Arafo

Regresa el pastor Nicomedes: “La cabra siempre tira ‘pal’ monte”

El pastor más longevo de Tenerife, con 86 años, después de vender su rebaño hace menos de un año reúne otro para “entretenerse”: "He reunido unas pocas cuentas, no podía dormir sin tener que ordeñar a las tres de la mañana y pastorear en Chivisaya”, comenta.

Nicomedes Carballo Fariña, el pastor más longevo de Tenerife, ha vuelto a reunir un rebaño / FRAN PALLERO

Hoy no podrá estar con sus cabras porque tiene concertada una visita médica, esas que tanto odia. Quitando algún achaque, como él los llama, Nicomedes Carballo, con 86 años, mantiene una vitalidad digna de estudio, cuando buena parte de esos años los ha pasado debajo de la tierra abriendo galerías de agua o encima, pastoreado en los altos de Candelaria y Arafo, siguiendo la estela de su padre, Juan de Izaña, el último pastor de Las Cañadas del Teide.

Nicomedes es un hombre tranquilo, pero desinquieto, tanto que no ha podido soportar estar mucho tiempo en su casa de Arafo viendo la tele o cuidando a su mujer Eva, algo pachucha durante la pandemia, tras la operación de una rodilla. Fue por eso, la enfermedad de su esposa, que hace poco menos de un año, decidió vender su rebaño, excepto unas cuantas cabras que se quedó como excusa para poder subir alguna mañana a Chivisaya, entre Candelaria y Arafo, donde desde hace años tiene arrendada una finca con un cortijo y un amplio corral.

No recuerda haber tenido enfermedades, “hasta después de jubilarme apenas he ido al médico”, y agradece “a la marquesa”, como llama a su mujer, que le siga dejando beber unos cuantos de vasos de vino al día, “porque me he bebido un río”, afirma con su sonrisa socarrona, quien piensa que “todavía me quedan al menos 70 años de estar dando guerra”.
El estado de alarma y las sucesivas olas de la pandemia le han alejado de su lugar favorito, pero hace unas semanas ha decidido que su vida está en Chivisaya, volviendo a reunir un pequeño rebaño, “unas pocas cuentas”, dice él, para obligarse a subir todos los días al monte, haciendo honor a que “la cabra siempre tira para el monte”, autocalificándose como ese animal que le da la vida. “He estado tanto con mis cabras que soy una cabra más”, le gusta comentar.

Recuerda que “una vez vino un técnico del Cabildo a hacerle un análisis a las cabras y se molestó porque puse en duda sus conocimientos. Le dije, a mí no me hacen falta estudios, yo con el sonido del grillete no solo sé donde están, sino de que pata cojean”.

Cuando se le pregunta por qué volvió a formar un rebaño, lo tiene claro: “Lo hago para entretenerme, yo no puedo estar sentado viendo la tele, y no voy a llegar a los 100 años sentado en una sofá”, comenta con esa sonrisa que ilumina su rostro lleno de surcos por las horas de sol de montaña y sus amplias manos, con huellas de años abriendo galerías en los subsuelos de Tenerife y otras islas.
Llevaba meses, dice, que apenas podía dormir, porque echaba de menos “levantarme a las tres de la mañana y ordeñar las cabras y sacarlas hasta la carretera con Moreno y su cachorro”, relata, mientras se apoya en un largo palo, “porque la cadera no da más de sí”, mientras insiste que “no quiero acabar en los bares de Arafo”.

Nicomedes se basta solo para atender al rebaño, junto a sus perros, pero sí hay quien le eche una mano a la hora de retirar estiércol y de limpiar el corral, tareas que ya le cuesta realizar a Nicomedes, aunque él no termine de reconocerlo. Eso sí, el ordeño y el queso siempre es cosa suya y de su mujer, Eva.

Ahora, casi un año después, vuelve a la rutina cuando sale el sol, sacando a sus cabras a pastorear por los alrededores, en esa colina que está justo sobre la curva de Chivisaya, bien conocida por los motoristas de la Isla, cual atalaya del Valle de Güímar.

Su casa de Chivisaya siempre ha sido un lugar de encuentro, incluso ahora en plena pandemia. Un lugar de encuentro, donde el “vamos a ver a Nicomedes” es sinónimo de alegría, de pasar un buen rato, con las risas de su mujer, Eva, de aprendizajes de la vida, de historia viva de nuestro campo, de degustación de un buen vino y del mejor queso y de planes. Porque Nicomedes siempre está planeando, como si estuviera en la flor de la vida. Nos habla desde la compra de alguna cabra que vio en algún sitio – “las reconozco a una legua”, suele decir- o como será la próxima romería de San Agustín en la que siempre, hasta el año pasado que se suspendió, exponía sus bellos machos.

“Soy pastor desde niño, desde que acompañaba a mi padre, pero tuve que compaginarlo durante 27 años con la de canalero; me llamaban el Negro, porque siempre estaba tiznado”, comenta sobre aquello años en la que convivió con la muerte en los talones.

Nicomedes ha pasado su vida bajo tierra como canalero y en montes como pastor / FRAN PALLERO

Estirpe de pastores

Nicomedes Carballo Fariña nació hace 86 años en La Orotava, y tras ayudar a su extensa familia en Izaña, se trasladó a temprana edad al otro valle, el de Güímar, en donde formó su propio rebaño que compaginó con la de canalero.

Nicomedes es hijo de Juan de Izaña, de la estirpe de los últimos pastores de Las Cañadas del Teide, de donde desapareció el pastoreo en 1954 cuando fue declarado Parque Nacional y con él buena parte de las siete cañadas o senderos que recorrían pastores de todo Tenerife con sus cabras. “Hoy esos caminos apenas son transitados, y se encuentran en muy mal estado”, recuerda desde su cobertizo de Chivisaya, justo en el kilómetro 10 de la carretera que va de Arafo hasta El Portillo, que arrendó hace unos 20 años.

Su dilatada vida ha estado ligada siempre a las alturas, ya sea sacando agua del interior de El Hierro, La Palma o Tenerife o pastoreando por los montes y barrancos, trabajos que compaginó hasta los 65 años, cuando dejó las galerías y solo se dedicó al pastoreo.

El alcalde de Arafo, Juan Ramón Martín junto al veterano pastor y su esposa Eva, en Chivisaya, a mil metros de altitud. / SERGIO MÉNDEZ

Juan Ramón Martín: “Es un orgullo para Arafo tenerlo como vecino”

“Nicomedes nunca ha dejado de mirar hacia adelante, aunque sabe muy bien que en el acto de enterrar el regatón de su lanza se sustenta buena parte de la tradición de nuestro pueblo. Un pueblo que ha vivido durante mucho tiempo en torno a la agricultura y a la ganadería, y aquí Nicomedes es un referente”, relata el alcalde de Arafo, Juan Ramón Martín, orgulloso de tenerle como vecino.
“Un referente para la agricultura, porque fue miembro de una generación que heredó nuestra cumbre en busca del agua que hizo que Arafo estuviera cultivado desde la costa hasta los altos. Como pueblo tenemos que poner en valor la cultura del agua. En primer lugar, en señal de respeto a nuestros antepasados, a su duro trabajo y de recuerdo a aquellos que perdieron la vida dentro de una galería. Y también porque por ese trabajo realizado, entre otros por Nicomedes Carballo, hoy tenemos una herramienta que debemos explotar como atractivo turístico”, añade.

“Pero Nicomedes -prosigue el alcalde- no fue un trabajador cualquiera. Nicomedes es un conocedor de las entrañas de las tierras, de sus peligros y de las estrategias para racionalizar el trabajo con el fin de conseguir el agua. Una maestría que ha llevado por toda la isla e incluso fuera de ella. Creo sinceramente que no es exagerado decir que todos los ingenieros de minas deberían hablar con Nicomedes, aunque sea una vez. Estoy seguro de que su experiencia complementaría los estudios universitarios”, sentencia Martín.

“Y por supuesto, hablar de Nicomedes es hablar de cabras y de Chivisaya, de quesos, de esfuerzo y de amor por un entorno. Hablar de Nicomedes es hablar de sabiduría de la ganadería caprina, desde el nacimiento del baifo hasta la elaboración del queso. Con solo mirar a una cabra, sabe si tiene alguna enfermedad y conoce los remedios para curarla”, afirma sobre el Nicomedes pastor. “Estoy seguro de que es cierto lo que dice de que pidió una prórroga de 70 años más y le vino aprobada. Tal vez en esos 70 años nos podrá enseñar todo lo que sabe y los araferos en ese tiempo podríamos agradecerle su sabiduría y el orgullo que supone tenerlo como vecino”, finaliza.