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Máximo Huerta: “No seré yo quien juzgue al Gobierno, este país lo que necesita es menos ruido, polémicas y broncas”

En una entrevista con el DIARIO, el escritor y exministro de Cultura recuerda su breve etapa en el Gobierno “como algo que sucedió y ya está”
“Mi novela va sobre cómo el amor a veces basta para ser feliz”. Así describe el escritor su octava obra de este género literario, 'Con el amor bastaba'. DA
“Mi novela va sobre cómo el amor a veces basta para ser feliz”. Así describe el escritor su octava obra de este género literario, 'Con el amor bastaba'. DA
“Mi novela va sobre cómo el amor a veces basta para ser feliz”. Así describe el escritor su octava obra de este género literario, ‘Con el amor bastaba’. DA

Máximo Huerta (Valencia, 1971), anteriormente conocido como Màxim Huerta, lanzaba el pasado mayo su octava novela, Con el amor bastaba, que es, según sus palabras, “un canto a la belleza de lo diferente”. En esta entrevista concedida a DIARIO DE AVISOS, el periodista, escritor y exministro de Cultura del Gobierno de España cuenta las claves de su obra, así como accede a realizar un repaso por algunos de los momentos que han marcado su vida pública, como su repentina salida del Ejecutivo nacional y su sorprendente experiencia como presentador de la Gala de la Reina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, en la que la candidata Saida Prieto sufrió un terrible accidente. Esta semana intervino con gran éxito en una sesión virtual en la librería Barco de Papel, en el Sauzal.

– Acaba de lanzar su octava novela, Con el amor bastaba. ¿Qué actitud debe tener el lector antes de comenzar a leerla?
“La novela es un canto a la belleza, a la diferencia. Todos somos especiales, raros, particulares. Entonces, habla de los secretos que guardan todas las familias y del recorrido emocional y vital del protagonista. A mí me da igual que se lea en verano, otoño o invierno, porque cuando escribo no lo hago pensando en que se haga en un momento determinado”.

– La historia se desarrolla en La Provenza. ¿Qué importancia tiene la elección del lugar?
“Los lugares son importantes, son también personajes de las novelas. No es lo mismo haber nacido en el norte de Tenerife que haber nacido en la Gomera o en La Palma. Los lugares nos marcan y forman nuestra manera de ser, de igual manera que somos diferentes también cuando viajamos. La Provenza es el imperio de los sentidos, es un lugar que huele, que es otro color, que es cosmopolita y rural al mismo tiempo. Y eso es lo que sucede en los años felices del protagonista”.

– El protagonista de la historia tiene una característica que le hace especial, puede volar. Pero precisamente para no ser diferente, oculta esa característica y sufre. ¿Cree que se puede sentir una liberación cuando se lee esta novela?
“Todos hemos sentido la capacidad de volar. Todos nos hemos sentido en algún momento raros, particulares, especiales, mirados, observados, cuestionados. Todos tenemos alguna particularidad que nos hace diferentes y yo estoy a favor de destacarla”.

– ¿Qué acogida está teniendo la obra?
“Está gustando mucho y estoy muy contento con la cuarta edición. Precisamente, en Canarias hay una gran cantidad de lectores. Esta semana hice un directo con la librería Barco de Papel, en El Sauzal, y había un montón de seguidores. Creo que la historia está pellizcando mucho, porque todos hemos sentido alguna vez la necesidad de volar y yo creo que eso está haciendo que la novela guste”.

– Aparece también el tema del bullying, la actitud de otros niños contra el protagonista por ser diferente…
“Sí, refleja cómo nos comportamos los demás ante la diferencia. Cómo se comporta una familia ante un niño que es especial o cómo somos todos, cómo cuestionamos, cómo juzgamos, qué mirada y prejuicios tenemos. Ese es uno de los fondos de la novela, pero a la vez es una novela muy feliz, muy alegre, con sus golpes de realidad, complicada y dura, que es cómo juzgamos los demás”.

– Sin querer avanzar mucho de la novela, ¿qué papel juega la sexualidad de los protagonistas?
“Lo que se refleja son diferentes formas de actuar, de ser, de acentos. Y eso se ve en la sexualidad, en el físico. Es decir, hablo de todas las diferencias y la sexualidad no es un tema clave o uno de ellos en particular. El tema principal es el ser feliz siendo como uno es”.

– ¿Es una obra melancólica?
“Es una mirada con melancolía, pero no es triste. Se trata la adolescencia y el paso hacia la madurez, cómo fueron aquellos veranos, los primeros tropiezos y enamoramientos… Es la evolución de todo el personaje”.

– Relata varias formas de querer, la de Elio, la de su padre y la de su madre. ¿Qué reflexión podemos sacar de sus diferencias?
“La novela habla del amor y de cómo nos comportamos. De cómo con el amor a veces es suficiente para ser felices. Y con las mejores intenciones, el padre o la madre hacen lo que está en sus manos para que la familia sea feliz. Lo que ocurre es que a veces las cosas se hacen de una manera equivocada y otras no, pero eso no se juzga en el libro. La madre de la novela se llama Sol porque es el centro del universo, el calor, el hogar. Mientras, el padre es más discreto o más torpe emocionalmente. Así que cada lector reflexiona con lo que quiere y la disfruta como quiere”.

– Podría parecer que cada personaje tiene una enseñanza que darnos…
“Pues yo no pensaba en eso cuando escribía. Lo que hacía era describir a unos personajes que a mí me gustan y la trama. Cada uno de un mismo libro puede sacar una enseñanza, una moraleja. Esa es la magia de la literatura, que cada lector se queda con una parte de la historia. De hecho, yo cuando veo las reseñas que ponen los lectores, pues cada uno hace una lectura distinta o se queda con una parte del libro diferente”.

– ¿Cuánto hay de Máximo Huerta y de sus experiencias en esta historia?
“Es una novela totalmente ficcional, pero siempre hay algo de ti y tus experiencias. Eso ocurre de forma inconsciente muchas veces. No es un reflejo autobiográfico, no soy el protagonista. Si lo fuera, ya lo lo habría dicho. Pero no. Todo los autores escribimos porque amamos, porque vivimos. Y entonces todo lo que lees, escuchas, vives y observas a tu alrededor te puede servir para una novela, evidentemente”.

– ¿Qué hace estos días de verano? ¿Escribe?
“Estoy en la Comunidad Valenciana, en mi tierra. No es un año como para hacer muchas salidas, un verano raro, pero intento llevar una vida normal en casa leyendo, dibujando, cuidando a mi madre y paseando a mi perra”.

– ¿Cómo vivió el confinamiento por la pandemia de la Covid-19? ¿Fueron días de pausa o de mayor creación literaria?
“Para mí fueron días de soledad en casa y de intentar llenar las horas con creatividad. Estaba entre lo bueno y lo malo, creo que esto era lo normal, como todos. Veía la tele y pasaba los ratos como podía. Pero sí que aproveché para leer mucho y para escribir por las mañanas, porque era una forma de evasión para mí. Por las tardes pintaba. Así que fueron, la verdad, días productivos. No voy a quejarme, porque opté por empezar a escribir la segunda parte de una de mis novelas. Como ya conocía los personajes y el lugar, me parecía que era una forma de escapar de mi casa”.

– ¿Qué puede desvelar de esa novela que ha empezado a escribir durante el confinamiento?
“Me puse a escribir la segunda parte de Una tienda en París, una novela que se ha vendido en muchos sitios del mundo y que transcurre en una ciudad que me gusta mucho. Además, la historia sucede en los años veinte, una época que me fascina cultural y socialmente. Así que eso me sirvió para escapar de mi casa sin balcones, porque durante las mañanas yo vivía en el París de los años veinte mientras escribía”.

– Hemos conocido múltiples facetas públicas: como periodista de televisión, novelista e incluso ministro. Si tuviera que elegir, ¿con cuál de ellas se siente más identificado?
“Yo me siento muy bien escribiendo porque disfruto mucho leyendo. Escribir es un oficio que se hace en soledad, entonces, es el oficio más especial para mí, porque es en el que estoy yo solo, no necesito iluminadores, ni guionistas, solo mi ordenador, mi libreta y escribir. Mi gusto por la literatura viene porque he leído mucho, entonces, escribiendo basta con que abra el ordenador una mañana y me ponga a continuar la historia. Y eso viene de niño, yo me recuerdo escribiendo siempre, cuando pequeño escribía cuentos e historias. Así que lo primero que he sido es escritor, aunque como periodista tienes otra forma de contar historias, también”.

– No puedo dejar de preguntarle por su breve paso por el Gobierno de España. Usted dejó el Ministerio de Cultura en 2018, cuando llevaba 7 días en el cargo y tras publicar El Confidencial que “defraudó a Hacienda”. ¿Qué lectura hace, transcurridos dos años, sobre aquello?
“Aquel fue un episodio importante de mi vida, en el que yo puse toda la responsabilidad y la ilusión. Forma parte de mi trayectoria y ahí se queda como mi pequeña historia personal”.

– Después de que todo esto pasara, ¿necesitó parar un momento para asimilar lo sucedido?
“No sé. Sucedió y ya está. Después del episodio llegó el verano, las amistades, mi familia, los libros, los viajes. De aquello hace ya dos años, y eso es mucho tiempo. Es curioso porque lo recordáis más vosotros [los periodistas] que yo, la verdad”.

– Ahora mismo, con las circunstancias que nos plantea la pandemia, ¿cómo valora el trabajo que están haciendo el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y sus ministros?
“No voy a juzgar ni mucho menos. Yo creo que este país lo que necesita es menos técnicos. Necesitamos menos ruido, polémicas y broncas. Así que no seré yo quien se ponga a juzgar en un momento difícil como en el que estamos. Creo que sobran muchas opiniones, así no seré quien enrarezca aún más el ambiente”.

– Usted era muy conocido también por su paso por el El Programa de Ana Rosa. En 2013, cuando estaba en ese espacio, fue enviado a Santa Cruz para presentar la Gala de la Reina del Carnaval. Vivió, desde el escenario, la desgracia que casi cuesta la vida a la candidata de este periódico, Saida Prieto. ¿Cómo lo recuerda?
“Fue algo triste y duro. Yo estuve mucho en contacto con Saida y su familia. De hecho, regresé a la península con su madre. Durante mucho tiempo hablaba con Saida, veía su evolución y cómo del dolor, de la tristeza y del gran drama que sufrió, me iba contando cómo iba a mejor y volvía a sonreír. Lo que ocurrió fue una gran tragedia en lo personal para ella, porque más allá de la ilusión que tenía de ser reina del Carnaval de Santa Cruz, vivió algo terrible. Yo lo recuerdo mucho…”.

– Aparte de este triste suceso, ¿cuál ha sido su relación con Canarias?
“Conozco casi todas las Islas y me gustan mucho. Precisamente haciendo referencia a la novela, que es un canto a la belleza de la diferencia, lo bonito de Canarias es que cada una es diferente y que incluso en la misma isla los paisajes cambian, y a mí eso me parece maravilloso, el poder tener tantos paisajes, la variedad que puede haber del Norte de Tenerife al Sur. Solo me queda por conocer El Hierro y tengo muchísimas ganas de visitarla”.

El escritor valenciano asegura que su obra está teniendo “una gran acogida” en Canarias. DA

“Mi novela va sobre cómo el amor a veces basta para ser feliz”

Un niño con un extraordinario don, la capacidad de volar, protagoniza la octava novela de Máximo Huerta. El escritor narra en Con el amor bastaba el paso de la niñez a la adolescencia de Elio, desde una mirada melancónica, que no triste, del pasado. Las distintas formas de amor, las diferentes personalidades y, en definitiva, todo aquello que nos hace únicos frente al resto, se dan cita en esta lectura. Aunque de forma paralela, la historia toca otros temas como el despertar de la sexualidad, su aspecto principal son las diversas maneras que existen de amar “y cómo con el amor a veces es suficiente para ser felices”. La historia transcurre en el Sur de Francia, concretamente en La Provenza, hasta donde el lector puede trasladarse, oler la fragancia de la lavanda seca o saborear una receta a través de las vívidas descripciones. Huerta celebra el éxito que está teniendo esta obra, especialmente en Canarias. La buena acogida de la novela, dice el escritor, se debería al hecho de que “todos hayamos sentido la necesidad de volar alguna vez”.

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