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Trino Garriga: “Trabajaba tantas horas en Venezuela que cuando fui a coger a mi hija pequeña no me conoció”

Ha visto medio mundo a través del objetivo de su inseparable cámara fotográfica. Tiene sabiduría y vivencias para hipnotizar a cualquiera porque, además, posee el don la palabra... y de la imagen. Así, sus relatos se disfrutan en una doble dimensión y si los cuenta en la sala del Parlamento de Canarias que lleva su nombre suenan aún mejor. Allí está como en casa.

Ha visto medio mundo a través del objetivo de su inseparable cámara fotográfica. Tiene sabiduría y vivencias para hipnotizar a cualquiera porque, además, posee el don la palabra… y de la imagen. Así, sus relatos se disfrutan en una doble dimensión y si los cuenta en la sala del Parlamento de Canarias que lleva su nombre suenan aún mejor. Allí está como en casa.
– Don Trino, estamos en una sala que tiene mucha historia en sus paredes…
“Y estos son solo los primeros plenos, del año 57, de aquella primera legislatura. Ahora quiero hacer una nueva exposición de esta última, de la actualidad”.
– Han cambiado mucho los tiempos…
“Hay muchas personas que ya no están con nosotros, pero esa es la historia, esa es la vida”.
– Y también se ha ido dejando de lado aquella romántica profesión del reportero gráfico, ahora ustedes son fotoperiodistas…
“Nunca lo he dicho tan claro como ahora. Hubo un fotógrafo en Madrid al que se le ocurrió cambiarle el nombre al reportero gráfico. Ese fotoperiodista solo lo conocen en España, en ninguna otra parte del mundo, es un nombre que no me cae en el oído. Siempre hemos sido reporteros gráficos, en cualquier idioma del mundo, pero hubo un enteradito en Madrid que, con poder, introdujo este nombre y a mí me indigna. Mi padre era reportero gráfico, yo también y mi hijo también lo es”.
– Está claro que su vida va relacionada siempre con la fotografía, desde el primero de sus días…
“Antiguamente todo el mundo se iba a retratar a los estudios fotográficos. Allí se hacían las fotos de los bautizos, de las comuniones, las bodas… Mi padre tuvo un estudio hasta que tumbaron el edificio para hacer otro. Era un estudio muy famoso y era rara la familia que no tuviera una foto de estudio, ya eso hoy no se lleva. Allí vivíamos, en una casa muy grande delante del estudio. Yo nací en un estudio fotográfico”.
– Y demostró pronto que su futuro lo tenía encaminado hacia la fotografía…
“Es que me metía en el laboratorio con mi padre, que me permitía acostarme más tarde que mis hermanos para estar con él revelando por la noche, que era cuando mejor se trabajaba en el laboratorio. Era algo innato, siempre digo que me crié en una cubeta de revelado. Cuando terminé el Bachillerato mi padre quiso que estudiara contabilidad, no sé para qué. A mí me gustaba la fotografía y yo me fugaba del colegio, llegué hasta a falsificar la firma de mi padre para justificar alguna falta… Me fugaba y mi padre se convenció de que lo mío era la fotografía. Así me metí desde muy joven en el laboratorio a trabajar en lo que amaba”.
– Además de ser usted un hombre creativo a través de la fotografía, también era muy ingenioso, porque algo inventó…
“Sí, un revelador de grano fino para que el negativo diera lo menos posible. Eran diez gramos de metol y cien de sulfito, para un litro, rebajado a partes iguales. Tardaba cinco minutos en revelarse ese rollo, pero no daba grano ninguno, era un revelador limpio”..
– ¿Lo exportó usted a Venezuela?
“Allí lo usaba cuando tenía tiempo porque era otra forma de trabajar. Allí lo querían todo rápido, había que entregar en un minuto”.
– ¿Y se acuerda de cuál fue su primera fotografía?
“No, pero tuvo que ser alguna de las que salía a hacer con mi padre. El único que iba de ayudante con mi padre era yo. Montaba el trípode, iba enfocando, él ponía a la gente y hacía la fotografía. Convivía mucho más tiempo con mi padre que los demás hermanos, era su favorito. por eso. Él me daba las fotografías para que se las llevara a El Día cuando ni siquiera se pagaba el trabajo de fotógrafo, siempre este trabajo estuvo mal pagado”.
– Es curioso porque en cualquier publicación la fotografía es fundamental y es el creador de esa imagen el que pasa más desapercibido en todos los sentidos…
“Es cierto, es curioso. No debería haber diferencias de sueldos en ese sentido. Hace tiempo me hicieron una entrevista en la que me dijeron que había redactores que decían que la fotografía en los periódicos sobraba. La respondí rápido. Le dices a ese iluminado que una fotografía en una publicación es una imagen bien hecha rodeada de letritas negras. Es muy difícil que una persona lea una o dos páginas de una información que no lleve una fotografía, la foto resume muchas cosas. No es que el redactor no haga falta, por supuesto que sí, pero al mismo nivel”.
– Muchas veces la gente no se da cuenta de que lo que hay detrás de una fotografía es una persona que, en muchas veces, ha sufrido mucho para poder conseguir ese documento. En su profesión se ha encontrado con las fotografías más bonitas, pero también con las más crueles, las más desagradables…
“Antes de irme a Venezuela hacía fotografías normales para La Tarde y para El Día, sobre todo de procesiones, desfiles, cosas que antes había muchas más. Al regresar, después de venir a una América en ebullición, siempre con golpes de estado, con revolución, me di cuenta de la tranquilidad y la paz con la que vivíamos en Tenerife. Por suerte aquí no ocurría nada para hacer un trabajo fotográfico sensacional, era imposible, ahora hay muchas más noticias que no había en el año 87. Ahora cualquiera hace una foto con un móvil y sirve de portada. Ese invento ha acabado con la fotografía. La gente pasa las fotos al ordenador y luego se pierden, han choteado la fotografía. Y eso que ahora está considerada como un arte”.

– Ahora también los fotógrafos hacen un trabajo más global. ¿Antes había una mayor especialización?
“Sí, ahora cualquier fotógrafo hace un partido de fútbol y luego está en un pleno del Parlamento. Y eso no es malo porque quiere decir que el fotógrafo, seguramente, tendrá sus preferencias, pero es multidisciplinar, abarca toda la fotografía”.
– Usted hizo mucha fotografía deportiva en Venezuela…
“Muchísima. Yo cubrí muchos eventos deportivos”.
– Pero sus inicios allí no fueron fáciles…
“Para nada, porque concertar una cita con un dueño de un periódico era casi imposible. Yo cuando llegué quería hablar con Miguel Ángel Capriles, que fue el dueño de la Torre de la Prensa, que tenía 36 publicaciones. Me gustaba el periódico Últimas Noticias y quería trabajar allí así que fui al periódico y pregunté por él. Delante de su despacho había un guardaespaldas gigante que luego moriría en un accidente, se llamaba Jesús Polacre. Le dije que quería hablar con don Miguel Ángel, preguntó y me dejó pasar. Entonces le dije a Capriles que quería trabajar en su periódico, que era fotógrafo, de Tenerife y me gustaba mucho su publicación. Capriles me dijo que sabía que los canarios éramos buenos trabajadores y que no tenía ningún empleado canario. Descolgó el teléfono y habló con Jesús Grande, jefe de información de Últimas Noticias y así empecé a trabajar. Lo primero que me mandaron fue a hacer cuatro actos sociales, cada uno de ellos en un club de Caracas y todos en lugares muy distanciados. Armengol era un amigo mío taxista que conocía allí y él me sacó del apuro. Cuando volví al día siguiente con las fotos de los cuatro actos Jesús Grande se dio cuenta de las ganas que yo tenía de trabajar y que hacía las cosas bien”.
– Se ganó su confianza…
“Y tanto. Me dio la responsabilidad de cubrir los actos del Palacio de Miraflores ¡la sede del Gobierno en Venezuela! Me dijo que confiaba en mí. Él era cubano y yo canario y como los dos veníamos de fuera le caí bien y tuvimos mucha afinidad. Estuve muchos años con aquel cometido, desde Pérez Jiménez hasta Luis Herrera Campins. Donde iba el presidente iba yo, mañana, tarde, noche, en Venezuela o en el extranjero. Fue terrible, fueron casi 20 años así”.
– Entonces hubo un antes y un después en su vida…
“Tuvimos una hija, que ya tiene 42 años y cuando fui a sacarla del cochito se puso a llorar. No me conocía. Pasaba tanto tiempo fuera de casa que no sabía quién era. Yo salía desde las siete de la mañana y volvía por la noche porque allí el tráfico era caótico, yo vivía algo apartado y tardaba una hora en llegar al trabajo y en regresar a casa. No me conoció mi hija y entonces me planteé un cambio y lo comuniqué. Era muy apreciado por mi trabajo, me decían que no querían que cambiara, que era un fotógrafo magnífico y me conocía todo el mundo, pero necesitaba cambiar. Me pasaron para deporte”.
– Béisbol, boxeo… diferentes disciplinas y unos cuantos premios para sus vitrinas…
“Sí, gané premios hasta decir basta. El Premio Nacional de Fotografía, por ejemplo… tengo muchas placas y muchos trofeos de fotografía, toda deportiva, en política no te dan ninguno. El deporte me permitió viajar, ver los Juegos de México, las Series Mundiales de Béisbol en Estados Unidos, Juegos Panamericanos…”.
– Es que había muchos venezolanos jugando en las Grandes Ligas de béisbol en Estados Unidos…
“Sí, había muchísimos y conocí a muchos de ellos, Víctor Davalillo, César Tovar, Luis Aparicio… tuve la suerte de ganar un premio con un campeonato júnior de béisbol con el pitcher y el catcher dándose las manos. Los dos llegaron a las Grandes Ligas y luego volvieron a Venezuela y les volví a hacer la misma fotografía 15 años después, jugando en Caracas”.
– Su personaje deportivo favorito, sin embargo, no fue ningún jugador de béisbol, fue un nadador que se llamaba Felipe Muñoz, pero lo conocían por otro nombre…
“Sí, era El Tibio. Hice mucha amistad con él. Fue campeón de 200 metros mariposa, un gran deportista y todos lo llamaban El Tibio. Era un chico muy modesto, pero yo no sabía de dónde le venía ese sobrenombre y le pregunté a alguien allí. Lo llamaban El Tibio porque su padre era de un pueblo llamado Aguas Frías y su madre de otro llamado Aguas Calientes”.
– En México hizo buenas amistades…
“Allí me quedé durante aquellos 15 días, era un país inseguro, era una locura. En la Plaza Garibaldi había cientos de rancheras, no sabías para donde mirar. A mí no me pasó nada, pero era muy inseguro. Luego tuve amistad con Mario Moreno Cantinflas, iba a su casa, conocí a su mujer, nos hicimos amigos”.
– ¿Cuál fue la fotografía que siempre quiso hacer y nunca hizo?
“Hubo una fotografía. Yo iba a venir un mes de diciembre a pasar la Navidad a Tenerife, porque yo venía todos los años, pero en Carnavales. Ese año no pude venir en Navidad por cuestión de trabajo y había un barco que era el Santa María que era el que venía a Canarias porque entonces no se viajaba en avión. No pude coger el barco y resulta que un tal Galvao secuestró aquel barco y navegó durante días pidiendo liberaciones de presos políticos y otras cuestiones. Los fotógrafos de agencias de noticias hasta intentaron hacer esa foto del barco secuestrado saltando en paracaídas y dos de ellos cayeron al agua. Nadie pudo hacer esa foto, esa se me escapó. Luego hice la foto del barco llegando al muelle de Santa Cruz porque viajé dos días después y llegué antes que el Santa María. Mandé aquella fotografía y me la publicaron, pero no era la foto que yo quería hacer”.
– ¿Cuál es la fotografía que nunca le hubiera gustado hacer?
“Le digo dos. En Tacoa, en unos grandes tanques de combustibles hubo una explosión. Veneziano era un fotógrafo italiano del Universal y fuimos los dos. Yo me acerqué más y hubo otra explosión que yo fotografié, pero la onda expansiva se lo llevó a él. Desapareció. Luego hubo otra en el golpe de estado de Castro de León, durante un tiroteo. Los fotógrafos nos refugiamos en un cerro y un compañero, Liendo, al lado mío, recibió un disparo y cayó muerto. Huímos, pero luego tuvimos que subir a hacer las fotos que no habíamos hecho”.
– Seguro que habrá muchas, pero ¿me puede decir una sola foto de la que se sienta especialmente orgulloso?
“Es muy difícil, por no decir imposible. Pero voy a contar un caso, mi amigo Cristóbal García, fotógrafo de la Agencia Efe, es el que me escoge las fotografías para cualquier exposición. Él es mucho más joven que yo, pero él escoge esas fotos porque yo me siento incapaz de hacerlo. Hay una fotografía de Charles Chaplin, en Venezuela, que cuando la fui a hacer habíamos muchos fotógrafos me agaché y le hice la foto desde abajo. Él me vio y llamó al traductor porque nos vio tan tensos que nos quiso decir que, al menos, había que reirse dos veces al día. Esa foto me emocionó. Luego tengo otra con Cantinflas a la que le tengo una gran estima. Al presidente Kennedy quizá fue la que más me costó porque lo tenían rodeado los guardaespaldas, era imposible. Habilitaron una plataforma para que hablara y nos pusieron muy lejos y además prohibían los teleobjetivos grandes por miedo a atentados, lo más que permitían era un 135. Así que me fui colando entre la gente y me coloqué en la primera fila. Pude hacer aquella fotografía de Kennedy y su esposa Jackie y también me emocioné… hasta que llegó una mano que me agarró y me sacó de allí”.

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