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José Zurita López, jubilado y atleta: “Lo que me gasto en zapatillas me lo estoy ahorrando en farmacias”

Nació en Lucena (Córdoba) en 1944 y fue profesor de Educación Física. Pidió plaza en Santa Cruz de Tenerife y, desde finales de los 70, se vino a la Isla. Trabajó hasta pasados los 60 años y lleva el deporte en la sangre… y en las piernas
José Zurita López | FRAN PALLERO
José Zurita López | FRAN PALLERO
José Zurita López | FRAN PALLERO

Nació en Lucena (Córdoba) en 1944 y fue profesor de Educación Física. Pidió plaza en Santa Cruz de Tenerife y, desde finales de los 70, se vino a la Isla. Trabajó hasta pasados los 60 años y lleva el deporte en la sangre… y en las piernas. Una lesión le obligó a dejar el tenis, su otra gran pasión, y desde que se jubiló se dedica a hacer medias maratones y maratones, habiendo competido en una decena de ellas por diversas ciudades del mundo. José Zurita tiene dos hijos, ambos ingenieros. Uno en la rama de Informática y se va a dedicar a la enseñanza. De hecho está preparando unas oposiciones y ahora está en La Laguna, mientras que el segundo es ingeniero de Telecomunicaciones, ingeniero industrial, e hizo un máster de fotovoltaica en Almería. Actualmente está trabajando en esta rama en Madrid, aunque ha estado en países como México y Chile, además de haber trabajado también en Valencia.

-A punto de cumplir75 años, ¿a qué se dedica usted?
“Entenderás que, por la edad, estoy jubilado. Fui profesor de Educación Física y fue por vocación. Como la actividad física siempre me ha gustado, al dejar de dar clases, pues continué practicando y aquí sigo, haciendo deporte todos los días. Me metí en el atletismo y compito en las carreras que se realizan a lo largo del año”.

-¿Se considera un personaje peculiar?
“No, para nada. Simplemente, soy uno de los tantos que vienen a Las Teresitas a hacer deporte. Somos jubilados, tenemos tiempo y formamos equipos. Después, nos vamos a tomar las cervecitas y el pescadito”.

-Actualmente, ¿cómo es un día en su vida, desde que se levanta hasta que se acuesta?
“Normalmente, me levanto más o menos temprano, pero no madrugo. Lo que hago es desayunar muy bien, porque es la base fundamental, para luego poder entrenar y llevar a cabo la actividad física. Después del mediodía, me meto con el ordenador, reviso el correo electrónico, hablo con mis hijos y, luego, me preparo las cosas para venirme a Las Teresitas y entrenar”.

-¿A qué se ha dedicado profesionalmente en su vida?
“A la Educación Física, como profesor. Estudié, como no existía todavía el INEF, en la Escuela de Mando. Los primeros que nos formamos en esta especialidad asistíamos a unos cursos en verano, concretamente a la Escuela de Mando José Antonio, que estaba en Palencia”.

-Y una vez jubilado se dedica a entrenar…
“Mi entrenamiento va enfocado a las competiciones que tengo por delante. Las pruebas hay que planificarlas. Eso lleva un tiempo y lo divido en una serie de lugares diferentes. Por ejemplo, cuando lo que hago es montaña, un día voy a Las Raíces (La Esperanza) y allí salgo para el cortafuegos y vuelvo. Hago subidas, bajadas, toboganes y, de esa manera, me oxigeno bien. La segunda parte del entrenamiento es ya de rendimiento y lo que suelo hacer son subidas. Voy a Igueste de San Andrés o me voy a El Sauzal y llego hasta el aeropuerto del Norte y bajo. Normalmente, suelo hacer dos medias maratones al año, la de Santa Cruz y la de La Laguna. Las carreras populares y las de menor distancia dejé de hacerlas hace tiempo. Prefiero prepararme bien para las medias maratones”.

-Háblenos de esa etapa cuando le dio por empezar a hacer maratones.
“Cuando me jubilé, como yo tenía un grupo de amigos con los que corría por La Laguna, lo hacíamos por el Camino de Las Peras, subíamos al campo de tiro de La Gallardina y también por el Camino del Rayo. Entonces comencé a hacer cosas mayores. Hice el Camino de Santiago, tanto por la ruta portuguesa como por la francesa. Cuando me jubilé fue donde me entraron las ganas de poder hacer medias maratones. Mi estreno fue en la Maratón de París, aprovechando que mi mujer era profesora de francés y le venía bien ir allí. Encontré un grupo de amigos y, desde ahí, ya quedamos para hacer otras maratones en otras ciudades. Fuimos a Quebec (Canadá), Atenas (Grecia), Estambul (Turquía), Viena (Austria) y Dublín (Irlanda), entre otras. Así, iba conociendo ciudades y haciendo lo que me gusta”.

-¿El deporte es parte de su vida?
“Es fundamental en mi vida. Si no hago deporte, me falta algo. Me entra el mono y, claro, si estoy una semana sin hacer algo de actividad física, me entra una desesperación muy grande. Por ejemplo, ahora he estado unos días con una infección en un ojo y no he podido correr por el sudor que ello provoca y por el polvo en suspensión. Por tal motivo, me he dedicado a nadar más”.

-¿Cómo le dio por ponerse a correr pruebas de larga distancia teniendo en cuenta su edad?
“He corrido siempre, toda mi vida. Desde que estaba en la OJE en Córdoba. Sé que lo de correr a esta edad no es muy normal, pero cuando el cuerpo se habitúa a una práctica es muy difícil desligarse de ella. Te doy un claro ejemplo: si no llega a ser por las lesiones, yo hubiera seguido jugando al tenis, que era una de mis pasiones”.

-¿En qué consiste su entrenamiento diario?
“Habitualmente, como sé que voy a participar en la Media Maratón de Santa Cruz, cuando faltan unos tres meses para su celebración empiezo a prepararme para dicha prueba. Una semana intensifico el entrenamiento en la bicicleta, pero si estoy tocado con alguna pequeña lesión, pues lo dedico mucho más a la natación. Lo voy alternando, pero suelo hacer a la semana entre 100 y 110 kilómetros, la mitad de bicicleta y la otra mitad de carrera. Unos días hago series, otros días distancia larga, otros los dedico a subidas, bajadas y toboganes. O sea, que alterno, porque no puedes hacer siempre lo mismo. A la natación le dedico entre dos y tres kilómetros”.

-¿Qué tipo de alimentación lleva?
“El desayuno es a base de mucha fruta, con cinco o seis unidades; pan integral, con tomate y aceite de oliva, porque mis tostaditas por la mañana son fundamentales; una buena taza de leche de la marca Alpro (preparado de soja), con cereales”.

-¿En qué colegio se inició y dónde cursó el Bachillerato?
“Me inicié en aquellas escuelas unitarias que había en Lucena, en Córdoba. El bachillerato también lo hice en Lucena, por aquello de hacer la especialidad de los bachilleratos laborales. La carrera la estudié en Córdoba. Primero hice Magisterio, para poder hacer la especialidad de Educación Física, ya que en aquella época no existía el INEF y lo que éramos es profesores en Educación Física”.

-¿Qué quería ser de mayor cuando solo era un niño?
“La verdad es que no se cumplió lo que hubiera querido, porque yo tenía familiares que se dedicaban a la construcción y mi ilusión hubiera sido la arquitectura. Sin embargo, en aquellos tiempos había que ir a estudiar a Madrid, era muy costoso y mis padres no me podían costear la carrera. Yo estudié la carrera por libre, compraba los libros, todo lo que hacía falta y, luego, iba a examinarme. Si me quedaba alguna asignatura pendiente, pues acudía a los que estudiaban por oficial y les compraba los apuntes, para prepararme bien para los exámenes de septiembre”.

-¿Su afición a correr le viene desde hace mucho tiempo?
“Sí. Yo ya corría con 13 años y hacía las pruebas de campo a través, la Vuelta Atlética a Lucena, etc., porque de siempre me ha gustado correr”.

-¿No le asusta correr con más de 70 años o considera que está lo suficientemente preparado para hacerlo?
“Me suelo hacer pruebas médicas relacionadas con la resistencia y el estrés. Te las realiza un cardiólogo y siempre me las hago antes de competir en una prueba. Las suelo superar con creces. Incluso, te puedo decir que el médico me suele comentar que me encuentra mejor que el año anterior. Por eso digo que Las Teresitas es un verdadero sanatorio”.

-¿Qué siente al correr?
“Liberación. Se te quita todo el estrés acumulado y la ansiedad que te pudiera aparecer. Además, como vamos corriendo un grupo de amigos, lo hacemos hablando de cualquier tema. En Las Teresitas podemos hacer natación y, luego, ir a comer a cualquiera de los chiringuitos para poder degustar un pescadito. Te puedo asegurar que es una vida buena para un jubilado. Por cierto, conmigo siempre está presente una frase que me dijo un profesor jugando al tenis: lo que te gastes en zapatillas, te lo estás ahorrando en farmacias. Vaya que sí es cierto”.

-¿En cuántas carreras ha llegado a decir “basta”, “hasta aquí llegué”, “ni una más”?
“Lo pasé muy mal en la Maratón de Viena, en Austria, porque en los bosques que rodean la ciudad hay una humedad grandísima. De hecho, todos los edificios, las piedras de los palacios y demás, los tienen que limpiar cada año. En aquella ocasión llegó un momento en el que, en el kilómetro 32, aproximadamente, en lo que llamamos los corredores el Muro, porque ahí el cuerpo se queda sin glucógeno y necesitas sacar energía de donde no hay. Entonces, como mis padres habían muerto y también una hermana mía, me acuerdo perfectamente que durante la carrera miré al cielo y vi tres pequeñas nubes. Me dije acordándome de ellos: por favor, ayudadme y denme fuerzas, porque no me quiero retirar de ninguna maratón y quiero terminarla. Pasé los kilómetros 35 y 36, superé la bajona y pude terminar la prueba”.

-¿Llega a percibir el aliento y el ánimo de la gente cuando está corriendo?
“Sí, claro. Sobre todo, de los amigos. Ellos me dicen que les gustaría llegar a mi edad, con 74 años, y estar corriendo. Les respondo que es muy fácil: metodología y que te guste, porque si te gusta no te pesa. Se trata de venir a entrenar todos los días, llueva o no llueva”.

-En cada competición en la que participa, ¿suele mirar mucho el cronómetro, por aquello de ir superando récords y objetivos que se marca?
“No, porque normalmente, como suelo correr solo, porque el grupo de amigos no corre las pruebas de competición, lo que hago es ir a mi ritmo sin detenerme a lograr determinadas marcas. Únicamente en San Sebastián me encontré con un grupo de corredores de Tenerife, concretamente de Güímar, y ahí sí que corrí en grupo. Cuando lo hago solo, siempre me tomo como referencia a una corredora y me digo a mí mismo: ella va corriendo delante, veo que no nos distanciamos y me propongo un objetivo claro. Ese es el caballo que tengo que seguir. Mi meta siempre es completar la maratón en unas cuatro horas. Al haber empezado a correr estas distancias de mayor, no pretendo abusar del cuerpo y los entrenamientos los realizo para adaptar el cuerpo a ese ritmo. De esa forma, lo soporto perfectamente”.

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