CONVERSACIONES EN LOS LIMONEROS

Omaira García, doctora en Física: “La calima enfría el planeta, pero afecta a la salud”

La doctora García Rodríguez maneja en Izaña un aparato de fabricación alemana que se llama Espectrómetro de Infrarrojo por Transformada de Fourier, pero si quieren lo pueden llamar como lo llaman los amigos: FTIR

Omaira García, científica del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña
Omaira García, científica del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña. Fran Pallero

No quería que se fuera el verano sin hablar con Omaira García Rodríguez (Los Llanos de Aridane, 1978), doctora en Física de la Atmósfera e investigadora del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña. Había leído algunas cosas sobre las que trabaja y me había cautivado, sobre todo por su didáctica. Me gustan los científicos que bajan escalones para que el pueblo los entienda y estamos ante una de ellos. Pero es que además de trabajar en asuntos que pueden salvar al planeta, lo cuenta; y lo cuenta bien. A ello une un indudable encanto personal y mucha capacidad de convencimiento. Tiene la dulzura palmera en la voz, lee a Dostoievski y le gusta el cine. Ha publicado mucho en revistas especializadas en su materia: el estudio de la composición atmosférica. Le hago una pregunta estúpida: ¿Dónde hace más frío, en el Ártico o en la Antártida? “No, no es tan estúpida tu pregunta. Pues en la Antártida, porque hay menos tierra próxima que en el Ártico y la tierra capta más calor”. Estamos en Los Limoneros, Omaira ha llegado un pelín antes de la hora pero yo la esperaba. Esta vez fue cena. En algún momento la conversación deriva hacia firmamentos de creencias o no creencias; le confieso mi ateísmo y también que me han amenazado por hacerlo público. Y entonces empieza a interesarme más el personaje que la científica, pero sin perder la ciencia de vista. La doctora García Rodríguez maneja en Izaña un aparato de fabricación alemana que se llama Espectrómetro de Infrarrojo por Transformada de Fourier, pero si quieren lo pueden llamar como lo llaman los amigos: FTIR. Sólo hay unos treinta en el mundo. Cuesta 600.000 euros. Por cierto, el Centro de Investigación Atmosférica de Izaña, de la Agencia Estatal de Meteorología, está en la vanguardia mundial en lo referido a la investigación del cambio climático. Omaira ha dicho en alguna parte: “La atmósfera no tiene fronteras físicas, ni está dividida por países, o sea que el compromiso para preservarla tiene que ser global”.

-Yo te miro y me veo en buenas manos. Pero me asustaron ciertas predicciones tuyas, publicadas por este periódico.
“Son reales y no son mías, sino las conclusiones de un estudio: subirá el nivel del mar, se producirán sequías y disminuirán los alisios en lo que se refiere a nuestras Islas”.

-Te confieso que yo fui de esos que opinaban que lo del cambio climático no era tal cambio, sino cosa de ciclos.
“No, no. Los estudios sobre clima y atmósfera comenzaron en los 50-60 del siglo pasado vamos a decir que tímidamente. Y en los 80 se consolidaron y entonces comenzaron a preocuparnos los resultados”.

-¿Se recupera la capa de ozono?
“Muy lentamente, un 1% cada diez años. Eso quiere decir que en el 2050 llegaremos a los niveles de los años 70”.

(Omaira acaba de terminar El jugador, la novela de Dostoievski. Seguro que le viene a la mente el personaje de Aleksei Ivánovich. En realidad parece una autobiografía porque saben que el autor era ludópata; de ruleta. En todo caso, la entrega de ese texto existencialista y casi autobiográfico al editor salvó deudas y acaso vidas. Le pregunto cuánto trabaja un científico y me dice que oficialmente tiene horario de funcionario, pero confiesa que su vida es la investigación y, en todo caso, tiene tiempo para llevar a sus hijos al cole. Y cuando se va de vacaciones sigue pensando en el cambio climático. Y entonces, no sé por qué, me viene a la cabeza aquello de las vacas. Le pido antes disculpas por la pregunta).

-¿Los pedos de las vacas dañan la capa de ozono?
“No, los pedos de las vacas agravan el calentamiento global. Y existen estudios para medir y certificar los efectos de esas flatulencias; y la ganadería intensiva en el mundo se ha convertido en un problema”.

-Aunque no es tu especialidad, la meteorología cotidiana, la que dan en televisión, ha mejorado muchísimo sus predicciones. Antes, don Enrique Cañadas decía: se producirán nubes altas, medias y bajas; y siempre acertaba, claro.
“Muchas veces se es injusto con los meteorólogos y me refiero al territorio canario. Es mucho más difícil pronosticar el tiempo en islas que en continentes. Se producen microclimas, están la complicada orografía y otros condicionantes que lo hacen muy complicado. Pero la predicción que se hace aquí es muy buena”.

-Con el cambio climático, ¿cuándo dejaremos de hablar del anticiclón de las Azores, Omaira?
“Nunca, aunque se llamará de otra manera, porque se irá más al norte. Ya no será Azores, sino otra cosa”.

-¿Tenemos armas para combatir el ascenso de las temperaturas?
“El grado y medio de aumento ya no hay quien nos lo quite. Lo tenemos garantizado. Y también que el pH de los océanos cambiará por la llegada de agua dulce procedente del deshielo que se está produciendo. Los océanos tardan más tiempo en calentarse y en enfriarse que la tierra. Pero, claro, tendremos que aportar soluciones y que se cumplan las medidas que se tomen”.

-Yo quiero definir tu especialidad, dentro de la física. ¿Qué digo?
“Puedes decir que trabajo para medir la composición gaseosa de la atmósfera”.

-Calima, polvo del Sahara. ¿Lo complica todo más?
“No, al contrario. La calima enfría el planeta. Lo que pasa es que, claro, afecta a la salud de los mayores sobre todo; también a la aviación y a muchas otras actividades. Tiene pros y tiene contras”.

-Dime que la salvación del planeta está en el coche eléctrico.
“No, la combustión de los automóviles tradicionales enfría o calienta la atmósfera, dependiendo de las partículas que se emitan”.

-Un científico de tu especialidad está teóricamente más cerca de lo que llaman Cielo. ¿Son ustedes, por lo general, creyentes?
“Hay de todo, quiero entender. Pero los científicos estamos más cerca de la realidad. Y la realidad es la que es”.

(Le pregunto cómo se ve de mayor, así como yo, cuando las fuerzas te empiezan a abandonar, pierdes vista, reflejos, esas cosas. Esa molestam senectutem de que habla el Gaudeamus. Me dice: “Pues bajando el ritmo, pero sin perderlo, sosegadamente; ah, y en La Palma”. ¿Qué tendrá La Palma que, al final, todo el mundo quiere volver? Ya lo decía aquella canción de Ezequiel Perdigón, Isla mía, que interpretaban magistralmente Los Viejos: “Ese mar que me aleja de ti/ no consigue que pueda olvidar/ que La Palma es la Isla mía/ donde yo aprendí a soñar”. Ha llegado a ser todo un himno para los palmeros).

-¿Eres feliz mirando al cielo, en aquel paisaje de retama y soledad, por decirlo cursi?
“Tenemos un cielo maravilloso, sobre todo en La Palma. Una vez a la semana, al menos, subo a Izaña, porque además debemos calibrar los aparatos de medición. Ayer mismo pasaba por encima de mí un satélite que hacía mediciones de CO2 (dióxido de carbono) desde el cielo mientras que yo las hacía desde la tierra. Eso antes era impensable. Desde Izaña validamos los datos que envían los satélites; no lo hacemos en tiempo real, podemos tardar uno o dos días”.

Omaira García, científica del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña
Omaira García, científica del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña. Fran Pallero

-¿Qué canales utilizan los científicos del mundo para intercambiar experiencias?
“Yo uso dos, dos redes, que me permiten estar en contacto con compañeros de todo el planeta. También asistimos a congresos, el último en Nueva Zelanda. Y luego están las videoconferencias, aunque en ocasiones se hagan un poco pesadas”.

-¿Es gente poco comunicativa la de tu gremio?
“No, pero ocurre que otras profesiones son quizá más abiertas. De lo nuestro no se habla en los cafés. La ciencia es bueno que se divulgue, que se acerque a la gente. Pero estamos muy metidos en lo nuestro y nos olvidamos de esa comunicación”.

-En tu especialidad la tecnología avanza imparable, ¿no?
“Avanza. Pero que el ruido de ese avance no nos impida que funcione la conciencia de lo que está ocurriendo en el planeta. Estamos en niveles europeos en tecnología, pero luego falta apoyo a la investigación, como siempre ha ocurrido”.

-¿Eres capaz de desconectar?
“No, qué va”.

-¿Ni en vacaciones?
“No, ni siquiera en vacaciones”.

-¿Ese espectrómetro con el que trabajas lo trajiste tú?
“Bueno, ya estaba instalado cuando llegué –se le nota mucho orgullo en la respuesta, porque se le iluminan los ojos-. Pero sí traeré el siguiente”.

-¿Y lo disfrutas?
“Claro, en realidad es un laboratorio en sí mismo, que mide el efecto invernadero, fundamental para mi trabajo”.

(Resulta que quise hacer una entrevista no convencional, para conocer más a la persona, y menos a la científica, porque la han entrevistado muchas veces sobre su trabajo. Intento meterme, pero hay mucha habilidad y regate en esta mujer elegante de 1,75 de estatura, que procede de una familia que pudo darles estudios de ingeniería informática, física y sociología a tres mujeres, sus dos hermanas tan altas como ella. Recuerda a su padre, fallecido, y a su madre: “No sé por qué somos tan altas, porque ellos son más bien bajos”, dice. Me pregunta cuánto tardo en escribir un artículo: “Doce minutos”, le respondo. Me vuelve a preguntar que cuánto tardo en pasar a limpio la entrevista: “Dos horas”. Le digo –no es cierto- que en las entrevistas me invento cosas. Y sonríe. Ahora, dentro de un rato, cuando le envíe el texto sabrá si lo que conté es cierto. Ha llegado a Los Limoneros vestida elegantemente de negro. Impecable. Los camareros preguntan que quién es. Doy explicaciones).

-¿Y ahora qué vas a leer?
“Crimen y castigo”.

-Es lo mejor de Dostoievski, pero vete tú a saber. Tenías que haber empezado por ahí, Omaira.
“Sí, ya lo sé, pero me decanté por otras obras. Y también he leído mucho a Mario Puzo, me encanta”.

-Le dio carácter de literatura épica a la Mafia.
“Es muy bueno”.

-Por cierto, hablamos de los pedos de las vacas, pero no de los enormes basureros y de sus efectos.
“También disponemos de estudios sobre los basureros y sus consecuencias en el calentamiento global”.
(Se acaba, porque el espacio también se muere. No tengo ganas de irme, porque he aprendido mucho. Pero son las once de la noche y le he robado a Omaira parte de su fin de semana de agosto, como a Joaquín Sabina le robaron el mes de abril. Ella se va en su monovolumen y yo me retiro con Mini, que ha asistido a la entrevista con sus ojos luminosos, como siempre sin rechistar. Muchas gracias por cederme parte de tu valioso tiempo, doctora, y espero que un día me presentes a míster FTIR).