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Paula Quintana: “La cultura no va a crear la vacuna del coronavirus, pero sí razones para seguir adelante cada día”

La bailarina tinerfeña acudirá el jueves 24 de septiembre al Teatro Leal de La Laguna para escenificar 'Las Alegrías'
Paula Quintana
La bailarina tinerfeña, que acaba de estrenar en Ibiza ‘La Carne’, llega este jueves 24 al Teatro Leal con ‘Las Alegrías’. / Miguel Barreto / La Locomotora

Cuando este jueves 24 de septiembre Paula Quintana acuda al Teatro Leal de La Laguna para escenificar Las Alegrías (20.30 horas), ese acto en el que el espacio y el movimiento se confabulan para crear un relato tendrá un significado muy especial. En esta nueva normalidad -en esta rara normalidad-, ofrecer una propuesta artística concebida desde la mente y desde el cuerpo se convierte en un gesto de generosidad, a la vez que en una llamada a la reflexión y en un estímulo para las emociones. Algo que, en las actuales circunstancias, posee un enorme valor. DIARIO DE AVISOS mantuvo esta charla con la bailarina tinerfeña, que el pasado 12 de septiembre estrenó en Ibiza La Carne, la segunda entrega de una trilogía que se abrió, precisamente, con Las Alegrías.

-Para quien tiene al espacio como su principal herramienta de trabajo la pregunta es inevitable: ¿cómo ha sobrellevado el confinamiento y todo lo que arrastra este tiempo de pandemia?

“Me afectó muchísimo y al principio no podía ni pensar en moverme. Luego fui buscando espacios en casa y más tarde fuera, cuando se pudo empezar a salir. Las cosas siguen siendo complejas. No suelo trabajar junto a muchos bailarines, pero para las compañías que sí lo hacen el distanciamiento social en los ensayos, entre otras dificultades, no es sencillo. La cultura ha sido siempre un sector precario y la pandemia lo ha terminado de destrozar. Lo que ha ocurrido no se puede cambiar, pero hemos de aprender y decidir qué queremos ser a partir de ahora”.

-Acaba de estrenar en Ibiza La Carne, la segunda producción de una trilogía que comenzó con Las Alegrías, que presenta este jueves en el Teatro Leal de La Laguna. ¿De qué manera describiría ese nuevo proyecto, La Carne?

“Es curioso, pero aquí la frontera entre realidad y vida se ha vuelto bastante difusa. La Carne habla de un tiempo nuevo y mejor para el ser humano. Pero además en sí misma la pieza es de un estilo y un género también nuevos, porque hacemos una mezcla entre la danza y un concierto de música electrónica. Es una fábula épica, un texto narrado como si fuera un cuento acerca de un personaje que nos hemos inventado. Nos habla del momento en el que estamos, pero también del que hemos de intentar crear para el futuro”.

-¿Y cómo ha sido su proceso de construcción en medio de una situación tan atípica? ¿De qué modo la han preparado usted y su equipo desde la distancia?

“El proyecto lo empezamos a construir antes del confinamiento. Entre diciembre y enero ya teníamos esa idea: las cosas tienen que cambiar a mejor porque vamos mal. Parece premonitorio. Con el núcleo del proyecto más o menos esbozado, el trabajo durante el confinamiento fue teórico: leer, documentarnos, escribir, porque la pieza tiene mucho texto, pensar cómo materializar esa idea… Luego, aunque se suavizaron las restricciones, ignorábamos si el proyecto saldría adelante o no. En junio nos dieron el okey y ha sido un proceso muy loco, porque entre julio y agosto culminamos La Carne”.

-¿Es diferente la manera en la que asume un proyecto que le plantean al modo en que desarrolla una idea propia como esta?

La Carne, por ejemplo, la presentamos al Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España y consideraron que encajaba muy bien en su filosofía, por lo que decidieron estrenarla en Ibiza. En respuesta a la pregunta, creo que siempre es diferente, pero cuando me hacen un encargo lo llevo a mi terreno: qué relación tiene conmigo, de qué manera me afecta el tema propuesto. Es diferente en cada caso, pero a la hora de crearlos para mí es igual. Tengo un lenguaje propio y quiero ser honesta. Si me piden algo que no es lo mío, no lo acepto. Debo sentir que puedo defender esa propuesta”.

-¿De qué manera toman forma las ideas en su cabeza hasta llevarlas a un escenario?

“A mí me afecta mucho lo que me rodea. Con cada inquietud vital hay algo que me pide reflexionar. Y empiezo a darle vueltas. Desde la cabeza, pero también desde el cuerpo, desde la intuición… Recojo influencias de muchas partes y me planteo preguntas. El arte no va de dar respuestas, va de hacer preguntas, para que entre todos podamos buscar las mejores soluciones. Plantear buenas preguntas para cuestionarnos las respuestas”.

-¿Y cuáles son las cuestiones, las temáticas que más le interesan en estos momentos?

“Vivimos en un tiempo complicado, incierto, duro…, que hemos de saber mirar con perspectiva. Lo estamos pasando mal, pero es nuestra responsabilidad interrogarnos acerca de qué papel queremos desempeñar, qué ficha queremos ser en este juego, qué vamos a construir a partir de ahora, porque justo eso determinará lo que venga después. Me preocupa que sepamos asumir esa responsabilidad, dónde colocar cada ladrillo y qué queremos construir. Si lo pensamos, esto nos dota de un gran poder. Estamos obligados a recordar las cosas buenas que somos capaces de hacer y a no dejarnos llevar por el miedo, que es real, claro que sí. De todo esto trata La Carne: una reivindicación del poder que tenemos, del poder de nuestros cuerpos, que llevan resistiendo toda la historia de la humanidad, levantándose una y otra vez”.

“Que se me vea más como bailarina o como actriz no me preocupa: siempre busco lo que cada obra me demanda”

-¿La formación en danza clásica y flamenco sigue presente en sus producciones o en cambio es un bagaje que, al margen de eso, se traduce poco en su visión de la danza contemporánea?

En estas piezas no está presente. Es cierto que todo eso lo llevo dentro, pero lo que a mí me interesa es contar historias, y si, por ejemplo, en ellas el flamenco no entra por ningún lado, no me voy a empeñar en meterlo. Trato siempre de responder a lo que la creación me demanda. Algunas piezas me piden un baile y en otras veo que no encaja. Seguiré bailando toda la vida, porque es algo que amo, pero, en definitiva, no me preocupa que se me vea más como bailarina o como actriz. Creo con las herramientas de las que dispongo y de la manera en la que sienta que tiene que plasmarse esa idea”.

-Por la relación de artistas y proyectos, Canarias, y Tenerife en particular, posee un notable protagonismo en la escena de la danza nacional y hasta internacional. ¿Hay rasgos comunes entre estos creadores o es precisamente la variedad lo que enriquece esta nómina de bailarines?

“Canarias siempre ha tenido un potencial creativo increíble, y creo que se debe a que vivimos en un entorno que es un lujo y existe un sólido vínculo con la naturaleza. Eso es lo que encuentro en común en los artistas de esta tierra. Pero es una pena que muchas veces se nos conozca más fuera que dentro del Archipiélago. No se trata, por ejemplo, de negar el turismo, pero tampoco debemos limitarnos a creer que Canarias es solo eso. Cuando uno sale de aquí es porque sus inquietudes no puede cumplirlas. Por eso también creo que quienes nos hemos ido solemos sentir mucha nostalgia. Se nos cae la baba cuando hablamos de las Islas. A nivel creativo, el sector cultural canario posee una fuerza prodigiosa, pero también creo que se respeta y conoce mucho más nuestro trabajo fuera del Archipiélago que dentro”.

-¿En qué nuevas aventuras se halla embarcada ahora mismo?

“Tenía programada una gira bastante interesante, pero se ha cancelado entera. Es un tiempo de incertidumbre, aunque poco a poco se comienzan a reabrir los escenarios y a retomar las funciones. Confío en que La Carne y Las Alegrías se sigan moviendo y además hay un par de proyectos cinematográficos en el horno. A ver si terminan de cuajar. Me gusta crear, trabajar en diferentes disciplinas y conectarlas. Tengo muchas ganas de seguir construyendo, de crear buenas piezas”.

“Cada inquietud que tengo me pide reflexionar; no solo desde la cabeza, también desde el cuerpo”

-En un momento tan delicado, donde se suelen fijar prioridades entre las que la cultura queda relegada, ¿cómo defendería la necesidad de no dejarla de lado?

“La cultura es parte de la solución por muchos motivos. Es un ámbito completamente seguro y modélico desde el punto de vista sanitario. Hoy es mucho más peligroso estar en una cafetería o en una reunión familiar que acudir a un teatro o presenciar un concierto. Pero además creo que resulta imprescindible en un tiempo emocionalmente tan intenso. Durante el confinamiento floreció la cultura online, pero no podemos renunciar a lo físico, al directo. En estos últimos meses he tenido varias funciones y han sido las más emocionantes que he vivido nunca, porque todos tenemos los sentimientos a flor de piel. Quienes nos dedicamos a esto no estamos inventando la vacuna del coronavirus, pero contribuimos a facilitar que tengamos algo a lo que agarrarnos cada día para seguir adelante. Son momentos duros. Hay gente que lo ha pasado, o lo está pasando, muy mal. No debería ser una época de frivolidades, sino la de escoger un bando: construir o ser parte del problema”.

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