Política

Juan Luis Cebrián: “Los periodistas vamos diciendo que representamos al pueblo y estamos fuera de palacio, pero no es exactamente así”

Juan Luis Cebrián, periodista, académico y presidente de honor de ‘El País’

Juan Luis Cebrián, periodista, académico y presidente de honor de ‘El País’. | FOTO: Fran Pallero

Periodista, escritor, miembro de la Real Academia de la Lengua, amigo de grandes autores como García Márquez o Susan Sontag, conocedor del poder político, editor y opinador influyente, Cebrián ha sido alabado y también criticado duramente por quienes recelaban de su gran influencia. A sus 75 años, el tiempo lo trata bien y le permite seguir comentando la actualidad desde las páginas de El País. La Fundación DIARIO DE AVISOS le otorgó recientemente el premio Taburiente a su trayectoria profesional, donde recordó que su maestro, Jesús De la Serna, ya le habló de nuestro periódico la primera vez que lo entrevistó para trabajar en la redacción del diario Pueblo.

-A usted siempre lo han identificado con una figura de poder, ¿se reconoce en esa imagen?
“Cuando a mí me acusan de ser un representante del sistema, lo que hay que decir es que todos los editores, todos los directores de periódico lo son. En las dictaduras, porque los medios han sido la manera de conformar una opinión pública que les sea favorable a todo. Y en las democracias, porque la opinión pública se forma en torno a los medios de comunicación. Otra cosa es que haya mucha mitología en torno al periodismo en general, a la que contribuimos los propios periodistas, que siempre hemos estado diciendo que representamos al pueblo, que estamos fuera de palacio. Y no es exactamente así. Ahora bien, en un país democrático, los periodista stenemos una obligación, que es tratar de contar de una manera independiente lo que les pasa”.

-Pero esa supuesta pertenencia al sistema, ¿no condiciona el trabajo periodístico?
“Para mí, lo que es fundamental es cómo se ejerce el poder dentro de un medio. Los directores de periódico deben tener poder para hacer su producto. Cuando fundamos El País, yo insistí muchísimo en que no sería director si no tenía dos poderes fundamentales que han tenido todos los directores de El País: derecho de veto sobre todos los originales, incluida la publicidad -es decir, no se publica nada que el director no quiera-, y segundo, autonomía en la organización de la redacción. El director debe decir quién hace qué. Porque él es el responsable. Luego, están elementos de control, como el estatuto de redacción, el consejo de redacción o el defensor del lector, que se mantiene en El País, aunque haya desaparecido de otro periódicos. Pero yo no me preocuparía demasiado por todo eso. Lo importante es que los periodistas deberíamos ser contadores de historias. Y eso tiene un poder, que es el poder del relato”.

-A la hora de decidir publicar una historia, ¿cuánto le cuesta a uno hacerlo si aquellos que están en el poder son cercanos?
“No es tan difícil. Los periodistas no somos responsables de la publicación de las noticias que damos, sino de que las fuentes sean ciertas o de que estén comprobadas. No podemos pensar en cuál va a ser la reacción social o del poder político o económico en virtud de lo que publiquemos. Si no, no publicaríamos nada. La única apostilla que añadiría a eso es cuando hay en juego bienes superiores, fundamentalmente vidas humanas. En el secuestro de Antonio María de Orio Urquijo, publicamos algunas noticias que eran mensajes a los secuestradores. Cuando algunos grupos terroristas han pedido publicar un manifiesto a cambio de salvar una vida humana, yo siempre he sido partidario de hacerlo. Pero en líneas generales, ante la duda sobre si esta historia va a sentar mejor o peor, lo mejor es hacer periodismo”.

-¿Cómo pasa uno de ser señalado por Podemos en su tramabús como un representante del poder a presentar un libro con Pablo Iglesias y alabar su posición durante las pasadas negociaciones con Sánchez?
“Nunca he tenido una conversación a fondo con Pablo Iglesias. La vez que más nos hemos conocido fue el otro día en la presentación de Cal viva, la novela de Daniel Serrano. Él me citó varias veces desde la tribuna de las Cortes y puso mi cara en ese autobús. Es parte de esa historia que ha construido del Ibex 35, que tiene una parte de razón, pero que tiene también una parte de demagogia. Y fundamentalmente soy un liberal que cree que la ley pone coto a la injuria y a la calumnia. En lo de la investidura, considero que las demandas de Iglesias eran razonables, porque no se puede gobernar un país con 123 diputados. Si pides el apoyo de un partido político, le tienes que dar algo a cambio. Toda vez que el PSOE y Cs no querían gobernar juntos, que a mí me parecía la opción más razonable, si Podemos era el socio preferente para Sánchez, este no podía pedirles un cheque en blanco”.

Juan Luis Cebrián, periodista, académico y presidente de honor de ‘El País’. | FOTO: Fran Pallero

-¿Y Pablo Iglesias no le ha manifestado su sorpresa por que el señor del tramabús hable ahora bien de él? A ver si ahora van a compartir círculo…
“No. Yo conozco el mundo del poder, mentiría si no lo reconociera, pero nunca he participado en él. Toda mi vida he hecho periodismo, no sé hacer otra cosa. Si eres director, te tienes que mantener al margen. Yo era amigo de Felipe González cuando él era Isidoro. Al convertirse en presidente, tuvimos enfrentamientos fuertes, fundamentalmente por el tema de los GAL. De hecho, Barrionuevo fue a los tribunales. Una vez Felipe González perdió el poder, recuperamos la relación. Una vecindad excesiva con el poder, como a veces le ocurre a algunos cronistas en Cortes, genera una especie de camaradería que es perniciosa para el periodismo y para la política”.
[Cebrián escribe cada poco tiempo en el diario El País, sobre todo en Babelia y en la sección de opinión del periódico. Recientemente hacía un análisis poco esperanzador sobre la situación catalana: “En su logomaquia electoral [se refiere al Gobierno, a la Generalitat y a la mayor parte de los líderes políticos], democracia, libertad, justicia se proyectan como términos vacíos que no representan valores, sino eslóganes de campaña o gritos de insumisión. Mientras tanto, prometen cosas que saben no podrán cumplir, y propician la confrontación al tiempo que jalean la unidad”. Según Cebrián, “frente a la épica xenófoba y sectaria de los independentistas, hay que enarbolar una épica de nuestra democracia constitucional que por el momento nadie interpreta”. Según el CIS, esta tarea le volverá a tocar liderarla a Pedro Sánchez].

-Con usted al frente de PRISA, ‘El País’ llegó a llamar a Pedro Sánchez “insensato sin escrúpulos. ¿le pareció bien? ¿Comparte esa opinión hoy en día?
“Como decía antes, la línea de El País la marca el director de manera autónoma. Yo no estuve de acuerdo con las formas de aquel editorial, y se lo dije al director. Aunque no es fácil dar una opinión sobre los actuales líderes políticos de este país. Son gente que ha nacido ya en democracia, no conocen la Transición, y no han leído lo suficiente, pienso yo. Hay un defecto en el liderazgo del que participa Sánchez, y es que vienen de los aparatos de los partidos, aunque Sánchez haya estado en Bruselas o hable inglés, pero son gente que ha hecho toda su carrera profesional dentro de los partidos. Nunca han contratado a nadie y nunca han despedido a nadie, nunca han comprado ni han vendido nada, nunca les han contratado ni les han despedido. Viven en una burbuja que son los partidos, con listas cerradas y bloqueadas, que hacen que las burbujas sean mayores. Y creo que Sánchez es un producto típico, pero también Pablo Casado. Los nuevos partidos no tienen ese origen, pero quizá por eso cometen otros errores y son más pendulares. Pero creo que están en general muy distanciados de la vida real”.

-¿Pero no intenta su generación hacer un cierto tutelaje sobre estos nuevos líderes?
“Esta generación está mucho mejor preparada. Entre otras cosas, porque lo ha tenido mejor para hacerlo. Yo tuve que esperar 12 años para ver el mar y 14 para salir de España, 18 para subirme a un avión. Pero esta es una generación que no ha pasado hambre. La señora que trabajaba en casa me decía: ‘Cómete el pan, que es blanco’. Los perdedores no tenían pan y, si lo tenían, no era blanco. Eso no es malo para esta generación, pasa en general en toda Europa. Pero cuando se habla de la guerra civil… yo sé lo que es la posguerra, y que Franco se encargara de que la posguerra durara cuarenta años, yo conocía lo que había pasado en la guerra, no porque me lo contaran mis padres, sino porque aparecía en la tele, en los curas que estaban ahí. Había un ambiente que duró 40 años”.

-Entonces, ¿ve blanditas a las nuevas generaciones?
“Yo no creo que sean blanditas. De hecho, lo tienen más duro, están mejor preparadas pero lo tienen más difícil ahora”.

-¿Qué espacio le queda al periodismo hoy en día?
“A los periodistas mucho espacio, pero hace ya 15 o 20 años que dije que, si tuviera que fundar El País en ese momento. ya no lo haría en papel, sino directamente en la web. Y se montó un pollo generalizado, no solo en la redacción de El País sino entre los accionistas… Está desapareciendo el modelo de negocio de los periódicos y la opinión pública se está formando de una manera diferente. El impacto de la sociedad digital es tan fuerte o más que la aparición de la imprenta, que cambió la civilización completamente. Fue algo así como la anarquía, cuando todo el mundo interpretaba la biblia a su manera y comenzaron las guerras de religión. Va a haber periodistas. Como decía Eugenio Scalfari [cofundador del diario italiano La Repubblica], el periodista es “gente que le cuenta a la gente lo que le ocurre a la gente”. Somos contadores de historias. Pero ahora hay gente que cuenta las suyas propias. La realidad es que no sabemos lo que va a pasar, pero todo va a ser muy diferente”.

-¿En qué medio le gustaría trabajar si empezara ahora?
“No lo sé, llevo 54 años de carrera y mi opinión no es virgen, sino prejuiciada. Pero, para ser periodista, han caído muchas barreras. Arianna Huffington lo hizo desde el salón de su casa con un ordenador. 8 o 10 años después vendió su medio por 350 millones de dólares a America Online, que ya no sabemos ni dónde está. Eso es otra cosa que no entendemos de la sociedad digital, lo rápido que cambian las cosas. Los grandes líderes compran a sus pequeños competidores para cerrarlos”.

-¿Qué le parece que la FAPE haya vuelto a la carga con la exigencia de que solo los titulados universitarios en Ciencias de la Información o Periodismo puedan ejercer como periodistas?
“Eso siempre ha estado ahí. Cuando monté la Escuela de El País con José Juan Toharia, lo hice siguiendo el modelo de la Columbia Journaliast School, que fue creada por Pulitzer. Yo creo que el periodismo es un oficio. Lo básico es que un redactor escriba sobre cosas de las que sabe, que es algo que no siempre se da. Esa polémica de la FAPE estaba ya condenada al fracaso en los años 70. Ahora vuelve porque hay más graduados en CCII trabajando en gabinetes que haciendo periodismo”.

-Dice Owen Jones que, hoy en día, las redacciones se han aburguesado, que están llenas de gente de clases medias-altas y clases altas, pero no de orígenes más populares…
“No sé si es así. Por lo menos, en nuestro país. Yo creo que ahora han caído las barreras de entrada. Ahora, con el móvil, se puede hacer de todo, entrevistar, tuitear, etc. Es el mundo de los influencers. Yo siempre pongo un ejemplo: Kim Kardashian, 75.000.000 de seguidores. Obama, 5.000.000”.