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Juan Arencibia de Torres: “El Museo Militar nació con escaso entusiasmo del mando y gracias al apoyo de Hermoso y Adán Martín”

DIARIO DE AVISOS publica hoy una de las últimas entrevistas con el investigador fallecido el pasado lunes, en la que repasa su vida y vocación
Juan Arencibia de Torres. DA
Juan Arencibia de Torres. DA
Juan Arencibia de Torres. DA

Juan Arencibia de Torres (Gran Canaria, 1931) es una persona de difícil encaje en un esquema rutinario. En esta entrevista, una de las últimas realizadas al militar e investigador fallecido el pasado lunes, publicada en el Anuario 2019 del Real Casino de Tenerife, repasa su vida y vocación histórica y deportiva. Militar de carrera, ha ejercido de escritor, profesor, historiador, divulgador, conferenciante o periodista. Impulsor del Museo Militar de Canarias, tiene “unos veinticinco” libros publicados, con temática que va del fútbol al matrimonio, pasando por el ámbito militar o el histórico. Socio del Real Casino de Tenerife desde 1956, ha coleccionado tantos premios literarios como condecoraciones militares y también ha recibido las máximas distinciones de la sociedad: la insignia de oro y brillantes y el Premio Faustino Martín.

Los años pasan, pero la elegancia y los buenos modales no se pierden. Lo demuestra don Juan mientras responde con exquisita corrección a los socios del Real Casino de Tenerife que le saludan y se interesan por su salud. Vestido con un sombrero de paja, “que da un poco de presencia y además disimula la calvicie”, jersey gris, camisa de color rosa y pantalón de pana oscuro, usa un bastón como ayuda para caminar. Tras elogiar “una biblioteca única en Canarias”, accedemos al salón Duque, donde se sienta y pide “medio café”. “Es el único vicio que me queda”, dice con humor antes de iniciar una charla que acompaña con un hablar pausado y una privilegiada memoria.

-Militar, escritor, historiador, divulgador… ¿Cómo se define Juan Arencibia de Torres?
“En primer lugar, como militar e historiador. Y también como una persona muy curiosa, que quiere saber el por qué de todo. Recuerdo que siempre me han gustado los concursos culturales, porque luego me obligaban a profundizar en libros o enciclopedias para saber más”.

-¿Cómo surgió la vocación militar en un estudiante de 20 años de segundo curso de Ciencias Químicas en la Universidad de Zaragoza y sin antecedentes militares en su familia?
“Esa es una pregunta que yo me he hecho muchas veces… y tengo claro que esa vocación militar nace de unas tremendas ganas de prestar un servicio a España, algo que me consta que puede sonar extraño en estos días. Y no se trata de una afición militar ligada al ámbito de las armas o de la guerra, sino a un aspecto más próximo por ejemplo a la enseñanza, a servir a España instruyendo en los cuarteles a mucha gente –y hablo de porcentajes del treinta o el cuarenta por ciento– que llegaba allí siendo analfabetos y el servicio militar era la única opción que tenían de aprender a leer y escribir o adquirir algo de cultura general”.

-¿Desde esa visión se entiende quizás que, acabados los estudios y convertido ya en teniente de Artillería, se presentara voluntario para ejercer de profesor en el Campamento de la Instrucción Premilitar Superior, en Los Rodeos?
Por supuesto, pues siempre entendí que el soldado, como los alumnos en los colegios, necesita una intensa formación moral, amén de conocimiento histórico. Y ese ideal he tratado de que me guíe hasta el fin de mis días. De hecho, mis primeros pinitos como escritor están ligados a temas morales y militares”.

-En una época de relativo aislamiento de España, viajó hasta en tres ocasiones [1964, 1968 y 1972] a la base militar de Fort Bliss (Texas) para seguir durante 36 meses distintos cursos de especialista en radares o misiles tierra-aire del tipo Hawk o del sistema Nike. En su caso, ¿la vocación por aprender y por formarse siempre le ganó a la comodidad de ocupar un destino en la Isla?
“Sin duda, porque siempre entendí la formación como clave para el progreso. Además, entonces éramos pocos los militares que hablábamos inglés, por lo que me presenté voluntario para formarme en las técnicas más modernas que existían en misiles antiaéreos y nos fuimos a Fort Bliss con otros cinco o seis capitanes para, meses después, impartir nosotros los cursos a unos docientos suboficiales que acudieron desde España. Y poco después se trajo a España el primer grupo de misiles Hawk, que era el mejor sistema que había en el mundo y aún hoy siguen instalados en La Línea de la Concepción (Cádiz). Recuerdo que se estudiaba con la máxima confidencialidad, en libros que no se podían sacar del fuerte, con estrictas medidas de seguridad”.

-Durante aquella estancia en El Paso (Texas), creó un equipo de fútbol que competía en el Campeonato de las Naciones de carácter militar y en el que jugaba como delantero centro. Primo hermano del mítico internacional español Pancho Arencibia, ¿no habrá perdido el CD Tenerife un ariete de primer nivel por culpa del ejército?
“Ja, ja… para nada. Era más la afición que el talento. Aunque entonces mi condición física no era mala porque había hecho en Toledo los cursos de profesor de Educación Física y había puesto en marcha en Tenerife el primer gimnasio público que se montó en la Isla, con unos aparatos entonces muy modernos, que estaba enfrente del hotel Mencey. Eso sí, el fútbol se limitó a ser una pasión, algo que me conquistó desde muy joven. De hecho, antes incluso de ser socio del CD Tenerife me había hecho socio del Real Zaragoza mientras estudiaba en la Universidad”.

-Tras su ascenso a comandante, desde 1973 simultaneó durante diez años su servicio a los generales Lacalle Leloup y Ascanio Togores con una fecunda actividad periodística y divulgativa como director de la revista ‘Hespérides’ y del programa radiofónico ‘La hora del soldado’ (RNE en Canarias). ¿Cuándo surge esa vocación?
“Muy pronto, siendo un niño. Recuerdo que con diez años, viviendo en Icod, escribí una crónica futbolística de un partido del Icodense y la metí por debajo de la puerta de la sede del periódico El Día… y cuál fue mi sorpresa cuando apareció publicada. Ese fue mi primer artículo y un acicate para seguir. Y en referencia a la revista Hespérides y el programa La hora del soldado, creo que fueron dos iniciativas que sirvieron para acercar el ejército a la sociedad”.

-A partir de ahí, organiza diversas actividades destinadas a acercar los cuarteles a la población, especialmente a los jóvenes. ¿Esta convivencia entre la sociedad civil y el ejército es una asignatura pendiente en la España actual?
“Totalmente. Y es curioso que de eso se dieran cuenta en 1980, cuando tras organizar en Canarias actividades como las visitas escolares a los cuarteles, el ministro Rodríguez Sahagún me propuso trasladar la iniciativa a Navarra y yo le sugerí hacerlo en Cataluña, región a la que me unían vínculos familiares por el origen de mi madre. “Ya es tarde”, me dijo… y es sorprendente que, hace cuarenta años, ya tuviera esa visión. Por suerte, pude desarrollar esa misión de acercar el ejército a la sociedad en Canarias y creo que fue un éxito, debido en gran parte a la colaboración de la Universidad de la Laguna y del entonces capitán general González del Yerro”.

-Poco antes, en 1976, con el traslado del DIARIO DE AVISOS a Tenerife y a petición de su director, Leopoldo Fernández, comienza a colaborar en la prensa. Primero con la página semanal ‘Fuerzas Armadas’, durante quince años, ampliando luego sus colaboraciones a otros medios y a aspectos históricos, deportivos o de actualidad. ¿Qué supuso para usted ese contacto constante con la sociedad?
“En primer lugar, es obligado agradecer a Leopoldo Fernández que me ofreciera esa posibilidad, que me permitió escribir alrededor de unos cinco mil artículos hasta mediados de 2010, cuando finaliza esta colaboración. Cuando me lo sugirió, fue como ver los cielos abiertos y no sólo me permitió acercar el ejército a la sociedad, sino también divulgar aspectos históricos y de todo tipo”.

-Aunque, alguna vez, determinados artículos le causaran problemas.
“Es evidente que mis opiniones no siempre son bienvenidas y en un mundo en el que es difícil desligar la realidad de la política, algún grupo manifestó su oposición a mis artículos, aunque he de decir que yo siempre estuve lejos de los partidismos políticos y cerca de España”.

-Coronel Jefe del Regimiento Mixto de Artillería nº93 de Tenerife, pasó a la reserva en 1989. ¿Existió sensación de vacío o sus múltiples ocupaciones mitigaron ese paso a la reserva?
“Por suerte estaba sumergido en otras ocupaciones como escribir y nunca tuve esa sensación de vacío. Y lo que sí tuve fue más tiempo disponible, lo que ha hecho que unos 18 de los 25 libros que he escrito se hayan publicado tras mi jubilación”.

-Si hiciera balance, ¿Juan Arencibia le ha dado más al ejército o el ejército a Juan Arencibia?
“En realidad, el ejército me lo ha dado todo y yo sólo soy un grano de arena en la inmensidad de lo que supone el ejército español. Y ahí existen elementos mejores y peores, más o menos inquietos… y yo me incluiría en ese grupo de los insatisfechos y que, desde esa insatisfacción, ha tratado de colaborar en la búsqueda de un ejército mejor”.

-Narrar la historia de Santa Cruz y de Canarias, de sus personajes más célebres o de lugares emblemáticos como el Círculo de Amistad, la Refinería o el Real Club Náutico, ha sido también otra de sus grandes pasiones. ¿Se le ha quedado en el tintero alguna obra o algún personaje del que le hubiera gustado escribir?
“Me hubiera gustado escribir algo más sobre la historia de Canarias, pero no hay ninguna pena porque Canarias ha tenido excelentes historiadores como Rumeu de Armas o Viera y Clavijo, a los que hubiera sido imposible acercarme, mientras que Santa Cruz de Tenerife también ha tenido la fortuna de contar con Alejandro Cioranescu. En ese aspecto, yo he sido más un divulgador”.

-“Juan, has publicado libros de todo tipo, pero al final te van a conocer por haber escrito la ‘Historia del fútbol en la provincia de Santa Cruz de Tenerife’ y el libro de los’ 75 años de historia del CD Tenerife”, le advirtió el escritor y político Juan- Manuel GarcíaRamos. ¿Se equivocó?
“Cuando me hizo ese comentario apenas había escrito seis o siete libros, pero el tiempo ha demostrado que no le faltaba razón. La verdad es que escribir sobre el CD Tenerife me ha dado una gran popularidad, porque el fútbol alcanza a un grupo de lectores amplio y variado. Otro tipo de obra histórica referida a instituciones como el Círculo de Amistad o el Real Club Náutico fue más complicada de escribir, pero es evidente que el fútbol da más fama. Y si es por calidad, me quedo con El jefe y sus cualidades [Premio Nacional Ejército de Literatura al mejor libro inédito en 1979], que tal vez sea el único de mis libros que merece la pena”.

-Creador y primer director del Museo Militar de Canarias, ubicado en el cuartel de Almeida (Santa Cruz de Tenerife), ¿qué supuso para usted ver inaugurada esa obra en 1988, impulsada con más entusiasmo que medios?
“Medios, ninguno. Y entusiasmo de los mandos militares, escaso. Digamos que me dejaron hacer, pero no me ayudaron, algo que debo reconocer que sí hicieron las autoridades civiles, con Manuel Hermoso [alcalde de Santa Cruz] y Adán Martín [presidente del Cabildo Insular] a la cabeza. El proyecto salió adelante gracias en parte a su buena voluntad, con la entrega en depósito de elementos como el cañón El Tigre, las banderas arrebatadas al almirante Nelson… Una vez inaugurado, ya sí que tuvo buena aceptación entre los mandos militares, pero costó mucho que vieran la utilidad de esta iniciativa”.

-Durante ocho años, entre 2001 y 2008, dirigió ‘Canarias Siglo XX’, una tertulia televisada sin gritos ni insultos, junto a Luis Cola, Sebastián Matías y Pedro Doblado, que era muy seguida. ¿Aún es posible otro tipo de televisión en España o nos rendimos definitivamente?
“Todavía no nos rendimos, pero veo complicado hacer una televisión así en la actualidad. Y eso que creo que en las televisiones locales tendrían éxito los programas culturales y divulgativos, dirigidos tanto a jóvenes como a mayores, con temas muy cercanos. La idea de aquel programa fue de Paco Padrón [director de Canal 7 del Atlántico] y luego lo pude desarrollar con las premisas de no discutir, respetarnos los turnos de palabra, no alimentar la polémica… y funcionó porque además conté con grandes colaboradores. Echo de menos a [el ya fallecido] Luis Cola, con su educación y conocimientos”.

-Más allá de sus múltiples condecoraciones militares, también ha sido distinguido por instituciones civiles como el Círculo de Amistad XII de Enero, que le nombró socio de honor, así como por el Hogar Canario de Barcelona, que le designó Canario del Año en 1997 por su actividad cultural en favor del Archipiélago. ¿Tienen sabor especial los premios de la sociedad civil?
“Reconozcamos que los seres humanos somos vanidosos y que los premios, todos los premios, son bienvenidos. Personalmente, nunca me he postulado, pero reconozco que una de las distinciones que más ilusión me hizo recibir fue la de Hijo Adoptivo de Santa Cruz de Tenerife, algo que le agradeceré siempre al alcalde José Manuel Bermúdez. Nací en Las Palmas, pero Santa Cruz es la ciudad a la que he dedicado los mejores años de mi vida y ese reconocimiento tiene un valor especial para mí”.

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