diario de cuarentena

Entre cifras y más cifras se abren paso pequeñas historias humanas como la del cartel de la UCI: “Te queremos, mami”

El levantamiento a ratos de la cuarentena nos ayuda a evadirnos por momentos del aluvión de números, gráficas y estadísticas, aunque hoy recurrimos a un símbolo matemático, el infinito, para expresar nuestro amor a las madres

Después de 49 días de confinamiento, la cuarentena empezó ayer a resquebrajarse para los adultos después de la avanzadilla infantil. Volvemos a la calle, cronómetro en mano, como quien descubre una pradera por la que correr, saltar, gritar y paladear el sabor de la libertad después de una mala digestión que se nos ha hecho eterna.

A falta de cruces de mayo y bailes de magos, la gran evasión, como en la célebre película de Steve McQueen, nos distrae de ese otro baile apabullante de cifras con las que hemos convivido durante casi dos meses: el número de contagiados, los sanitarios afectados, los fallecidos de la jornada, la suma total de víctimas, las altas del día, los curados desde el principio… El confinamiento reducido a números: desde el drama inconsolable de los que se van en silencio y en soledad -¿qué muerte digna es esa?- a la inquietud de los positivos y las victorias que se conquistan en las UCI.

Eso sin contar los millones de ayudas y, por supuesto, las nefastas previsiones económicas: que si dos millones de personas perderán su empleo, que si los ingresos públicos caerán en 25.700, que si el PIB se desplomará el 9,2%… Y luego está el máster acelerado en gráficas que hemos aprendido en tiempo récord: la curva lineal, el pico, la meseta, la recuperación con curva en forma de U, curva en V, “curva en V asimétrica”, como le escuché el viernes a la ministra Calviño…

Como en la Oda a los números de Pablo Neruda: “¡Qué sed de saber cuánto! ¡Qué hambre de saber cuántas estrellas tiene el cielo! Nos pasamos la infancia contando piedras, plantas, dedos, arenas, dientes, la juventud contando pétalos, cabelleras. Contamos los colores, los años, las vidas y los besos, en el campo los bueyes, en el mar las olas”.

En este universo inabarcable de números se abren paso pequeñas historias humanas que casi pasan desapercibidas y que asoman la cabeza por alguna rendija de eso que llamamos actualidad. Hace unos días, durante una visita de varios periodistas de DIARIO DE AVISOS a la UCI del Hospital Universitario de Canarias, donde se lucha a brazo partido por salvar vidas en la guarida del patógeno de un cuarto de micra, descubrimos un panel empapelado de arriba a abajo con mensajes de aliento para los profesionales y pacientes. Una especie de pequeño oasis para el reposo de los guerreros.

El Rincón Positivo, que así lo llaman los profesionales de la planta, es lo más parecido a un surtidor de energía con mensajes como “¡Mucha fuerza, campeones!” o “Al final todo saldrá bien, y si no sale bien es que no es el final”. De entre todos los manuscritos, me llamó la atención una cartulina blanca dibujada con letras infantiles mayúsculas llenas de colores con una frase tierna cargada de sentimiento escrita sobre un corazón: “Te queremos mami”. Me imaginé entonces esa mano menuda, inocente, deslizándose por el papel y a su jabata destinataria y me sacudió un calambre de emoción. En las antípodas de los números se esconden las mejores historias. Y las más oportunas. Qué mejor frase para el Día de la Madre, pensé.

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