tribuna

Cetáceos en Canarias, un regalo de la naturaleza que debemos cuidar; por José Antonio Valbuena

Por José Antonio Valbuena

Con sus 1.500 kilómetros de costa, Canarias presenta la mayor longitud del perímetro litoral de España, con un área de demarcación marítima que alcanza cerca de medio millón de kilómetros cuadrados. Las aguas canarias son oceánicas, con abundancias reducidas pero una alta biodiversidad. La posición geográfica de las islas hace que confluyan multitud de condiciones ambientales favorables para el desarrollo de un gran número de especies marinas. Al mismo tiempo, la gran variedad de hábitats marinos con los que contamos permite su asentamiento y desarrollo.

Hoy, aprovechando que conmemoramos el Día Mundial de las Ballenas y los Delfines, es importante recordar el lugar privilegiado que ocupan las islas para la observación en libertad de cetáceos y la necesidad de que, entre todos, colaboremos en la adopción de una serie de medidas y hábitos que permitan preservar la conservación de estas especies.

Debido a la escasa plataforma insular, en Canarias disponemos de altas profundidades a muy poca distancia de la costa, lo que supone un entorno muy adecuado para la vida de estas especies. Asimismo, nuestras características oceanográficas, con rangos de temperatura no extremos, permiten el paso de animales procedentes tanto de aguas frías como de aguas templadas.

Concretamente, se han documentado hasta 28 especies de cetáceos, entre las que se encuentran ballenas, delfines y zifios. Esta cantidad de especies supone cerca del 80% de las existentes en el Atlántico Norte.

Sin embargo, determinadas actividades humanas de recreo, la contaminación del agua por vertidos, basuras o ruidos, el transporte marítimo y la alteración de los ecosistemas marinos ponen en peligro su bienestar y su supervivencia.

Desde hace algunos años, se desarrollan en ciertos puntos de la costa de Canarias algunas actividades vinculadas a la observación de los cetáceos, lo que supone un gran recurso turístico que forma parte de nuestra Economía Azul. Aunque pueden desempeñar una importante labor de investigación y educación ambiental, cuando se llevan a cabo sin control, molestan y alteran el estado de las poblaciones de los cetáceos, sus patrones de conducta y su bienestar, así como el de otras especies de fauna.

Asimismo, diversos deportes náuticos, en especial, los que utilizan embarcaciones a motor, como las motos de agua, también pueden causar molestias y distorsiones en la comunidad de cetáceos, cuando son desarrollados de forma imprudente, sin guardar distancias de seguridad y de forma irrespetuosa.

Por otra parte, la colisión de barcos es una de las principales causas de muerte de algunas especies marinas, especialmente de cetáceos, como es el caso del cachalote.

Un factor especialmente a tener en cuenta a la hora de proteger a estas especies es la contaminación acústica, ya que la desorientación por ruidos es una de las causas que provocan el varamiento de cetáceos. En la actualidad, el Gobierno de Canarias se encuentra trabajando en la actualización del protocolo de atención a los varamientos, tanto de animales vivos como fallecidos, con el que podremos seguir obteniendo más información de interés sobre su biología, ecología y estado de salud.

Estos seres forman parte de la cima de las cadenas tróficas del mar canario y el seguimiento de su estado nos indica la salud del ecosistema. Tenemos que continuar estudiándolos y mejorando nuestros medios y organización para poder hacer frente ante cualquier tipo de evento que se produzca con estos cetáceos.

Estos seres vivos utilizan un sistema de ecolocalización basado en la emisión y captación de ondas sonoras con las que identifican su alimento o al resto de compañeros de su comunidad. Los ruidos desorientan a los cetáceos, que son seres muy sociables y necesitan la compañía del grupo para sobrevivir. También les hace ser menos eficaces y utilizar mucha más energía a la hora de capturar a sus presas.

Las explosiones bruscas en el mar, o la utilización de ondas muy energéticas por parte de buques, han causado la muerte de cetáceos, que en ocasiones aparecen en las costas sin señales evidentes de colisión física ni enfermedad.

Todas estas prácticas convierten a las aguas de nuestro Archipiélago en un espacio frágil y sometido a múltiples amenazas que debemos cuidar para continuar preservando nuestra riqueza ecológica y biodiversidad marina, que distinguen a las islas de otros territorios mundiales.
Desde el Gobierno de Canarias, trabajamos decididamente por su protección, apostando por un crecimiento azul basado en la inteligencia, la sostenibilidad y la igualdad, pilares definidos por Europa.

Defendiendo un turismo sostenible y prácticas como la pesca artesanal o los usos tradicionales de nuestras aguas, tenemos la oportunidad de situarnos a la vanguardia de la conservación marina. Es tarea de todos y todas cuidar, proteger y conservar este regalo de la naturaleza.

* Consejero de Transición Ecológica, Lucha contra el Cambio Climático y Planificación Territorial

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