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Francisco García-Talavera: “La Macaronesia debe reivindicar el vínculo natural e histórico de las islas y yo abogo por una gran unión”

El geólogo y paleontólogo tinerfeño acaba de publicar el libro 'Macaronesia. Naturaleza, historias y leyendas'
El geólogo y paleontólogo tinerfeño Francisco García-Talavera Casañas. / DA

Con el título de Macaronesia. Naturaleza, historias y leyendas (Editorial Kinnamon), Francisco García-Talavera Casañas ha vuelto a adentrarse en un tema que alimenta su curiosidad intelectual desde hace años: el territorio atlántico que conforman los archipiélagos de Azores, Madeira, Salvajes, Canarias y Cabo Verde. En este volumen, que enriquece una obra anterior publicada en 2018, el geólogo y paleontólogo tinerfeño ofrece al lector uno de los trabajos más amplios que se hayan publicado sobre la Macaronesia tomada en su conjunto, pero también adentrándose en cada una de las islas. El objetivo es describir unas características que ponen de relieve los numerosos rasgos que comparten. La geología, el clima, la flora y la fauna, los poblamientos, la historia y las leyendas asumen el protagonismo en la lectura de estas páginas, en las que incluso hay espacio para reflexionar acerca del futuro y apostar por fortalecer el vínculo indisociable que poseen las islas macaronésicas.

-Al hablar de la Macaronesia nos situamos ante un origen geológico común, ¿pero cuál ha sido el vínculo histórico de estas islas del Atlántico Norte?

“Ese vínculo viene marcado por la presencia portuguesa. Menos Canarias, el resto de los archipiélagos que conforman la Macaronesia, Azores, Madeira, Islas Salvajes y Cabo Verde, son o han sido portugueses. Las islas Salvajes, más cercanas a Canarias que a Madeira, a las que pertenecen administrativamente, han tenido mucha conexión con nuestro archipiélago, sobre todo los pescadores de las islas orientales de Lanzarote y Fuerteventura o incluso con el cultivo de la barrilla. Así que, además de una naturaleza volcánica común, la conexión histórica es la presencia portuguesa.

-Algo que también se plasmó en Canarias.

“Sin duda, y eso no se ha valorado lo suficiente, aunque es cierto que algunos autores, como José Pérez Vidal, la han resaltado. Desde antes de la conquista de las islas de Realengo, Gran Canaria, La Palma y Tenerife, los portugueses estuvieron interesados en hacerse con el Archipiélago. Finalmente, los reinos de Castilla y de Portugal llegaron a un pacto, mediante el Tratado de Alcazobas (1479) y otros acuerdos, y se repartieron el pastel, también en América y en África”.

-Geólogo, paleontólogo… ¿En qué momento surge el interés intelectual de Francisco García-Talavera por la Macaronesia?

“Hace ya mucho tiempo. A comienzos de los años 70, trabajaba en el Instituto Español de Oceanografía y participé en muchas campañas. Entre ellas, bajo la dirección de Carmelo García Cabrera, Norcanarias I, en 1972. Trabajamos sobre todo en el norte de Lanzarote, el archipiélago Chinijo, las islas Salvajes y Madeira. Después, en 1976, organizamos desde el Museo de Ciencias Naturales del Cabildo de Tenerife otra expedición a las islas Salvajes, Agamenón 76, que también fue muy exitosa. Dos años más tarde, en 1978, Lázaro Sánchez Pinto, un gran botánico, y yo fuimos a Cabo Verde en un barco de pesca y en 1979 se desarrolló un congreso en Azores al que asistí. De alguna manera, esos fueron los comienzos de mi interés por estudiar la Macaronesia y el denominado enclave macaronésico continental. En 1985 fuimos a Agadir. Al norte de esa población marroquí hay un cabo, Aguer, término que se deriva de Aguere, que en bereber significa laguna. Ese cabo es paradigmático del enclave macaronésico. Su flora es muy similar a la que tenemos en nuestras costas. Desde el sur de Marruecos hasta Senegal hallamos, por ejemplo, una de las tabaibas (Euphorbia balsamifera) más características de Canarias. En el Anti-Atlas hay una subespecie de drago, Dracaena draco subsp. ajgal, que posee más semejanzas con nuestro Dracaena draco que incluso el Dracaena tamaranae de Gran Canaria”.

-En una obra de estas características, que aborda tantas vertientes, ¿cómo se concilia el rigor científico con la necesidad de presentar un texto accesible?

“Creo que ese objetivo se alcanza con la experiencia. A lo largo de tantos años y publicaciones, de textos científicos, de opinión y de divulgación, vas aprendiendo a ser sintético y a elaborar escritos que se salgan del ámbito científico de las revistas especializadas, que no llegan a un público más general. Llevo mucho tiempo divulgando aspectos vinculados a la Macaronesia y en este libro creo que se podrá observar ese intento de elaborar un texto asequible. De lo que se trata, en suma, es de que la gente conozca esos lazos que tenemos con los otros archipiélagos atlánticos”.

“La relación cultural, y hasta genética, de Canarias con Portugal ha sido muy importante”

-¿Y qué otros ejemplos, además de los que guardan relación con la flora, citaría de ese vínculo entre estas islas atlánticas?

“Aquí nos encontramos por todos lados con topónimos portugueses. Son muchos los portuguesismos presentes en el habla canaria, aunque se están perdiendo, por desgracia. Hay registrados unos 140 apellidos de origen portugués, muchos de ellos castellanizados, como Bello, que viene de Velho; Mederos (Medeiros), Montero (Monteiro), López (Lopes), Gómez (Gomes), Hernández (Hernandes)… Tenemos una relación cultural, y hasta genética, muy importante con Portugal. El primer motor económico de Canarias tras la conquista fue el azúcar. Los portugueses eran grandes especialistas en su cultivo e introdujeron aquí los ingenios azucareros. El cultivo de la caña de azúcar comenzó en Madeira décadas antes de que tuviera lugar la conquista de Gran Canaria, La Palma y Tenerife”.

-Mucho de lo que aborda este libro va más allá de la documentación y parte de la experiencia en primera persona. ¿Cómo ha sido esa aventura intelectual a lo largo de los años?

“He tenido la oportunidad de trabajar en lo que me gusta. Durante 20 años fui profesor del Departamento de Geología de la Universidad de La Laguna (ULL), que dirigiera Telesforo Bravo. Con él hicimos algunas expediciones, incluso en esa primera de la Macaronesia, Norcanarias I, él también iba a bordo del barco oceanográfico Cornide de Saavedra. Era la tercera ocasión en la que visitaba las islas Salvajes, para mí era la primera. Más tarde, impartí clases de paleontología. Soy licenciado en Ciencias Geológicas por la Universidad Complutense de Madrid, pero los dos últimos cursos correspondieron a la especialidad de Paleontología. El doctorado lo realicé aquí, los directores de mi tesis fueron Telesforo Bravo y Bermudo Meléndez. También estuve durante 40 años en el Museo de Ciencias Naturales de Tenerife [hoy Museo de Naturaleza y Arqueología, MUNA]. De modo que he podido disfrutar mucho con mi profesión y mi vocación. Ahora, tras jubilarme, he publicado ya cuatro libros, por lo que sigo sin aburrirme”.

-¿De qué manera ha evolucionado nuestro conocimiento acerca de la Macaronesia?

“Esa evolución ha tenido que ver con el propio término de Macaronesia. Al principio, fueron fundamentalmente los botánicos quienes lo aplicaron, atendiendo a las analogías que hallaban en estos archipiélagos. Con el tiempo se introdujo el factor geográfico y después el histórico y cultural. Cuando comenzamos a hacer Macaronesia desde el Museo, con compañeros como Lázaro Sánchez Pinto o Juan José Bacallado, la gente fue conociendo el término, que al principio sonaba a chino. Ahora hemos llegado incluso a establecer unas relaciones políticas muy estrechas entre los archipiélagos. El último capítulo de este libro lo dedico, precisamente, a esa cuestión, a la Macaronesia del futuro, y abogo por una gran unión. Salvo Cabo Verde, somos regiones ultraperiféricas pertenecientes a Europa. Eso nos une políticamente y de hecho podríamos ampliar aún más nuestras relaciones y ejercer nuestra influencia, como tienen las islas del Índico y del Pacífico”.

-En esa voluntad investigadora y divulgadora hay, por tanto, también el deseo de que se reconozca ese nexo entre los territorios insulares”.

“Sí. Se trata, en definitiva, de reivindicar que la Macaronesia se conciba como una entidad conjunta, más allá de la mitología del mundo antiguo, que habla del Jardín de las Hespérides, las Islas Afortunadas o de los Bienaventurados, y se la reconozca como una realidad geográfica y política”.

“El cabo Aguer, que viene de Aguere (laguna), en Marruecos, es un paradigma del enclave macaronésico continental”

-Este volumen supone una relectura, pero también una reescritura, de Macaronesia, historias y leyendas, una obra a la que ahora se le añade un nuevo término, naturaleza. ¿Cómo ha afrontado este reencuentro con ese trabajo de 2018?

“Creo que esta publicación es una mejora sustancial de la anterior. Desde las propias características de la edición hasta los contenidos, que se han ampliado de forma notable. Esa nueva parte dedicada a la naturaleza aborda el origen, el poblamiento animal y vegetal, la Macaronesia sumergida, la evolución insular, la paleoecología, las relaciones biogeográficas con el enclave macaronésico continental… Además, hay capítulos centrados en cada archipiélago, algo que en la edición anterior solo se trató con algunas pinceladas, y se han agregado nuevos epígrafes”.

-En esta obra confluyen las historias y las leyendas. ¿Qué aspectos son los más sobresalientes de ese relato sobre las islas macaronésicas?

“En cada archipiélago encontramos relatos legendarios. En Canarias, por ejemplo, tenemos el de San Borondón. Hay muchas leyendas, como la del árbol Garoé, que se sustentan en la realidad. El agua en El Hierro nunca fue abundante y los bimbaches la tomaban de este árbol, aprovechando la lluvia horizontal. Pero también hay hechos históricos que resultan tanto o más interesantes. En Azores existe un relato que nos habla de una batalla naval en la isla Terceira, a finales del siglo XVI [1582], cuando Portugal pertenecía al Imperio español de Felipe II. Una escuadra española, al mando de Álvaro de Bazán, se enfrentó a una flota que integraban franceses, portugueses contrarios a España e ingleses. Fue la primera gran batalla naval entre grandes potencias.

-También hace alusión a la escala de la flota de Magallanes en Tenerife, de la que en 2019 se cumplieron cinco siglos, en la que sería la primera vuelta al mundo.

“Sí. Magallanes hizo escala en 1519 en El Médano (Granadilla de Abona), al socaire de la Montaña Roja. Iba al mando de una flota de la Corona española conformada por cinco barcos. El objetivo de la expedición era crear una nueva ruta con las islas de las especias, las Molucas. Portugal tenía entonces el monopolio de esos productos tan cotizados, pues controlaba el paso por el cabo de Buena Esperanza (en la actual Sudáfrica) y hacía la ruta por el Índico hasta llegar a las Molucas (entre Célebes y Nueva Guinea). Fernando de Magallanes presentó inicialmente al rey de Portugal, Manuel I, su propuesta de buscar un itinerario por América que conectase el Atlántico con el Pacífico. Es decir, el paso por la Patagonia, en el cono sur del continente, lo que hoy conocemos como estrecho de Magallanes. Pero ante el rechazo del rey portugués, se lo propuso entonces a Carlos I de España, que aceptó. Al parecer, Magallanes tenía contactos en Tenerife, pues un tal Gonçalvez Zarco, descendiente del descubridor de Madeira, se dedicaba aquí a la fabricación de la pez para calafatear los barcos. Como las embarcaciones que salieron de Sanlúcar de Barrameda se hallaban en malas condiciones, él decidió pasar por Tenerife para aprovisionarse de la pez”.

Dragos en el Roque de Tierra, en Anaga, en una imagen que ilustra la portada de Macaronesia. Naturaleza, historias y leyendas. / Javier Martín-Carbajal

-Y aquí surge la figura de Pedro de Tenerife.

“Mientras estuvo fondeada, la flota incorporó a cuatro nuevos tripulantes, y una de esas personas fue seguramente un guanche: Pedro de Tenerife, que además se convirtió en uno de los supervivientes de la travesía. Hay una placa en Guetaria (Guipúzcoa), de donde era originario Juan Sebastián Elcano, quien completó la vuelta al mundo al mando de la expedición tras morir Magallanes durante la batalla de Mactán (en la actual Filipinas). En esa placa se menciona a los 31 supervivientes del viaje. Todos ellos con nombres y apellidos, menos Pedro de Tenerife. En esos años, todo lo que es el Valle de Güímar era territorio guanche, y de ahí hacia las bandas del Sur se habló guanche, según Bethencourt Alfonso, hasta mediados del siglo XVIII”.

“Esta pandemia nos ha abierto los ojos y tenemos que repensar un mundo nuevo, donde el futuro de las islas tiene mucho que ver con cuestiones como el turismo, la protección del medio ambiente o el desarrollo de las energías renovables”

-En los últimos tiempos, el término Macaronesia ha recuperado vigencia al referirse a territorios ultraperiféricos de la Unión Europea. ¿Por dónde debería transitar, ese vínculo histórico y también político entre estas islas?

“Una federación sería complicado, pues se trata de un término político y estamos hablando de archipiélagos, salvo Cabo Verde, que no son independientes. No obstante, considero que Canarias debería transitar hacia un Estado libre asociado y creo que llegará a ser así. El Archipiélago se diferencia mucho de cualquier otra comunidad del Estado español. Ni catalanes ni vascos ni gallegos poseen tantas prerrogativas para serlo como los canarios, entre otras cosas, porque fuimos una colonia hasta bien entrado el siglo XVIII. Por otra parte, realmente Azores y Madeira tienen más autonomía en Portugal que la que tenemos nosotros en España. En los años 70 desarrollaron allí una ley de las aguas archipielágicas y cuentan con su zona económica exclusiva, las 200 millas, reconocida por Portugal. Sin embargo, España no lo ha hecho con Canarias precisamente por el contencioso con Marruecos. Estoy convencido de que todo esto se acabará por solucionar y el futuro irá por ahí”.

-En todo caso, compartimos un emplazamiento y otras especificidades que pueden resultar muy atractivas.

“Sí. La situación geoestratégica de estos archipiélagos con tanto en común es muy importante, como se comprobó, por ejemplo, en la Segunda Guerra Mundial. Pero no solo con respecto a Europa, sino también con África, que va a poseer una relevancia enorme en el futuro, y con América. Basta con que haya un conflicto como el de la Guerra de los Seis Días entre Egipto e Israel, o se bloquee el canal de Suez, como ha ocurrido recientemente, para que el comercio deba circular por estas aguas de forma mayoritaria. Por otra parte, creo que esta pandemia nos ha abierto los ojos y tenemos que repensar un mundo nuevo, y eso tiene mucho que ver con cuestiones como el turismo, la protección del medio ambiente o el desarrollo de las energías renovables”.

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