un aÑo del estado de alarma en espaÑa por la covid

Natacha Sujanani: “Los que trabajamos en el sector sanitario sabemos, y debemos decirlo, que de esta situación se sale, es dura y tenemos derecho a sentirnos mal”

La directora gerente del Hospital Universitario de la Candelaria reconoce en DIARIO DE AVISOS que su mayor temor era “asistir al entierro de un compañero por que no pudiéramos darle a tiempo el material para hacer su trabajo”
Natacha Sujanani
directora gerente del Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria, Natacha Sujanani. | Fran Pallero

Hace justamente un año, ante la rápida expansión del coronavirus, el Gobierno español decretó el estado de alarma en todo el país y limitó la libre circulación de los ciudadanos a actos esenciales, resultando un confinamiento de la población en sus lugares de residencia. La OMS había declarado el 11 de marzo la pandemia a nivel mundial por COVID-19 y, un día después, Canarias decretó el cierre de colegios, guarderías, institutos y universidades. Hubo que esperar al 28 de abril para comenzar el plan de desescalada. El 21 de junio, casi 100 días después, finalizó el estado de alarma y España entró en la nueva normalidad. Ha sido un año de auténtica locura para los profesionales sanitarios. La directora gerente del Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria, Natacha Sujanani, señala, en la entrevista que mantuvo con DIARIO DE AVISOS, que “el sistema sanitario lo ha sobrepasado con creces”.

-El primer contagio en La Gomera, el Hotel de Adeje, la avalancha de casos entre marzo y abril, las residencias de mayores…¡Vaya montaña rusa!
“Hemos tenido de todo. El balance creo que debe ser positivo, y que a pesar de haber tenido este tsunami que ha sacudido a toda la sociedad y a toda la civilización como la conocemos, nuestro sistema sanitario ha tenido una correctísima, adecuada e increíble capacidad para poder prestar la asistencia. Esta capacidad de respuesta ha sido una prueba muy dura y se ha sobrepasado con creces”.

-¿Cómo se ha reinventado el Hospital de La Candelaria?
“Sobre todo, gracias a toda su gente, se ha reinventado buscando espacios y dotando de recursos de donde pensábamos que no los había para poder hacer frente a la situación, y buscando soluciones muy imaginativas. Sobre todo con mucha colaboración entre profesionales sabiendo que teníamos que trabajar por un objetivo común. Creo que una de las grandes cuestiones fue no estar cada uno buscando su pequeña parcela, sino ir todos a una, los profesionales que trabajan en La Candelaria sacaron lo mejor de cada uno para poner su granito de arena para tirar para adelante”.

-¿Cuáles fueron los momentos más complicados dentro de la gestión de la pandemia?
“Sin duda fue la falta de material de protección para los trabajadores. En el momento más duro de la pandemia, las existencias de material de protección que teníamos en el centro solo nos daban para cubrir 12 horas. Llegó material a tiempo esa misma tarde y volvimos a prolongar las existencias tres días. Pero todos esos momentos de incertidumbre cuando crecía la demanda de uso, e ir contando el material y decir, tenemos para seis turnos, para tres días, ahora entran existencias, pero para cinco días… Esa tarde estábamos reunidos los directores sabiendo que solo teníamos material para las próximas 12 horas, y aunque nos llegaban existencias no sabíamos con certeza qué entraría y qué no, y nos cuestionábamos: ¿y si no llega desde Gran Canaria? Ese momento para nosotros fue el más duro, esa incertidumbre fue tremenda. Esa tarde salió de la reunión una frase que la sigo recordando como la primera vez: no puedo pensar en tener que asistir al entierro de un compañero porque no pudimos darle a tiempo el material que necesitaba para cumplir con su trabajo”.

-¿Dentro de las soluciones imaginativas estaba utilizar bolsas de basura y cinta de embalar para poder protegerse como en los hospitales de otras regiones?
“Nunca tuvimos que llegar a esos extremos ni depender de eso. Nunca tuvimos que inventarnos un EPI ni tuvimos que hacer un apaño. Siempre el material entró y transmitíamos a nuestros profesionales que había material, porque es verdad que nunca les faltó, pero nuestra angustia era saber lo que realmente teníamos en nuestros almacenes y no teníamos que traspasar esa inquietud a los profesionales que estaban en primera línea jugándose la vida. Esa angustia la vivimos y la pasamos para nosotros, fueron unos momentos terribles. Éramos conscientes de las dificultades para tener material y lo mal que lo estaban pasando otras comunidades o países, era duro”.

-Hablemos de las residencias de ancianos. Salvo los casos de Tegueste o Tacoronte, en la primera oleada solventamos esa crisis que se cobró miles de muertos en la Península. Sin embargo, fue a partir de octubre cuando comenzaron los problemas en Tenerife con la Residencia San Pancracio de Vistabella, Mirador de Ifara, Divina Gracia de Guamasa, Cataleya de El Sauzal y, sobre todo el Hogar Santa Rita II. ¿Qué ocurrió para este cambio radical?
“En la primera ola creo que tuvo mucho que ver la situación de confinamiento total en la que estábamos con el estado de alarma y se pasó más o menos bien en las residencias canarias. Pero en la segunda ola, en la que ya habíamos recuperado la situación de nueva normalidad, en la que había visitas, entradas y salidas y no estamos todos en compartimentos estancos, pues comenzaron los contagios. Todos teníamos en la cabeza que Santa Rita era una bomba de relojería que podía complicarse en cualquier momento, por la gran cantidad de usuarios que vivían y por la propia estructura del centro. Las residencias, al igual que los hospitales, son un reflejo de la situación y no son ajenos a los contagios. Es imposible que no se dé algún caso, por muy escrupulosamente que se cumplan las normas. Y cuando se producen debemos actuar con celeridad para contener el brote. En Santa Rita, tras los primeros contagios, los casos comenzaron a multiplicarse y se llegó a una situación delicada con más de 250 contagiados entre usuarios y trabajadores, y con un número de contactos estrechos tremendo. El Servicio Canario de la Salud decidió que debíamos hacernos cargo de la residencia y prácticamente debimos empezar desde cero. Cuando llegamos el día 8 habían 133 positivos y muchas áreas de mejora a la hora de controlar ese brote tan importante”.

¿A qué se refiere con comenzar desde cero?
“Tuvimos que poner orden, sectorizar y reconocer las áreas COVID y no COVID, mantener los pacientes contagiados en aislamiento, instaurar las medidas de protección, filiar al personal y a los trabajadores que entraban y salían, porque son los que transportan el virus. Tuvimos que hacer una elaboración de circuitos, establecer protocolos de actuación, dar mucha formación a los profesionales, dar mucha información y formación a los usuarios, que muchos tenían unas características especiales por su avanzada edad o por tener algunos con deterioros cognitivos. Fue difícil mantenerlos en sus habitaciones y hacerles entender que tenían que cumplir con las medidas de seguridad como llevar la mascarilla, lavarse las manos, etc., pero la verdad es que pasamos en 40 días de tener un índice de contagios creciente y más de 250 positivos a solo 10 casos, y poder salir del centro cuando no había concluido enero. El cribado del primer día en la zona cero nos dio varios positivos entre los residentes y 15 entre trabajadores, que, además, supuso 80 contactos estrechos. Fue un número muy elevado y tuvimos que sacarlos de allí para no tener más contactos con otros compañeros o usuarios. La distribución y la logística del centro es muy compleja. Hubo que acotar edificios y zonas, limitar a los ancianos las visitas y su movilidad, delimitar la zona cero, evitar el cruce de profesionales entre edificios… Fue muy duro porque hubo que romper muchas resistencias, muchas formas de trabajo y de actuar que pensaban que funcionaban, ya que en la primera ola hubo pocos contagios allí, pero la realidad es que partíamos de un contexto global muy diferente. Nos sentimos satisfechos y orgullosos del trabajo que se hizo por parte del personal cualificado que desplazamos del Hospital de La Candelaria, fue un trabajo muy duro y desgastó muchísimo, pero sabíamos también que nuestra intervención era literalmente para salvar vidas de uno de los sectores más frágiles de nuestra sociedad, esas personas que han trabajado tanto para que hoy en día nosotros tengamos lo que tenemos. Fue como devolverles con nuestro esfuerzo todo lo que esa generación construyó. Nos vamos tras haber realizado un buen trabajo. Todas esas pautas, educación y formación se quedarán en el centro como aprendizaje porque han visto que ha dado resultado”.

Natacha Sujanani
Natacha Sujanani, en su doble condición de gerente del Hospital y psiquiatra, afirma que “la salud mental de los sanitarios se ha resentido” durante la pandemia. Fran Pallero

-Llevamos 365 días en los que sufrimos un confinamiento muy duro al inicio y una relajación de medidas posterior, pero ahora estamos en un período de continuas subidas y bajadas de los contagios y de los niveles de riesgo en cada Isla. En su opinión como especialista en Psiquiatría, ¿Cómo ve la salud mental de la población y la sociedad canaria? ¿La mayor relajación y rebeldía por parte de algunas personas que anteponen su individualidad al bien colectivo tiene que ver con el cansancio pandémico?
“Esta es una situación que le podemos poner el nombre que queramos, pero ya está descrita y es el trastorno de la adaptación. Estamos sometidos a una situación que nos estresa, y se ha convertido en crónica porque ha sido muy sostenida en el tiempo. Quizás pensamos en un momento determinado que esta pandemia se resolvería al esprint, pero resulta que ahora es una carrera de fondo. Todo esto nos va a acompañar durante bastante tiempo, ya que la vacunación de un alto porcentaje de la población tardará porque las vacunas están llegando a cuenta gotas, y, aunque estamos avanzando, tardaremos más de lo que quisiéramos en tener esa inmunidad de grupo. Esta surgiendo irritabilidad, tristeza y un sentimiento contradictorio en los individuos de, por un lado, saber lo que se tiene que hacer en cuanto a las medidas de protección, pero por otro, lo que uno quiere hacer. Todo esto dependerá de los valores de cada uno, pero, sobre todo, en nuestra sociedad debe primar el bien común, porque en una situación como esta se sale uniendo las fuerzas, todos juntos y pensando como grupo”.

-¿Cuánto tiempo puede transcurrir de la fase de adaptación, a una situación y un cambio tan drástico en la vida, a la resistencia y al desafío a las normas dictadas por las autoridades?
“Depende de cada individuo, y no siempre se pasa a la rebeldía. Esto va como los dientes de sierra, habrán momentos en los que uno pueda querer rebelarse, pero si hay una buena base y una buena contención social alrededor que te convenza con argumentos positivos de que de esto vamos a salir, que queda poco, y repetir el mensaje de la importancia que tiene cada individuo en todo este proceso, y de que de él depende directamente que haya gente que viva, que muera o que ingrese en el hospital y quede con secuelas. Como grupo, como sociedad podemos hacer un colchón y tejer una red en la que cuando seas tú el que caiga o flaquee pueda ayudarte y tirar de ti, al igual que tú tirarás de mí cuando yo flaquee y me caiga. Todos tendremos momentos de flaqueza y de tirar la toalla, porque estamos en una situación de estrés crónico, pero cuantas más redes y más nos apoyemos entre todos y recordemos los mensajes, saldremos de esto. Los que trabajamos en el sector sanitario sabemos y debemos transmitir el mensaje de que de esta situación se sale, efectivamente es dura y tenemos derecho a sentirnos mal, a llorar y enfadarnos, pero no podemos quedarnos ahí. Hay que recordar que somos el 2% de privilegiados del mundo que estamos accediendo a una vacuna que es cara y que nos la van a administrar gratis. No debemos perder el norte, a pesar de todo vivimos en una sociedad que apuesta por la salud de todos sus ciudadanos”.

-¿La esperanza para salir de todo esto llega con la vacuna?
“Sí, sin duda, las vacunas actuales y las futuras. Ahora tenemos la buena noticia de que se ha aprobado la de Janssen que es de una sola dosis. Tenemos que dar las gracias a la ciencia por avanzar y, una vez más, encontrar una salida a situaciones complejas a las que nuestra sociedad y civilización hacemos frente. No debemos olvidar que la apuesta y la inversión deben ir a la investigación y la grandeza llega con el conocimiento. Hay que apostar por las vacunas, han pasado todo tipo de estudios y ensayos, y sus efectos secundarios están controlados y pautados. Siempre que se comercializa un producto estamos en una fase de vigilancia, y cualquier acontecimiento adverso que ocurra en el periodo posterior a administrar la vacuna, como ha ocurrido estos días, se tiene que comunicar para evaluarlo. Eso no quiere decir que la vacuna haya causado ese efecto, pero hay que chequearlo”.

-El pasado lunes se celebró el Día de la mujer. ¿Cómo está la igualdad en el ámbito sanitario?
“En el hospital de la Candelaria aproximadamente el 75% de la plantilla somos mujeres, y en los últimos años, hemos visto que en una de las categorías profesionales que normalmente estaban reservadas al ámbito masculino, como es el de los médicos y facultativos, ya se ha roto esa mediana y las mujeres somos más del 50%, lo que, por otro lado, es un reflejo de lo que hay en las facultades de medicina. Hemos roto ese techo, porque normalmente se reservaban a las mujeres otras profesiones en el ámbito sanitario, pero debemos seguir avanzando en igualdad y en una cuestión muy compleja en el mundo sanitario, la conciliación de la vida familiar y laboral. Por ahí tenemos que apostar y ayudar a las compañeras. También se ha llegado al techo de la dirección de los servicios, aunque eso solo llegará también cuando se actúe como en la corresponsabilidad del cuidado de los hijos, del hogar y las labores sean cosa de todos, y que no se limite a las mujeres por el hecho de serlo”.

Natacha Sujanani: “Estos cambios nos tienen a todos muy cansados”

Si hay un colectivo que ha sufrido mucho durante la pandemia ha sido el sanitario. Natacha Sujanani, en su doble vertiente de directora gerente de hospital y psiquiatra reconoce que “la salud mental de los sanitarios se resentido. En este medio se acusa mucho el cansancio ya que no puedes desconectar bien, las vacaciones son diferentes, los hoteles están cerrados, no podemos viajar, debemos ir con mascarilla por la calle… La desconexión no es total y si hay un sector que necesite hacerlo es el sanitario. Notamos más irritabilidad, bajo estado de ánimo y alteraciones del sueño debido al cambio tan drástico que ha supuesto este año. En el ámbito social ha afectado nuestra manera de movernos, de relacionarnos, de darnos un beso o un abrazo, juntarnos en familia para celebrar un cumpleaños, no poder ver a nuestros padres o abuelos, impedir la interacción entre abuelos y nietos, que nuestros niños no pudieran ir a clase tres meses y medio y ahora vayan al colegio con mascarilla… Estos cambios nos tienen a todos muy cansados”, concluyó.

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