Elcano.

Con el título Breve et ristretta narratione, se incluye en el primer volumen del compendio Delle Navigation el Viaggi, de Giovanni Battista Ramusio, editado por primera vez en 1550. En particular el ejemplar cuyo fragmento se acompaña corresponde a la cuarta edición impresa en Venecia en 1588, perteneciente a los fondos de la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid. Y procedente a su vez, en 1705, de la librería de la Compañía de Jesús de Alcalá.

Está escrito con el mismo estilo parco y sintético que utilizaban los pilotos en los cuadernos de bitácora. Y a pesar de su poca extensión contiene datos muy valiosos que coinciden, e incluso complementan, a los del derrotero de Francisco de Albo y del diario de Pigafetta. Lo que por otra parte prueba su veracidad y originalidad.

Tal es el caso de la escala de la expedición en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, que nombra expresamente, siendo el único documento conocido hasta la fecha que lo hace. Cosa que viene a confirmar el resultado de las investigaciones que situaba en Santa Cruz uno de los fondeaderos de la flotilla, junto con el tenedero de Montaña Roja (Granadilla). Unas investigaciones que abarcaron desde la batimetría de las costas de Tenerife, el régimen de vientos y corrientes de los meses de septiembre y octubre, las velocidades y derivas de las carenas de las naos del siglo XVI, los aparejos y navegación de bolina, radios de borneo y catenarias de los cables de las anclas, derroteros e instrucciones para pilotos, o la documentación náutica e historiográfica de las expediciones previas al Maluco de Juan Díaz de Solís, entre otros.

La conclusión es que Magallanes y Elcano fondearon en el puerto de Santa Cruz, además de frente a Montaña Roja, circunstancia por la que la capital de Tenerife pertenece, desde hace algún tiempo, a la Red Mundial de Ciudades Magallánicas.

Una interpretación náutica

Traducción y observaciones de Luis García Rebollo del relato ‘Narración corta y restringida’

‘NARRACIÓN CORTA Y RESTRINGIDA’
“De un compañero portugués de Odoardo Barbosa que fue en la nao Victoria en el año 1519 y circunnavegó el mundo”.
(Ningún tripulante de origen portugués sobrevivió al viaje en la nao Victoria. Sí lo hizo Vasco Gómez Gallego, apodado El Portugués, que coincidió con Duarte Barbosa en la nao Trinidad)
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“En el nombre de Dios y a buen salvamento. Partimos de Sevilla en el año 1519 el 10 de agosto con cinco naves para ir a descubrir las Islas Molucas, desde donde comenzamos a navegar, y desde Sanlúcar a las Islas Canarias, y navegamos al Sudoeste (Lebeccio) 960 millas, donde encontramos la isla de Tenerife, en la cual está el puerto de Santa Cruz (dato no aportado por Pigafeta, igual que en este relato no se menciona la escala en Monte Rosso, Montaña Roja), en 28 grados de latitud norte”. (Las distancias en la mar se medían entonces en leguas, de manera que un grado de arco de círculo máximo sobre el globo terráqueo equivalía a 20 leguas, y cada legua a 3 millas náuticas, que a su vez equivalían a un minuto de arco. Sin embargo, la legua terrestre llamada “vulgar”, sin ningún patrón de referencia, tenía 4 millas. Sea por este factor de conversión, por los errores en la longitud, o porque se contabilice el recorrido incluyendo todas las bordadas, las distancias anotadas tienen aparentemente grandes errores, no así las latitudes que son suficientemente exactas y coherentes con Albo y Pigafeta. Al igual que las fechas).

  “Desde esta isla de Tenerife navegamos durante días unas 1680 millas hasta llegar a cuatro grados de latitud norte”. “Desde estos cuatro grados norte navegamos al Sudoeste hasta recalar en el Cabo de San Agustín, que está en ocho grados de latitud sur, después de recorrer mil doscientas millas. Y del Cabo de San Agustín navegamos al Sudsudoeste 864 millas, hasta encontrarnos a veinte grados de latitud sur”. “Y desde los veinte grados de latitud sur, navegamos 1.500 millas al Sudoeste donde encontramos el río que tiene 108 millas de la boca, que está en 35 grados latitud sur, y que bautizamos con el nombre de Río de San Christofano (se refiere al actual Río de la Plata, hasta donde llegó y donde murió Juan Díaz de Solís en la anterior expedición en busca del Maluco. Quien también hizo escala en Santa Cruz de Tenerife para aprovisionarse de carne, agua, leña, e, incluso, tablones tea para proteger las carenas de la broma, que fueron suministrados desde La Laguna por su mejor transporte y menor coste, en lugar de Agache).

“Desde este río navegamos 1.638 millas al sudoeste una cuarta oeste hasta la punta de Lobos Marinos, en 48 grados de latitud sur (en la actual Punta Buque, dato no aportado por Albo). De esta punta de Lobos Marinos navegamos al Sudoeste 350 millas, donde llegamos al puerto de San Julián. Pasamos 5 meses esperando que el sol regresara a nosotros, porque no lo hubo junio ni julio, sino 4 horas al día. Desde el puerto de San Julián, el cual está en 50 grados de latitud sur (Albo, a bordo de la Trinidad, lo sitúa en 49 grados 2/3 con mayor exactitud, lo que reforzaría la teoría de que su diario estuviera escrito por Elcano que iba en la Concepción. En cualquier caso, es patente que quién escribió la Breve et ristretta narratione no iba en la misma nao que quien escribió el diario de Albo), partimos de allí el 24 de agosto de 1520 y navegamos hacia el oeste 100 millas (esta apreciación es consecuencia del error en latitud, en realidad navegaron al sudsudoeste), donde encontramos un río, al que llamamos Río Santa Cruz, y nos quedamos hasta el 18 de octubre. Este río está en 50 grados de latitud sur (dato que no aporta Albo, y es exacto). Partimos del 18 de octubre y navegamos a lo largo de la costa 378 millas al sudoeste cuarta oeste, donde encontramos un estrecho al que damos el nombre de Victoria, por ser esta nao la primera que lo vio, algunos le llamaron el estrecho de Magallanes, porque nuestro capitán se llamaba Fernando de Magallanes. La boca de este estrecho está en 53 grados y medio de latitud sur (también difiere ligeramente de la calculada por Albo, que, con independencia de la dificultad de las observaciones astronómicas en altas latitudes, juega a favor de la teoría citada anteriormente). Y navegamos por este estrecho 400 millas hasta la otra boca, la cual está también en 53 grados y medio de latitud sur (dato que no aporta Albo y suficientemente exacto para los medios de la época en altas latitudes). Desembocamos este estrecho el 27 de noviembre de 1520 (tanto Albo como Pigafeta anotan este hecho el día 28)”.

Delle Navigationi et Viaggi.
Delle Navigationi et Viaggi.

“Navegamos al oeste noroeste 9.858 millas hasta encontrar la línea equinoccial (ecuador), en la derrota encontramos dos islas deshabitadas, separadas la una de la otra 800 millas, a la primera le damos el nombre de San Pedro y a la otra de los Tiburones. San Pedro (Albo la llama San Pablo y la sitúa en 16 grados ¼, y Gines de Mafra en 15 grados que coincide con la isla de Pukapuka) está en 18 grados de latitud sur, y los Tiburones en 14 grados sur (Albo la sitúa correctamente en 11 grados ¾ de latitud sur). Y a partir de la línea equinoccial navegamos 2046 millas al Oeste Noroeste. Donde encontramos varias islas entre diez y doce grados de latitud norte. En estas islas había mucha gente desnuda tanto hombres como mujeres, a las que les damos el nombre de islas de los Ladrones, porque nos robaron el bote (Pigafetta se refiere al bote de la Trinidad). No diré el camino que hicimos, porque lo extendimos mucho. Pero diré que de estas islas de los Ladrones para ir a las Molucas hay que navegar al Sudoeste mil millas, donde encontramos muchas islas a las que llamamos archipiélago de San Lázaro (Filipinas). Y un poco más adelante llegamos a las islas Molucas, que son cinco: Ternate, Tidore, Motil, Maqui y Bachiam. En Ternate los portugueses habían construido un castillo muy fuerte (construido en 1512 por Francisco Serrao, amigo de Magallanes, con el que planeaba comercializar las especies desde allí)”. En este punto se separan las naos Trinidad y Victoria en la isla de Tidore.

“Desde las islas Molucas hasta las islas Banda hay trescientas millas, y se va con rumbos diversos porque hay muchas islas en medio, y tienes que navegar visualmente hasta el archipiélago Banda que está en cuatro grados y medio de latitud sur. Allí recogimos de treinta a cuarenta mil cántaros de nuez moscada, y ahora recogimos mucha masia (corteza olorosa de la nuez moscada)”. (A partir de aquí, el relato deja de ser una crónica para convertirse en una recomendación o un plan de navegación).
 
“Si se quiere ir a Calcuta es necesario navegar siempre entre las islas hasta Malaca, la cual dista de las Molucas dos mil millas, y de Malaca a Calcuta otras dos mil millas. De Calcuta a Portugal hay catorce mil millas”.  

Breve et ristretta  narratione ii.
Breve et ristretta
narratione ii.

“Si desde las islas Banda se quiere encontrar el cabo de Buena Esperanza, es necesario navegar al Oeste Sudoeste hasta alcanzar la latitud de treinta y cuatro grados y medio sur, y después navegar hacia el Oeste, siempre haciendo buena guardia para no encallar en el cabo de Buena Esperanza, o en sus proximidades”.

“Desde el cabo de Buena Esperanza se navega al Oeste cuarta al Noroeste (Maestro) 2.400 millas, hasta llegar a la isla de Santa Elena (en la que Elcano no hizo escala, dejándola muy hacia Poniente), donde los portugueses van a tomar agua y leña, y otras cosas. Está en dieciséis grados de latitud sur, y está deshabitada, si no es por un hombre portugués, que no tiene más que una mano y un pie, sin nariz, ni orejas, que se llama Fernando López”. (La situación de Santa Elena era un secreto celosamente guardado por los portugueses, mientras que Fernando López existió en realidad. Mutilado por orden del Gobernador de Goa, Alfonso de Albuquerque, acusado de traición. Vivió en la isla entre 1513 y 1530, lo que prueba nuevamente la fidelidad y veracidad de este relato). 

“De esta isla de Santa Elena navegando mil seiscientas millas al Noroeste se llega a la línea equinoccial. Desde la que se navega 3534 millas al Noroeste una cuarta al Norte (Tramontana) hasta alcanzar la latitud de treinta y nueve grados de latitud norte (sin embargo, Juan Sebastián de Elcano recorta su derrota arrumbando al Nornoreste, una vez pasada la latitud de Canarias). Y en estos treinta y nueve grados para ir a Lisboa navegará novecientas cincuenta millas al Este, donde encontrará las islas Azores, que son siete, a saber: la Tercera, San Georgio, el Pico, el Fayale, La Graciosa, de Levante, la Isla de San Miguel, y la isla de Santa María, todas entre los treinta y siete y los cuarenta grados de latitud norte. Desde la isla Tercera navegando hacia Levante mil cien millas hasta llegar a las tierras de Lisboa”.