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Los policías que rescataron a una anciana en Tenerife: “No sabemos cómo resistió tanto tiempo”

Dos agentes del Cuerpo Nacional de Policía relatan el servicio conjunto en el que consiguieron rescatar a una mujer de 80 años en estado agónico, a quien sus vecinos hacía varios días que no veían
Marina y Héctor actuaron rápidamente alertados por los vecinos y consiguieron salvar a la señora y que ésta siga con vida. Moisés Pérez
Marina y Héctor actuaron rápidamente alertados por los vecinos y consiguieron salvar a la señora y que ésta siga con vida. Moisés Pérez
Marina y Héctor actuaron rápidamente alertados por los vecinos y consiguieron salvar a la señora y que ésta siga con vida. Moisés Pérez

La Policía Nacional suele ser la primera en llegar al lugar de un suceso, pero cuando en este se involucran víctimas de urgencia, la situación se vuelve más compleja. Lo importante es actuar rápido, como lo hicieron Héctor y Marina, porque un minuto puede ser vital si se trata de salvar la vida de una persona, aunque ello no siempre resulte fácil y sea inevitable pensar en las consecuencias que puede acarrear tomar o no una determinada decisión.

El primero forma parte de la plantilla del Cuerpo Nacional de Policía en el Puerto de la Cruz y la segunda es un agente en prácticas. Ambos fueron comisionados por la sala del 091 tras recibir la alerta dada por unos vecinos preocupados porque hacía tiempo que no veían a una señora de nacionalidad alemana y octogenaria que vivía sola en su mismo edificio. Inicialmente, quien los puso sobre aviso fue la responsable de la limpieza, que no había podido entrar a la vivienda días atrás.

Los hechos ocurrieron a comienzos de septiembre y lo que pudo derivar en una tragedia terminó en un final feliz gracias a la rápida intervención policial y al sexto sentido de ambos y de algunos residentes en el edificio El Drago, ubicado en la avenida Betancourt y Molina. Al llegar allí, Héctor y Marina intentaron recabar toda la información posible, porque cuando se habla de una persona desaparecida o que puede correr peligro en el interior de una vivienda están jugando con bienes jurídicos y derechos fundamentales, como la inviolabilidad del domicilio, que muchas veces no son fáciles de conjugar con una intervención policial de propia mano.

“Por eso intentamos mantener el máximo contacto con las personas para recabar la mayor información posible, pero en este caso, todos los vecinos coincidían”, cuenta Héctor.

Estuvieron casi una hora averiguando todo y aunque puede parecer mucho tiempo, fue el mínimo para poder acreditar posteriormente ante la autoridad judicial si se habían o no equivocado. “Se levantó mucho revuelo no solo en el edificio sino entre el vecindario, porque íbamos casa por casa y piso por piso preguntando, y los vecinos no se quedan tranquilos ante una situación en la que está involucrada la Polícía”.

Debido a la edad de la mujer y a las circunstancias, decidieron entrar pese a que no tenían todos los indicios de que pudiera estar en el interior de la vivienda. Previamente se pusieron en contacto con el responsable de la administración del edificio para que llamara a un profesional que derribara la puerta, dado que esta pertenece a un tercero.

Algo les decía que era muy probable que la señora estuviese dentro y en peligro, “porque en esa comunidad de vecinos parecía que todos se llevan muy bien y tenían una relación estrecha”. Incluso llamaron a una amiga suya y tampoco sabía nada desde hacía tiempo.

Lo que no tenían claro es si la iban a hallar con vida. “Habían pasado muchos días sin que nadie supiera nada de ella ni la viera”, apunta Héctor, a quien su experiencia le demuestra que ante un acontecimiento similar “es francamente difícil que una persona sobreviva”.

Una taza de té encima de la mesa y objetos de uso personal fue lo que vieron cuando accedieron al interior de la vivienda. Nada les hacía pensar que allí no había nadie, sino todo lo contrario. El problema se lo encontraron cuando empezaron a registrar toda la casa y llegaron al baño. Allí la vieron, tirada en la bañera, casi sin agua, hiperventilando, desnuda, deshidratada, semiinsconsciente y con úlceras, con lo cual daba que pensar que ni siquiera se había movido durante muchos días.

“Tenía los labios deshidratados. Para sobrevivir tanto tiempo, todo indica que se tuvo que alimentar del agua del propio grifo. Si tardábamos un minuto más no la encontrábamos con vida”, subrayan.

Estaba semiinconsciente pero los vio, aunque no están seguros de que haya reconocido que eran policías nacionales. Ellos se lo dijeron en inglés y también que no se preocupara, que la ayuda estaba en camino. Acto seguido, volvió a desfallecer, precisan.

El trabajo inmediato de Héctor, ayudado por otros compañeros, fue mantener sus constantes vitales y el pulso, ayudarla a respirar y no moverla, porque podía estar politraumatizada y por su edad tener fracturas que podían agravar su estado. “Mantuvimos la situación hasta que llegaron los servicios sanitarios que la atendieron allí mismo para evitar inmovilizarla”, detalla el agente. También buscaron si había informes médicos o algún tipo de medicación para ganar tiempo y facilitarle el trabajo a los facultativos.

Mientras tanto, Marina bajó corriendo a despejar la entrada del edificio y a esperar a la ambulancia, que “tardó poco, pero a mí el tiempo se me hizo eterno”, confiesa.

Según les trasladaron los médicos, casi con toda probabilidad la mujer sufrió un ictus. La rápida actuación policial hizo que la señora, tras unos días en el hospital, haya vuelto a su casa y a dar sus habituales paseos, confirma un vecino.

“No entendemos bien cómo resistió tantos días, porque su respiración era muy agónica, no sabemos si una persona joven hubiese podido, ya que los vecinos hablan de un máximo de 7 días y un mínimo de 5”, insisten.

Evidentemente, su constitución física es muy buena y además, “no quería morir”, opina Héctor, que es policía desde hace doce años. No era una situación nueva para él. “Todos los radiopatrullas nos encontramos con situaciones inverosímiles, que no salen en los periódicos. Nuestra labor asistencial es muy grande y a veces poco conocida para la ciudadanía, que se centra más en todo lo que tiene que ver con reprimir o prohibir”, sostiene el agente.

Sin embargo, Marina sí se enfrentaba por primera vez. Era su segundo día de prácticas y no se le olvidará jamás. Pero fue la confirmación de que está donde tiene que estar y de que quiere ser policía.

“Fue la mejor intervención con la que pude haber empezado mi carrera, no solo por mis compañeros, que son unos verdaderos profesionales, sino porque también me encontré con unos vecinos muy generosos, que colaboraron en todo momento y dio gusto ver cómo se cuidaban entre ellos y luego, que la señora estuviese viva”.

Ese día Marina se fue a su casa muy contenta. Pero lo dice ahora, un mes después, porque reconoce que la tensión que sufrió ese día fue muy grande.

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