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Raquel Martín Caraballo, autora del libro No estamos muertos: “Se puede intuir la existencia de una supervivencia después de la muerte sin ser etiquetado de persona religiosa”

No estamos muertos. Por momentos es el diario diáfano de una búsqueda personal, y por otros, un completo reportaje de investigación en el que con oficio, sintetiza lo que la ciencia sabe sobre la posibilidad de que la conciencia sobreviva a la muerte. Hablamos con ella

Sin ánimo de parapetarme en los tópicos, la muerte es el misterio entre los misterios, posiblemente el que siempre quedará irresoluto. Y creo, honestamente, que nos conviene que siga siendo así, garantizándonos con ello cierta dosis de correctiva incertidumbre. Pero evitemos el debate y vayamos a la noticia importante, la publicación por la autora canaria Raquel Martín Caraballo de un libro muy diferente a los que tiene acostumbrados a sus lectores, No estamos muertos. Por momentos es el diario diáfano de una búsqueda personal, y por otros, un completo reportaje de investigación en el que con oficio, sintetiza lo que la ciencia sabe sobre la posibilidad de que la conciencia sobreviva a la muerte. Hablamos con ella.

-¿Qué te motivó a escribir sobre este tema?
En el origen de este proyecto está la muerte de mi padre y una serie de experiencias personales acumuladas a lo largo de dos décadas, a raíz de una promesa “pactada” con él en el lecho de muerte. Era la primera vez que me enfrentaba a un libro de no ficción que abordaba un tema tan problemático y tabú como es el de la muerte. Esas vivencias experimentadas a lo largo del tiempo me sacudieron y me intrigaron hasta el punto de buscar mucha información sobre las fronteras que dividen la vida y la muerte. Fruto de esa investigación nació un libro sin ánimo dogmático, que no trata de convencer a nadie sobre nada, pero sí abrir el debate sobre la posibilidad de que existan señales que corroboren o legitimen una conciencia que sobreviva a la muerte del cuerpo físico.

-¿Es un libro deudor del confinamiento por Covid-19?
Indirectamente, sí. No es que el libro naciera a raíz de la pandemia del Covid-19, pero sí es cierto que la crisis sanitaria mundial motivada nos sumió a todos colectivamente en un estado anímico especial. En mi caso, este libro llevaba cociéndose a fuego lento en mi cabeza desde hacía años, pero fue dentro de ese especial contexto de sensibilidad cuando se me activó el mecanismo y la voluntad para poder, por fin, abordar esta temática de la muerte. Entendí que ya no podía demorarlo más. Me sentí preparada y tuve la convicción de que había llegado el momento de hacerlo.

-¿Consideras que vivimos un buen momento para hablar de la muerte con mayor normalidad?
Ojalá fuera así, pero me temo que aún dista mucho camino para abordar el tema de la muerte con normalidad. La muerte da miedo. Es un tema feo que horroriza y paraliza. Muchos lectores rechazan leer cualquier libro que les recuerde su fecha de caducidad en este plano. Y lo que es peor: sigue habiendo una tendencia generalizada a pensar que esta cuestión sólo puede ser abordada, o bien desde el dogma de las religiones, o bien desde el extrarradio de lo considerado pseudociencia o superchería.

-¿Y para hablar de la supervivencia, es un buen momento? Ese era un tema de creyentes, ya sea en religiones o en hechos tildados de supersticiosos.
El paradigma científico puramente materialista ha sido el culpable del tabú social sobre cualquier experiencia cercana a la muerte u otro tipo de vivencia “inexplicable”. Es un sistema de creencias tan dogmático e irracional como cualquier otro credo religioso. Su forma de proceder es la siguiente: todo lo que él mismo no puede explicar debe ser negado: ¡no existe! Y no sólo no existe, sino que de existir pertenecería al campo de la superstición y no merecería la pena ser estudiado ni abordado con respeto o seriedad. ¿Puede haber una postura más anticientífica que ésta?

Dicho así…
El principal reto de este libro era precisamente el de romper con ese tabú. Este libro es un tributo a la Ciencia en mayúsculas, y a todos los científicos que han dedicado su vida a investigar con rigor uno de los grandes misterios —sino el mayor—de nuestra condición humana. Me interesaba demostrar que se puede intuir la existencia de una supervivencia después de la muerte sin ser etiquetado de persona religiosa; y que igualmente se puede ser intelectual, racionalista y tener espíritu científico sin que ello signifique negar de forma automática la existencia de fenómenos en apariencia irracionales.

-¿Cuál es para ti la aportación científica más significativa sobre este tema?
El libro recoge un buen número, por ello resulta difícil quedarse con una sola. Destacaría, por ejemplo, la labor de la psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross, por ser una de las primeras voces en otorgar autoridad a las visiones en el lecho de muerte dentro del férreo mundo médico. También la gran aportación del neuropsiquiatra Peter Fenwick en el estudio de las personas moribundas. En el campo de la física cuántica destacaría el trabajo del teorizador del Biocentrismo, el aclamado biólogo Robert Lanza, por habernos colocado ante la posibilidad de que la muerte fuera una idea falsa creada por nuestra conciencia.
Muy especialmente subrayaría la ingente aportación del cardiólogo holandés Pim Van Lommel, cuyos estudios sobre la no localidad de la conciencia han marcado un antes y un después en el abordaje científico de las experiencias cercanas a la muerte. Y por supuesto, no podemos dejar de destacar uno de los mayores estudios llevados a cabo hasta la fecha sobre esta materia, sometido a un estricto arbitraje científico: el proyecto AWARE de la Universidad Estatal de Nueva York dirigido por Sam Parnia, que a lo largo de 4 años, y con la participación de 2060 pacientes de 15 hospitales, logró probar que la conciencia lúcida se mantiene cuando el cerebro deja de funcionar.

-Y en lo personal, ¿qué experiencia de las recogidas en tu libro puedes compartir con nuestros lectores?
El libro narra 10 señales (+1 no prevista) que abordan distintos fenómenos relacionados con la supervivencia de la conciencia tras la muerte física del cuerpo: “casualidades”, premoniciones, sueños lúcidos, comunicaciones postmortem, experiencias perimortem, mensajes en clave…Quizás la que más me marcó fue una de las primeras experimentadas al poco de morir mi padre, al que le había solicitado el envío de una señal de supervivencia lo suficientemente clara, directa e inequívoca como para no albergar ningún género de dudas. Ésta se materializó una mañana en que paseaba por una calle céntrica de mi ciudad, y justo en la puerta del lugar donde se había ubicado su casa de juventud, tropecé “casualmente” con un recorte de periódico que contenía un artículo de prensa absolutamente cargado de significado personal. ¡Y hasta aquí puedo contar! El suceso me causó tal impacto que puedo afirmar que fue el verdadero germen de esta investigación y de este libro.

-Siendo escéptica como afirmas, no disimulas tu asombro con lo vivido con una conocida y cuestionada médium, algo que en teoría podría restar credibilidad a tu texto…desde luego eres coherente con lo vivido.
Efectivamente hay un capítulo en el libro que aborda una experiencia vivida con una famosa médium a la que me aproximé con la máxima objetividad y dentro del contexto de la investigación que estaba realizando. Soy consciente de que muchos lectores pondrán en entredicho este episodio (y quizás otros) del libro. Pero reitero que el objetivo del libro no es convencer a nadie de nada, sino exponer hechos que pueden constatarse y abrir debate. Los resultados que obtuve a partir de esta vivencia de mediumnidad fueron tan impresionantes que no hubiera sido objetivo por mi parte excluirlos de esta narración por culpa de los prejuicios o del miedo a ser juzgada.

-¿Eres consciente de la gran repercusión que está teniendo? En poco tiempo, destacaba como un título potente en Amazon, sin nada de publicidad.
Esta gran acogida ha sido una verdadera sorpresa. Nunca esperé tal repercusión. Justamente hoy estoy celebrando haber alcanzado el primer puesto entre los más vendidos en una de las categorías publicadas. Ha sido emocionante convertirme en un best-seller de Amazon a los dos meses del lanzamiento. Lo más bonito de esta experiencia está siendo, sin duda, el feed-back recibido por parte de los lectores. Cada día recibo mensajes de personas anónimas que me comparten con emoción sus propias vivencias a partir de la lectura de las mías. Es en ese momento cuando un libro tan íntimo y personal deja de ser mío y pasa a pertenecer a los lectores, y cuando realmente todo cobra sentido y descubres cuánto vale la pena el oficio de escribir.

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