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Yaiza, 24 años y sin patologías: “No bebo ni fumo, hago deporte y estuve 12 días ingresada con Covid”

La joven, que reside en el municipio tinerfeño de El Sauzal, reconoce que sintió miedo ante la incertidumbre de su caso, que fue calificado por los profesionales como "extraño": "Nadie puede dar por hecho que vaya a pasar el coronavirus asintomático, incluso los jóvenes"
Imagen de archivo de una planta Covid. | Europa Press

Prefiere utilizar en la entrevista un nombre ficticio para preservar su intimidad, probablemente para evitar el atributo de “pobrecita”. Yaiza, como los más de 50.000 canarios que se han contagiado desde el inicio de la pandemia, conoció la realidad del coronavirus y, entre incertidumbre, dolores y malestar, tuvo que hacerle frente desde la cama de un hospital, en concreto el Hospital Universitario de Canarias (HUC).

Ocurrió en noviembre del año pasado, cuando un contacto estrecho decidió ocultar sus sospechas frente a un cuadro sintomatológico que coincidía con la Covid-19. La joven de 24 años, que reside en el municipio norteño de El Sauzal, recibió unos días después del citado encuentro la llamada de un rastreador comunicándole lo sucedido, justo la misma jornada en la que la persona contagiada prefirió confesarlo. Yaiza y su pareja tuvieron que confinarse en su vivienda, pese a que la primera prueba PCR resultó negativa. Sin embargo, fue una semana después cuando realmente comenzó el calvario.

“Empecé a sentir escalofríos, malestar y algo de fiebre, pero con el tiempo los síntomas fueron empeorando”, cuenta en una entrevista a DIARIO DE AVISOS la afectada, quien, tras confirmar mediante otro test que sí estaba padeciendo el temido virus, tuvo que aislarse en una habitación. Afortunadamente, su pareja no llegó a contagiarse, pero Yaiza presentaba cada día una mayor y preocupante carga viral. “Por recomendación médica, combinaba pastillas de paracetamol e ibuprofeno, pero llegó un momento en el que era imposible comer ni beber nada porque solo vomitaba”. Dos semanas después de haberse contagiado, la tinerfeña ingresaba en la planta Covid del HUC. “Me hicieron muchas pruebas y analíticas porque mi caso era extraño”, asegura Yaiza, que reconoce que sintió miedo ante la incertidumbre de su situación.

Finalmente, los especialistas llegaron a la conclusión de que era hepatitis y pancreatitis provocadas por el coronavirus. “Los primeros días fueron horribles: me dolía mucho el estómago, vomitaba todo lo que comía, estaba totalmente deshidratada y la fiebre no me bajaba”, explica. Yaiza permaneció un total de 12 días ingresada en el centro hospitalario, de los cuales solo pudo comer dos, ya que el resto de las jornadas se alimentaba mediante suero y glucosa. Admite que fueron unos días bastante duros: “Me comunicaba con mi familia por el móvil y el personal sanitario mantenía un escaso contacto conmigo para evitar contagiarse; solo lo esencial”. Eso sí, indica que, en general, el trato fue “amable y atento”.

Ahora, tras más de seis meses recuperada y sin secuelas, Yaiza reflexiona acerca del aún desconocimiento con respecto a la Covid-19. “Siempre intento cuidarme: no bebo ni fumo y hago deporte con regularidad, pero el coronavirus me dejó casi dos semanas hospitalizada”, declara. Sin embargo, después de las pruebas pertinentes llevadas a cabo, la entrevistada no desarrolló anticuerpos, por lo que a día de hoy podría volver a contagiarse. “Tengo que tener mucho cuidado”, afirma.

Tras lo vivido -y aprendido-, tiene claro que no puede fiarse de nadie y opta por relacionarse con poca gente. Y es que, en alusión a la persona que le transmitió la enfermedad, “no creo que sea coherente seguir en contacto con alguien tan imprudente e irresponsable”. “Yo, en cambio, intenté tomar todas las precauciones posibles y no contagié a ningún familiar”, agrega.

Al ser preguntada por las estremecedoras imágenes de botellones el pasado fin de semana en distintas ciudades del país, Yaiza se muestra firme y coherente: “Nadie puede dar por hecho que vaya a pasar el coronavirus asintomático, incluso los jóvenes”. Manifiesta que siendo responsables, se evitaría mucho sufrimiento. “Prefiero perderme una fiesta que la vida, mi propia vida”, concluye.

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