Cultura

Saray Encinoso: “El viaje comienza mucho antes de que nos demos cuenta y continúa incluso después del regreso”

La periodista tinerfeña publica 'El año que no viajé a Buenos Aires"

La periodista tinerfeña Saray Encinoso Brito. / DA

Una guía imaginaria para un viaje que nunca sucedió. Así presenta Ediciones Menguantes El año que no viajé a Buenos Aires. Aunque quizás, si lo miramos de otra manera, este libro de la periodista tinerfeña Saray Encinoso Brito también puede entenderse como el relato fabulado de una ruta que emprendió hace ya un tiempo, a la que apenas le falta coger un avión para consumarse en esto que hemos convenido en llamar realidad. Si 2020 se convirtió, entre otras muchas consecuencias, en el año que se suspendieron los planes de viaje por culpa de una pandemia, la autora de este volumen describe el que -aún no- ha realizado a la capital argentina, sirviéndose de elementos como la música, la literatura o su propio vínculo familiar, para mostrarnos de qué manera fue tomando forma su sueño de atravesar el Atlántico y reencontrarse con todo aquello que había imaginado.

El año que no viajé a Buenos Aires no es un libro de viajes, sino un libro sobre el viaje. ¿Cómo surge esa idea literaria de emprenderlo?
“A partir de una columna de opinión que escribí el año pasado, cuando, como tantas otras personas, tuve que cancelar los planes que había hecho. En este caso, unos planes que para mí eran más importantes que los de cualquier otro viaje que he realizado, porque he soñado con ir a Buenos Aires durante muchísimo tiempo. Tras esa cancelación comencé a reflexionar acerca de cómo solemos viajar, por qué vamos a los sitios que vamos o sobre cuándo empiezan realmente los viajes: si lo hacen en el momento en que llegamos al destino o en realidad estamos viajando mucho antes de que tomemos el avión, con las lecturas que hacemos, con las películas que vemos…, con cosas con las que de alguna manera ya nos estamos desplazando. Y también a raíz de ese artículo pensé sobre cómo seguimos haciendo el viaje incluso después de que regresemos”.

-Uno de los alicientes para cualquier viajero es encontrarse con lo imprevisto, con lugares y situaciones que no figuraban en el mapa. ¿Han sido muchas las sorpresas que ha hallado mientras escribía su relato?
“Sí. Inicié el viaje con lo que tenía más a mano: la música argentina que fui conociendo desde pequeña, cuando me la ponía mi padre. Sin embargo, al ir investigando para hacer esta guía imaginaria sobre el viaje que quiero realizar, fui encontrando cosas que ignoraba. No solo sobre Argentina, sino también acerca de los lazos que tiene mi familia con ese país. Así que fue un descubrimiento en varias direcciones”.

“Según escribía, descubría cosas sobre Buenos Aires, pero también de mi vínculo familiar con la ciudad”

-Señala que definir el inicio y el final de un viaje, de cualquier viaje, no es sencillo. La experiencia comienza incluso antes de que surja en nuestra cabeza la idea de viajar y permanece después de que lo hayamos hecho. ¿En qué momento se encuentra ahora su viaje a Argentina?
“Creo que sigo haciéndolo. No solo cuando preparamos el viaje podemos decir que ha comenzado. Creo que a veces lo hace sin que ni siquiera nos demos cuenta. Tengo la sensación de que mi interés por Argentina empezó a fraguarse antes de que yo fuera consciente: cuando aún odiaba todas esas canciones que me ponía mi padre, pero que crearon un hilo del que fui tirando. Muchas de las cosas que continúe escuchando o leyendo, o por las que me he ido interesando en mi vida, tienen de alguna manera que ver con Argentina o con el viaje que yo espero realizar, con cómo voy a ver Buenos Aires en relación con el interés sobre esa ciudad que he ido adquiriendo. De manera que creo que algunas veces el viaje comienza casi sin querer, y hasta en cierto sentido es heredado. Todavía no he ido a Buenos Aires, pero siento que ya he estado allí de alguna forma”.

-La primera persona que le llevó a Argentina fue su padre, a través de la música. ¿Cómo han influido esas canciones durante todos estos años en su vínculo hacia ese país?
“Cuando empecé a escuchar esas primeras canciones no tenía ni idea de la historia de Argentina, pero muchas de las que mi padre me ponía hablaban, por ejemplo, de la dictadura y de la guerra de las Malvinas. Luego descubrí que todo eso había influido en la historia del rock en ese país. Cuando se declaró la guerra de las Malvinas, el Gobierno militar prohibió que se escuchase música en inglés, lo que hizo que el rock argentino, que hasta entonces había sido marginado, ganase una repercusión que no había tenido antes. Digamos que a partir de esa música que yo cantaba sin saber realmente cuál era su significado me fui interesando por la historia del país y sobre cómo vive la gente cuando lo hace en medio de situaciones tan complicadas como pueden ser una dictadura o una guerra”.

Portada del libro ‘El año que no viajé a Buenos Aires’ (Ediciones Menguantes, 2021). / DA

-Entre las paradojas de esta pandemia, en Canarias figura la quietud del confinamiento y la constante llegada de los migrantes africanos. Usted habla de ese tránsito dramático y también narra el traslado de sus tatarabuelos a Argentina. Parece que, más de un siglo después, las cosas no han ido a mejor…
“Mis tatarabuelos emigraron a Argentina en busca de una vida mejor, igual que hoy tantas personas en África abandonan sus países y pasan por Canarias, la primera parada hacia Europa. Me llamó la atención que en aquella época, finales del siglo XIX, principios del XX, cuando la gente llegaba a Argentina existía una cosa que se llamaba Hotel de Inmigrantes. Esas familias podían pasar unos días en el hotel, el tiempo que necesitasen para conseguir un trabajo, que en ese momento era algo que resultaba más o menos sencillo. Argentina fue el país que en esos años, proporcionalmente a su población, más extranjeros recibió. Muchos de los emblemas que asociamos hoy a Argentina fueron construidos por inmigrantes, sean españoles, italianos o de muchos otros sitios. Eso me hizo pensar también en los tipos de viajes que hay. Viajar hace unos siglos era una cosa muy distinta de lo que nosotros entendemos en la actualidad. Pero es que además viajar hoy en día sigue resultando muy diferente para unas personas y para otras. En Canarias hemos abierto ahora hoteles para inmigrantes, pero no lo hemos hecho con la misma filosofía que en aquel entonces. Salvando todas las distancias y teniendo en cuenta que en ese momento un hotel no era lo que es hoy, no deja de ser paradójico”.

“Mi interés por Argentina comenzó cuando aún odiaba las canciones que me ponía mi padre”

-Escribir sobre Buenos Aires sin haber visitado la ciudad, ¿le ha supuesto un proceso más o menos laborioso de documentación o precisamente se trataba de eso, de abordar un ejercicio literario totalmente libre y subjetivo?
“En los agradecimientos del libro doy las gracias a los argentinos por permitirme imaginar cómo es Buenos Aires. Porque la Buenos Aires de este libro es solo la que está en mi cabeza. Hay cosas que, evidentemente, son reales, en el sentido de que he podido leerlas e interesarme por ellas a lo largo de los años. Pero hay un margen de error que no voy a poder reducir hasta el día en el que esté allí. Por ejemplo, en lo relacionado con cómo me sentiré cuando esté en determinados lugares. Así que tiene una parte difícil, porque el libro ha consistido en hablar de un sitio en el que nunca he estado, pero también hay otra más sencilla, pues siempre he estado pensando en Buenos Aires”.

-En muchas ocasiones, el turismo ha transformado el viaje en un estresante periplo, en el que ir tachando de una lista inmensa los lugares de visita imprescindible. ¿De qué manera escapa uno a esa presión, sin tener por ello necesariamente la vocación de explorador?
“Deberíamos plantearnos los viajes como un momento para descubrir. Si vamos a un lugar que nos interesa por una serie de razones, descubrirlas. No marcarnos una agenda que a veces parece más una tarea, una competición, una gincana. No podemos convertir el viaje en una extensión de ese sentimiento que a menudo tenemos de no llegar a todo lo que nos gustaría: no nos da tiempo de leer todo lo que queremos, no nos da tiempo de ver todas las películas que nos interesan… y cuando viajamos, al llegar a un sitio parece que ya estamos pensando en el siguiente. Entiendo que hay que aprovechar el tiempo, pero es que durante el viaje también debemos hacer cosas que supuestamente son perder el tiempo”.

“El viaje no debería ser una gincana; también hay que hacer cosas que parecen pérdidas de tiempo”

-Y una vez que se encuentre en Buenos Aires, ¿cuál es el primer lugar que quiere visitar?
“Yo creo que el primero será el Luna Park, esa especie de estadio de conciertos. En YouTube he podido ver algunos y también los he escuchado en discos grabados allí. Es un sitio que me trae muchos recuerdos relacionados con la música y con la ciudad”.