búsqueda de anna y olivia

El Ángeles Alvariño presta especial atención a una zona situada a seis kilómetros de la costa santacrucera

Todo apunta a que se recurrirá al robot submarino para poder identificar con certeza "algo extraño" detectado gracias al sonar
Recorrido del barco durante su rastreo de ayer. / DA

La navegación del buque oceanográfico Ángeles Alvariño desde que el pasado domingo se sumó a la búsqueda por mar de pruebas relacionadas con la desaparición de las dos niñas tinerfeñas ha permitido comprobar que se está prestando especial atención a una zona ubicada a 3,2 millas náuticas (poco menos de seis kilómetros) de la costa santacrucera, no muy lejos de donde está el Palmetum. Como anoche confirmaron a Europa Press, se ha detectado “algo extraño” que, para ser identificado con certeza, va a requerir los servicios de su robot submarino, capaz de descender hasta los 2.000 metros de profundidad a pleno rendimiento.

Como se puede observar en la imagen adjunta, el barco volvió ayer a repasar dicha área, una zona donde las líneas de su recorrido son más gruesas al ser más visitadas que las demás, Cuando transcurre por ahí, reduce la velocidad desde sus habituales cuatro nudos a tan solo uno e incluso medio nudo, siendo las profundidades submarinas de unos respetables 1.100 metros.

Desde que se sumó a esta labor hasta las 22.10 horas de ayer, el Ángeles Alvariño ha recorrido un área total de, aproximadamente, 36 millas cuadradas, con distancias a la costa que comprenden desde 1,4 kilómetros a poco más de 12. Respecto a la profundidad existente en la zona por donde ha navegado, oscila entre 360 metros y dos kilómetros.

La búsqueda por mar de las niñas Anna y Olivia, desaparecidas al igual que su padre hace más de un mes, podrá contar con el respaldo de este buque oceanográfico hasta la próxima semana, según confirmaron ayer a Efe fuentes de la investigación. En total, serán entre ocho y nueve días de búsqueda ininterrumpida durante las 24 horas de cada jornada con el barco del Instituto Español de Oceanografía escudriñando parte del litoral de la vertiente este de Tenerife.

Cabe recordar que la zona donde ha comenzado a trabajar el Ángeles Alvariño fue acordada por la Guardia Civil y personal del buque, siendo delimitada, entre otros hechos, por el geoposicionamiento del móvil del padre de las niñas, Tomás Antonio G.C., quien se hizo a la mar en dos ocasiones en la noche del 27 de abril, cuando se le perdió el rastro. También el gasto de combustible realizado por la embarcación de recreo que utilizó ese día, que se ha podido calcular con notable precisión tras averiguarse que había llenado los depósitos de dicha lancha ese mismo mes, ayuda al acotamiento del área que, a priori, despierta el interés de los investigadores de un suceso que un juzgado de Güímar califica como un presunto secuestro parental.

Aquella noche, Tomás embarcó solo, sin la compañía de las niñas, y antes cargó desde su vehículo maletas y bolsos, para lo que tuvo que realizar tres viajes. De regreso de su primera incursión en el mar fue interceptado por la Guardia Civil y propuesto para sanción por saltarse el toque de queda entonces vigente, si bien los agentes no hallaron nada sospechoso en la lancha ni podían saber lo que estaba pasando, ya que que a esas horas la madre aún no había denunciado la desaparición en las dependencias de la Guardia Civil en Radazul.

Pasada la medianoche, el padre de las niñas volvió a zarpar desde la Marina santacrucera. La embarcación de recreo fue detectada al día siguiente. Estaba vacía, a la deriva y sin ancla, al pairo frente al Puertito de Güímar, hasta donde presumiblemente fue empujada por las corrientes dominantes en esta parte del litoral insular.

En cuanto a cómo se trabaja en este buque oceanográfico, fuentes de la Guardia Civil detallaron ayer que se lleva a cabo una prospección con sonda multihaz con la que, a una velocidad reducida, se van realizando varias pasadas sobre un mismo punto, ganando así mayor resolución. Una sonda multihaz permite hacer una cartografía con una batimetría precisa, lo que facilitará el posterior trabajo del robot submarino con el que también cuenta el Ángeles Alvariño. En esta labor de prospección con sonar se establecerán ‘calles’ paralelas que se solaparán para cubrir toda la superficie a explorar. Además, durante este reconocimiento se irán estableciendo marcas en las irregularidades del fondo que pudieran requerir una posterior inspección visual.

Ahí es donde interviene el citado robot no tripulado Liropus 2000, con capacidad para operar y recoger muestras más allá de los 2.000 metros de profundidad, aunque si se adapta puede trabajar hasta los 3.000 metros. En total hay operativos en el mundo 22 unidades de este modelo de robots submarinos, que presenta como principales virtudes la gran potencia que le otorga sus seis motores, su notable capacidad de carga y, especialmente, su reconocida precisión en la toma de imágenes.

Dos agentes de la Policía Judicial de la Guardia Civil permanecen en todo momento a bordo del buque oceanográfico Ángeles Alvariño, y así será hasta que finalice la colaboración del mismo en este caso. Su tarea conlleva una enorme dificultad, dado que las profundidades submarinas llegan incluso a ser abisales (3.000 metros) a poco que se navegue mar adentro.

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