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Por qué es posible que nunca nos quitemos la mascarilla: el futuro tras la Covid-19

La pandemia de Covid-19 se ha visto acompañada de un drástico descenso de gripes y resfriados, que puede explicarse en parte por el uso de mascarilla.
Ciudadanos con mascarilla en las calles de Santa Cruz de Tenerife. Fran Pallero

Era algo que llamaba mucho la atención de los viajeros a China o Japón en la vida prepandemia. Pero son tantas las cosas que llaman la atención en esos países a un occidental, que casi nadie se acordaba a la vuelta de que si era invierno en esos lugares -o incluso si se cogía un vuelo interno- había muchas personas con la mascarilla puesta.

Pero hay quien piensa que las cosas nunca volverán a ser como antes incluso cuando las vacunas hagan que exista una inmunidad de grupo para la Covid-19 y que las mascarillas será un complemento que nos acompañe todos los inviernos a partir de ahora, tanto en esos países como en el resto del mundo.

Hablar del fin de las mascarillas -cuyo uso es el hábito que más caracteriza a esta situación pandémica que nos acompaña hace ya más de un año- es ahora mismo una quimera.

A pesar de que ha empezado la vacunación, ningún país está cerca de haber alcanzado la inmunidad de grupo. Los pocos que han controlado la pandemia, como Nueva Zelanda y algunos orientales lo han hecho con las medidas de siempre, entre las que se incluye el uso de mascarillas, sobre todo en espacios interiores.

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