tribuna

Una reforma psiquiátrica que no se entendería sin el papel del movimiento asociativo, por Claudia Simón Febles

Por Claudia Simón Febles.

Se cumplen 35 años desde que se aprobara la Ley General de Sanidad, un texto jurídico que supuso un hito para la atención sanitaria en España, y más aún para la salud mental. Al amparo de ella, se cerraron los conocidos como ‘manicomios’ y se abrieron las posibilidades para que las personas con problemas de salud mental comenzaran a recibir un trato digno, más humano, y un tratamiento en el ámbito comunitario, cerca de su entorno social y familiar.


Esta ley fue la mejor manera de “dar carpetazo” a un periodo oscuro de la historia, en el que la realidad en los centros era alarmante: en ellos convivían muchas personas, tuvieran un trastorno mental o no, quienes eran sometidas a auténticas torturas, al aislamiento social y, en definitiva, al olvido.

En muchos países de Europa estas instituciones cerraron en la década de los 60 y 70, pero en España hubo que esperar hasta el 25 de abril de 1986 para que el Congreso de los Diputados aprobara la ley, conocida como la Reforma Psiquiátrica. Sin embargo, el camino que se planteaba no era sencillo, puesto que la inexistencia de recursos de atención alternativos, unido a unos estigmas sociales muy arraigados y la desinformación de las familias y personas allegadas, dificultaban que los mandatos legislativos pudieran desarrollarse plenamente y que devolvieran a las personas los derechos fundamentales que habían sido constante y sistemáticamente vulnerados.


Pocos años antes nace el movimiento asociativo por la salud mental, pero es a partir de la reforma cuando se impulsa su actividad. Soledad García, trabajadora social del Hospital Psiquiátrico de Tenerife durante 25 años, tuvo ocasión de constatar de primera mano que la situación en la que se hallaban las personas con trastorno mental grave distaba mucho de ser digna. Ella y un grupo de familiares fundaron AFES Salud Mental en 1982, en un pequeño local cedido por el párroco de un barrio de Santa Cruz de Tenerife. El primer centro ocupacional, de alfarería canaria, dio cabida a 15 personas, y los primeros grupos de ayuda mutua familiar se iniciaron poco después junto con el programa de voluntariado. Estas iniciativas continúan en marcha en la actualidad. AFES Salud Mental se convirtió así en la primera asociación de salud mental de Canarias y una de las primeras de España, y desde entonces ha ido dando respuesta a las diferentes necesidades que han surgido tras la aprobación de esta ley.

Hoy, casi 40 años después, esta Asociación sin ánimo de lucro presta sus servicios de atención a la salud mental a personas con trastorno mental grave y sus familiares y para ello cuenta con una plantilla de más de 100 profesionales contratados y el apoyo de 50 personas voluntarias, brindando atención a casi 2.000 personas al año. Han sido casi cuatro décadas de persistente trabajo, de nuevos retos, pero siempre con la mirada puesta en mejorar la calidad de vida de las personas.

  • Técnica de comunicación de AFES Salud Mental.

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