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Alicia Vanoostende, consejera de Agricultura: “Europa ha ido dando la espalda al campo a favor de acuerdos comerciales con terceros países”

A la difícil situación de los agricultores para igualar costes y beneficios de la producción, se une la intensa sequía, motivada entre otras cosas por el temible cambio climático
Alicia Vanoostende, consejera de Agricultura del Gobierno de Canarias. | FOTO: Sergio Méndez

Desde luego, no es un buen momento para el campo canario. Si bien el turismo, principal motor económico de las Islas, está sufriendo ahora las consecuencias del recién llegado coronavirus, el sector primario no levanta cabeza desde hace meses. A la difícil situación de los agricultores para igualar costes y beneficios de la producción, se une la intensa sequía, motivada entre otras cosas por el temible cambio climático; la merma de ayudas europeas, tras la salida de Reino Unido de la UE; y ahora el temporal de viento y calima de la pasada semana que dejó a muchas cosechas, sobre todo de aguacates, plátanos y papas, literalmente en el suelo. Este es el motivo por el que el Gobierno de Canarias está realizando una evaluación con los cabildos insulares para declarar algunos municipios como zonas catastróficas. Paralelamente, el sector se sumará, el próximo 14 de marzo, a las movilizaciones del resto del país como protesta por la pérdida de rentabilidad y competitividad que convierten esta actividad en “insostenible”. Así las cosas, parece que se ha dado la tormenta perfecta en el campo canario.

-Los agricultores piden la declaración de zona catastrófica por las tremendas pérdidas tras el temporal de viento y calima de la pasada semana ¿Tienen ya tomada alguna decisión?
“Estamos viendo con los cabildos insulares, que son los que tienen las competencias, con la agencia de extensión agraria, y con agroseguro, los daños del temporal que, sobre todo, han sido en La Palma y en la zona Norte y Sur de Tenerife en los cultivos de la papa, plátano y aguacate. Paralelamente, estamos valorando conceder subvenciones para las infraestructuras dañadas y sacar un nuevo seguro colectivo, del que se habla desde hace tiempo, para el aguacate y la viña para que todos los cultivos puedan estar cubiertos. Hasta ahora, los seguros para estas producciones eran individuales, lo que provoca que sean más costosos. También queremos solicitar al Ministerio bonificaciones del IRPF, pero como le digo, la declaración de zona de emergencia o catastrófica dependerá de la evaluación final de los daños”.

-¿Podemos decir que Canarias está en emergencia hidríca por la escasez de agua?
“Eso también tendrán que ser los cabildos los que lo decidan y, por el momento, parece que en las reuniones que han tenido se ha descartado. No obstante, tenemos que ser conscientes de que esta es una sequía importante, y no sabemos si esa va a ser la tónica habitual en el futuro, por lo que tendremos que estar pendientes y tomar medidas”.

-Parece que, finalmente, Canarias va a perder ayudas europeas. Se habla de hasta 73 millones para el periodo 2021/2027. ¿Cómo puede ahora afrontar el campo también una reducción de los recursos?
“Es un momento complicado, la verdad, porque vemos cómo en los últimos 10 años el campo ha ido perdiendo peso y rentabilidad porque cada vez los insumos cuestan más y los precios de venta no es que hayan subido en la misma proporción. Y, además, hay cuestiones como el brexit que nos está generando mucha incertidumbre, sobre todo en sectores como el tomate o el pepino; y los aranceles de Trump, que a Canarias no nos afecta tanto, solo a algunas bodegas que exportan a EE.UU., pero sí que suma. Y si encima hablamos de recortes en las ayudas comunitarias pues ya la situación se vuelve preocupante. Por eso, desde Canarias seguimos defendiendo que el sector primario es un sector estratégico que no podemos abandonar y dejar de lado porque, al final, se trata de nuestra alimentación y Europa tiene que entender que una parte de su estrategia debe ser la soberanía alimentaria y poder ser tu propio productor. Creo que Europa ha ido poco a poco dando la espalda al campo a favor de acuerdos comerciales con terceros países en los que favorece la exportación de tecnología a cambio de ceder en cuestiones del sector primario”.

-Bueno, en esto Europa siempre ha sido un poco hipócrita, porque las exigencias de normativas a las que tienen que hacer frente los productores europeos no son las mismas que se le piden a los terceros países para introducir un producto en la UE. Le pongo varios ejemplos: el tomate marroquí, la banana o la carne que entra en la UE procedente de Latinoamérica.
“Tiene razón. Tenemos que trabajar en igualdad de condiciones. Las condiciones laborales que hay en Marruecos no son las mismas que aquí para la recogida del tomate. Hay menores costes salariales en el país africano. O, por ejemplo, en Europa hay productos fitosanitarios que no se pueden utilizar, y que sí se permiten en terceros países y la UE sí permite que esos productos entren en Europa. Y hablo de productos que no afectan, claro está, a la seguridad alimentaria, pero sí al trabajador o al medio ambiente. Todo esto nos pone en una situación de desventaja y esto es importante que el consumidor lo sepa. Hay productos que vienen de fuera con mucha más carga fitosanitaria que los que están aquí. No sólo en las frutas y hortalizas, sino también en la carne o los pescados. Hay que conocer, por ejemplo, cuáles son las condiciones de cría en Europa y fuera de Europa, que no son las mismas. En este sentido, creo que la fuerza está en que el consumidor apuesta por consumir el producto local y exigir que los etiquetados sean correctos”.

-Esto es complicado. Casi una labor de docencia, porque la mayoría de las veces el consumidor va al precio. No mira la etiqueta.
“Es verdad. Todos lo hacemos. Con las prisas con las que va uno al supermercado, ¡cómo para pararse a leer el etiquetado! Pero, sinceramente, creo que las cosas están cambiando y el consumidor está siendo cada vez más consciente de lo importante que es una alimentación saludable”.

-¿Y qué dice la UE de todas estas contradicciones?
“Pues bien poco. Ahora quieren que el sector sea sostenible, y eso está bien, pero es complicado porque ¿cómo ser sostenible y llegar a final de mes?. Entonces, lo que nosotros le pedimos es que nos apoyen en esa transición. De la misma manera que apoyan la descarbonización en Polonia para que cambien a energías renovables, pues creo que también nos tendrían que apoyar para que el sector cambie a modelos más sostenibles. Y, por otro lado, exigir a esos terceros países que también sean sostenibles, porque lo que no podemos hacer es luchar en diferentes ligas. Es decir, no puedo hacer un esfuerzo e invertir en ser sostenibles, que me parece muy bien, pero que después me entre una producción de fuera que no lo es. Y encima entra a un precio mucho más económico que el mío porque, entre otras cosas, tiene unos costes laborales más bajos y no ha invertido en sostenibilidad. Y en esto siempre hemos sido claros: respecto a las producciones agrarias de terceros países, le pedimos a Europa que les exija que usen los mismos productos fitosanitarios que nosotros para no estar en desigualdad. Y también reforzar los controles en aduanas para que los productos que entren cumplan la normativa europea”.

-¿Cree de verdad que Canarias podría llegar a la soberanía alimentaria?
“Bueno, estamos elaborando una estrategia de soberanía alimentaria y tenemos estudios que elevan esa sobería hasta el 30%, dependiendo del producto, claro. Por ejemplo, en la papa o el queso tenemos mucho autoconsumo, pero en otros, como la carne, estamos muy lejos. Lo que queremos con este plan es hacer una estrategia porque está claro que a la soberanía no vamos a llegar, pero sí queremos crecer en cuando a los niveles de autoabastecimiento local. Deberíamos estar casi obligados a ir a esa tendencia porque dependemos tanto del exterior que cualquier problema que podamos tener nos aisla”.

-El 14 de marzo, los agricultores saldrán a la calle en Tenerife para recordar que soportan sobrecostes estructurales, diferentes a los peninsulares, y exigir que merecen una especial sensibilidad.
“Todos tenemos que tener sensibilidad y apoyamos las reivindicaciones del sector. Pero también tienen que ser sensibles los consumidores y las cadenas alimentarias a la hora de pagar al productor, porque este siempre es la cadena más débil del eslabón. Si, por ejemplo, se concentrara la oferta de productores para poder tener un mayor poder de negociación frente a las grandes cadenas se podrían conseguir mejores precios de partida, y si, encima, se puede recortar la cadena de distribución para reducir los intermediarios, será mucho mejor”.

-La reforma de la Ley de Cadena Alimentaria que acaba de aprobar el Gobierno pone limitaciones y fija no vender a pérdidas.
“Si, pero aparte de la venta a pérdidas, también es importante otra modificación, que es la publicidad de las sanciones para que todos conozcamos cuáles son las empresas que no respetan la normativa y conocer el precio de coste de cada cultivo para evitar disparidad de precios y proteger al agricultor”.

-¿Cómo puede afectar la subida del SMI al sector?
“Bueno, en Canarias la situación es bastante estable. De hecho, en el último trimestre creció el empleo agrario, creo que en 3.000 personas, pero es verdad que cada vez más los productores tienen más exigencias legales, fiscales, normativas… y los precios no han crecido en la misma proporción. Por eso entendemos que el campo salga a la calle, porque tiene que reivindicarse, porque parece que es un sector que no tiene importancia en la sociedad y sí la tiene. Siempre decimos que nuestro PIB es el turismo, pero, siendo cierto, detrás del sector agrario hay un tejido social importante y, además, es nuestra alimentación. Somos conscientes de que la edad media del campo es alta, pero también hay ahora gente joven, enólogos, bodegueros,… que se están interesando y que están aportando al sector otra visión a través de la gastronomía”.

-Hay quien opina que el sector agrario está altamente subvencionado, y que sólo vive de las ayudas.
“¡Qué más quisiera el sector que no necesitar las subvenciones! Porque generan mucha burocracia y retraso, pero se equivoca: no estamos hablando de subvenciones, se trata de compensaciones, porque estamos produciendo en una RUP donde se soportan sobrecostes estructurales, diferentes a los peninsulares. Y estas compensaciones ayudan al sector a competir en igualdad de condiciones y a jugar en la misma liga que el resto de producciones del territorio peninsular. ¡Ya quisieran no depender de las subvenciones! Mire, la tierra aquí es siete veces más cara que en la Península, el agua también, hay muchos insumos que hay que traer de fuera cuyo sobrecoste es importante; más lo que supone producir aquí, donde no existe la mecanización, lo que lleva una incidencia en la mano de obra muy importante”.

-¿Se prepara ya la revisión del REA?
“Si en ello está la Consejería de Economía, pero a nosotros nos gustaría que se hiciera una evaluación de lo que ha sido el REA, qué supone y qué queremos conseguir con esta herramienta en el futuro. Creo que sería interesante hacerlo”.

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