la palma

Doña Juana Cabrera, la fuencalentera de los 100 años en familia y sociedad

Ha demostrado, a lo largo de su extensa vida, una capacidad emprendedora encomiable y un firme y admirable compromiso social con su pueblo natal, del que se siente especialmente orgullosa

Por Juan Carlos Díaz Lorenzo

La familia Cabrera Cabrera de Fuencaliente de La Palma está de enhorabuena, pues esta semana celebró el centenario de su madre, Juana Cabrera Pérez, que vio la luz primera el 2 de septiembre de 1920 en el barrio de Las Caletas. Doña Juana es una persona muy conocida en el pueblo fuencalentero por su larga trayectoria vital, en la que ha primado siempre el orden y el respeto y su demostrada vocación social, que se ha traducido en sus muchas iniciativas y su compromiso permanente, refrendado especialmente durante la etapa en la que presidió la Asociación de la Tercera Edad Centáurea, de la que siempre decía “ha logrado resurgir la felicidad en muchos de sus afiliados”.
Doña Juana Cabrera vive desde hace 15 años en Santa Cruz de Tenerife, después de haber permanecido por espacio de 85 años en su pueblo natal. En 1942 contrajo matrimonio con Blas Cabrera, recordado carpintero con dotes de ebanista formado en Santa Cruz de La Palma, de cuya unión nacieron cinco hijos: Miguel, Erasmo, Caridad, Luis y David.
La familia Cabrera fijó su residencia en una casa situada a la entrada norte del barrio de Los Canarios, en una zona conocida como la puerta del viento, que sigue siendo la vivienda familiar ocho décadas después. Hemos de recordar, además, la etapa en la que Blas Cabrera fue alcalde de Fuencaliente de La Palma, cargo accidental en el que sustituía las ausencias de Emilio Quintana, en su condición de vicepresidente del Cabildo Insular de La Palma y procurador en Cortes.
La familia Cabrera Cabrera sacó adelante a sus cinco hijos guiados en la tutela del orden, el bien y buen hacer y el trabajo. Y así como el padre invertía la mayor parte de su tiempo en su carpintería, doña Juana atendía a su casa y fruto de su inquietud producía licores y embutidos que luego vendía, todo lo cual alternaba con su afición por las manualidades, hasta el punto de que años después abrió una tienda de lanas en el barrio de La Cuesta, en Tenerife, y en la década de los años ochenta, además, una pequeña academia para enseñar el arte del punto y el croché. Todo ello se entrelazaba con su interés por la artesanía local, etapa en la que, con la colaboración de otras señoras del pueblo de Fuencaliente, promocionaron el quehacer artístico de la larga tradición heredada de madres a hijas, con la ayuda del Ayuntamiento que entonces presidía Pedro Nolasco Pérez y el Cabildo de La Palma.
En febrero de 1992, cuando la Asociación de la Tercera Edad Centáurea de Fuencaliente cumplía su primer aniversario, doña Juana se embarcó en un proyecto de especial interés: un viaje a Cuba y Venezuela, con el propósito del reencuentro con aquellos familiares y amigos que habían dejado el pueblo décadas atrás. El viaje se denominaba Cita en La Habana y partió el 23 de marzo de Tenerife, en un recorrido de trece días de estancia en Cuba, en el que las excursiones turísticas se redujeron al mínimo –Varadero, Pinar del Río y Playas del Este– para facilitar el reencuentro, que era el objetivo principal. El regreso se hizo vía Caracas, donde quienes así lo quisieron permanecieron el tiempo deseado acogidos a la tarifa especial que les aplicó la delegación de Iberia en Tenerife.
Doña Juana Cabrera responde al arquetipo de madre disciplinada, hábil y que ha sabido ejercer su autoridad con rectitud sin perder un ápice de exquisitez en sus formas. Ha demostrado a lo largo de su larga vida una capacidad emprendedora encomiable y un firme y admirable compromiso social con su pueblo, del que se siente especialmente orgullosa. Sigue siendo una gran lectora, afición que tiene desde joven, en que sentía especial atractivo por las novelas de Alejandro Dumas y gustaba de cantar en latín en los actos religiosos.
Hoy, su memoria fértil se deleita con el espacio vital en el que ha transcurrido su vida centenaria, su familia (cinco hijos y sus nueras, seis nietos y cuatro bisnietos), sus amistades y la mirada retrospectiva a su pueblo natal, Fuencaliente de La Palma, que en marzo de 2016, con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, le tributó un merecido reconocimiento “por su labor y espíritu de lucha”.

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