Santa Úrsula

Luyet: “En la guagua hay un intercambio de sensaciones con la gente que no sé bien cómo explicar”

A los 31 años y a la primera convocatoria, Luyet Delgado convirtió en realidad su sueño de ser chófer de TITSA, un trabajo el que cree, seguirá “toda la vida”

Luyet en la línea 102, en la estación del Puerto de la Cruz. S.Méndez
Luyet en la línea 102, en la estación del Puerto de la Cruz. S.Méndez

Tiene 36 años y desde muy joven tenía claro que quería ser chófer de una guagua de TITSA. Un sueño que Acerina Luyet Delgado Lamadrid convirtió en realidad en el año 2014 cuando superó las pruebas de la empresa pública. Lo hizo en la primera convocatoria y fue la segunda de su promoción.

En Santa Úrsula, su pueblo natal, igual que sus amigos y compañeros de trabajo, todos la conocen por su segundo nombre, una palabra que utilizaban los guanches para referirse al lugar donde iban las almas cuando las personas fallecían, una especie de “más allá”.

Su amor por la conducción y por la empresa tiene dos vertientes. Por un lado, un novio que tuvo a los 20 años cuyo padre tenía una guagua de turismo y les propuso a ambos sacarse el carné y así lo hicieron. Sin embargo, continuó dando clases de pilates, un trabajo que le gustaba porque ayuda mucho a la gente a sentirse mejor, pero siempre tuvo la certeza de que no iba a ser para toda la vida.

Por otro lado, una vecina a la que considera como su hermana mayor y que actualmente es su compañera de trabajo, era conductora de la empresa, igual que el padre de ésta y su pareja en aquel entonces. ‘Nena’, como la apodan, siempre la animó: “sí, si, detrás de mí, tú siguiéndome los pasos”, le decía.

“Siempre tuve claro que la primera guagua que cogería iba a ser una de TITSA”, confiesa. Por eso, aunque las pruebas no fueron sencillas, sobre todo porque es mucha tensión y “te juegas un puesto de trabajo con unas condiciones muy buenas”, las superó con creces.

“Además de tener mucha ilusión, yo soñaba y me veía conduciendo en la guagua, lo tenía como objetivo. De hecho, creo que conseguí el segundo puesto porque tenía clarísimo que tenía que estar entre las primeras”.

Su ‘estreno’ fue en la línea 473 que va desde Los Cristianos hasta Los Gigantes, en el Sur de la Isla. Allí estuvo de reserva hasta que se pidió su línea. Fue la 467, también en el Sur, un servicio que tiene una media de entre 300 y 400 pasajeros diarios, y en el que además, las guaguas son articuladas. “La gente les tiene un poco de respeto cuando empieza porque es un vehículo que parte y la maniobra de marcha atrás es muy complicada. Parece fácil pero no es así”, explica Luyet. A ella no le supuso ningún impedimento.Por el contrario, estuvo cuatro años hasta que salieron plazas en el Norte y decidió volver.

Desde el pasado mayo alterna su trabajo entre las líneas 102 y 103. Siente la diferencia entre el Sur y el Norte, ya que “aquí que todo el mundo sabe cómo funciona el transporte público, mientras que en el Sur, además de tener más pasaje, hay muchos turistas y tienes que dedicar tiempo en explicárselo”.

Luyet traslada su filosofía de vida al ámbito laboral, ya que considera que solo con dar los buenos ideas y sonreír puede cambiarle el día a alguien. Procura tener siempre buena cara, subir la música y que la gente se evada. “Es un intercambio con los pasajeros. Si yo me estreso o tengo un mal día, se los paso a ellos y eso está comprobado, que dependiendo de lo que tú des, vas a recibir”, sostiene.

En estos cinco años ha tenido experiencias y anécdotas de todo tipo. Al poco tiempo de comenzar a trabajar, hubo una publicación en Twittter de un chico muy joven comunicándole a TITSA que se había enamorado de la conductora de la 467. También gente que ha preguntado por ella cuando ha estado enferma, porque al tener una línea fija “ya te conocen”, y por supuesto, aunque menos agradable, pasajeros problemáticos.

El último fue hace unas semanas cuando tuvo que parar la guagua y bajar a un hombre con problemas psíquicos porque amenazaba con pegarle a una chica. “Ni siquiera opuso resistencia”, cuenta.
“Sin embargo, en el Sur no es tan sencillo mediar porque la gente está de vacaciones, bebe y te enfrentas a situaciones donde muchas veces hay problemas. Al principio negociaba, pero ahora hay casos en los que los tengo que bajar directamente, porque no entienden que en la guagua no pueden beber ni gritar”.

No todo ha sido tan fácil. Alguna vez también tuvo temor. Recuerda un día en el que un señor se subió a su vehículo con una botella en la mano “con el único fin de liarla”. “Me fui con él a hablar a la calle y cuando se descuidó me metí deprisa en la guagua y la cerré. Intento reaccionar rápido para que el pasajero no se vea afectado”, asegura. Cuando no es posible, acude a los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado.

Nunca se sintió discriminada por ser mujer, ni por los usuarios y menos aún por la plantilla. “Si hay algo que destaco de la empresa es que mis compañeros son una maravilla”, mientas que el pasaje, “te ve y se alegra de que seas mujer. De hecho, hay muchos usuarios que evitan bajarse por la puerta trasera y lo hacen por la delantera para felicitarme”, cuenta.
Su familia siempre la apoyó. Su madre ha sido una luchadora nata y una mujer muy fuerte. “Todo lo que supusiera un reto la animaba a seguir para adelante. Por eso creo que prefería que fuese chófer de guagua a que fuera peluquera sin desmerecer un puesto u otro”.

Cuando viaja le encanta utilizar el transporte público. El mes pasado lo hizo en Suiza. “Daría lo que fuera por conducir un tren, porque estoy enamorada de los trenes”, bromea. Es más, si su pareja le propusiera “ahora mismo” irse a ese país, sería capaz de pedir una excedencia y buscar la manera de trabajar conduciendo un tren. Le resulta “apasionante” que en la misma calle pueda confluir con el tranvía, la bici, la guagua y el coche “y con un orden terrible”.

Prioridad para el transporte público
Eso es lo que echa de menos en la Isla, que exista prioridad para el transporte público. “Allí el conductor tiene incluso un mando para el semáforo, si está en rojo, pone el suyo en verde y el resto se pone en rojo y eso garantiza la puntualidad en cualquier medio.

Que ésto no ocurra en Tenerife, como trabajadora de la empresa pública de guaguas le genera una frustración, “porque piensas que se podría hacer de otra manera para que mucha gente vea que el transporte público es muy beneficioso y se anime a dejar el coche, con los beneficios que ello conlleva”.

En alguna ocasión se ha visto desesperada en una cola en la autopista, pero no por ella, sino por la gente. Por eso en la carretera cumple una premisa a ratajabla: ante una situación estresante, más se tiene que relajar, la desesperación no puede retroalimentarse. “Tú no eres el responsable de las broncas de otros porque llegan tarde al médico, a una cita o al trabajo y ahí está el trabajo psicológico que tienes que hacer contigo misma para no atribuirte algo que no es tuyo”, sostiene.

A esta joven santaursulera “le encanta su trabajo” y cree que eso se transmite. “Me gusta mirar por el espejo al pasaje y decirme a mí misma, ‘van bien, van cómodos’. Quiero que la conducción sea confortable y que ellos disfruten del viaje”.

Ha encontrado un trabajo que la hace sentir bien porque “en la guagua hay un intercambio de sensaciones con la gente que no sabe bien cómo explicar. Por eso pienso que seguiré en TITSA toda mi vida”.

Una vez una terapeuta le dijo que algo que la dejó marcada y que nunca olvida: que ella siempre había intentado conducir a la gente hacia su camino y casualidad o destino, trabaja en lo que soñó, manejando una guagua.

“Todavía hay muchos moldes que romper en el ámbito laboral”

Sabe que todavía hay quienes piensan que por tener una profesión o un trabajo que antaño sólo eran para los hombres no se puede ser femenina. Nada más lejos de la realidad. Cada vez más son las mujeres que se cuidan y ella es un ejemplo, ya que además de ser guapa, va siempre maquillada y cuida su físico al extremo.