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¿Sin romerías hasta 2022?: la crítica situación del sector en Tenerife pone en jaque el regreso

La orquesta Wamampy, la Agrupación Guarache, la empresa Turrones Maribel López y la costurera Tini Hernández cuentan a DIARIO DE AVISOS cuál creen que será el futuro de estas fiestas populares
Un instante de la multitudinaria Romería de Tegueste en el año 2019. SERGIO MÉNDEZ

Llegará el día en que madrugarás, volverás a vestir el traje de mago para ir a la romería, te comerás un turrón mientras escuchas a los grupos folclóricos y terminarás bailando al ritmo de las orquestas en la verbena de alguna de las fiestas tradicionales de Tenerife. Pero… ¿será ese día en 2022? Eso es lo que esperan los colectivos vinculados a las romerías y verbenas en la Isla.

Con el fin de saber cómo viven varios iconos de la cultura canaria el parón debido a la pandemia, DIARIO DE AVISOS se ha puesto en contacto con la costurera Tini Hernández, la turronera Pili Hernández (Turrones Maribel López) y los integrantes de grupos musicales Suso López (Agrupación Folclórica Guarache) y Enrique Prieto (Orquesta Wamampy).

Con una actividad económica nula en muchos casos, en ERTE, con facturas que pagar y proyectos cogiendo polvo en un baúl, explican que la situación es ‘crítica’, pero no pierden la esperanza de que las fiestas tradicionales regresen dentro de, al menos, un año.

VESTIR EL TRAJE

Una falda de un traje de maga de Tenerife (imagen de archivo). FRAN PALLERO

Para acudir a una romería o a un baile de magos hay que ir correctamente ataviado, un deber en el que es de gran ayuda la costurera Tini Hernández, quien atesora en su casa en torno a cuarenta trajes típicos: “Desde que llegaba la romería de San Marcos me quedaba sin ningún traje, los alquilaba todos, y después de esa romería la gente iba empatando una con otra”, rememora.

Sin embargo, este es el segundo verano en el que las ropas de Tini están “cogiendo polvo” y, aunque ella suele revisarlas de forma habitual, vive con el miedo de que se estropeen. Mientras las mira, siempre piensa “dios mío, a ver cuando las puedo volver a sacar”.

La cancelación de las fiestas por la COVID ha afectado a Tini “por todos lados”, ya que además de no poder alquilar los trajes típicos, tampoco ha podido desempeñar otro de sus trabajos: “Teníamos un proyecto con decorados para escenarios y también preparamos obras de teatro, pero este año nada de nada”, cuenta.

“Dentro de todo lo malo”, esta costurera tinerfeña ha conseguido reinventarse durante la pandemia y ha lanzado su taller de costura, donde enseña a reciclar la ropa. Sin embargo, lamenta que “las personas que viven únicamente de las fiestas, lo están teniendo muy complicado, porque es verdad que hay algunas ayudas, pero eso solo da para pagar el autónomo. Quizás muchos se queden por el camino”, comenta.

En estos momentos, Tini asegura que “va haciendo algunas cositas” de cara a las futuras fiestas, pero que “no le motiva mucho”. Aún así, mantiene intacta la esperanza cuando ve “a la gente vacunándose” y adelanta que a la primera romería tras la pandemia “iremos todos”.

COMERSE UN TURRÓN

Los dulces tradicionales de Turrones Maribel son parte de la cultura canaria y son totalmente artesanos. Cedida

¿Qué sería de una romería sin la venta de turrones, almendras garrapiñadas y tartas tradicionales? La tacorontera Pili Hernández, más conocida como “Pili la turronera”, es parte del negocio familiar de cinco generaciones Turrones Maribel. Su bisabuela, su abuela, su madre y ella y sus hermanas han llevado durante décadas “el dulce” a las fiestas de cada pueblo.

Este año de pandemia, el nivel de trabajo de las turroneras ha sido “prácticamente cero”. Pili cuenta que aunque algún ayuntamiento ha celebrado ferias de artesanía en los últimos meses, hasta no tener la pauta vacunal completa no se sentían suficientemente tranquilas para acudir a este tipo de eventos. Además, tampoco han recibido ningún apoyo económico por parte de las instituciones públicas y su única ayuda han sido algunos clientes fieles, que les han llamado para pedirles “unos poquitos dulces”.

“Una de las nietas de una familia de Icod El Alto me llamó para ver si podía hacerles unas piñas, porque ellos siempre compraban una para cada uno en las fiestas, así como turrones cilíndricos. Son clientes nuestros de toda la vida, así que después de hacerles las piñas y el turrón me llamó la nieta contándome que su abuelo era el hombre más feliz del mundo”, recuerda Pili.

Para Pilar, lo más difícil de este año ha sido no poder “alegar un fisco” con los amigos que han hecho en cada pueblo y que les suelen recibir año tras año. También ha sido “muy doloroso” no poder desempeñar la labor de turronera, “que es de esas pocas tradiciones antiguas que todavía quedan”. Y entre sus sueños está volver a ir a fiestas como la de la Virgen del Socorro de Güímar, las del Cristo de Tacoronte, las de Los Silos y todas las de El Rosario, que son sus favoritas.

ESCUCHAR A LAS AGRUPACIONES FOLCLÓRICAS

Guarache es una asociación Folklórica y Cultural que nació en las navidades de 1987. Cedida

La preocupación en el sector de las agrupaciones folclóricas no es tan económica como de supervivencia. Estos grupos suelen ser sin ánimo de lucro, como es el caso de la Agrupación Guarache, que este último año ha tenido que cancelar ensayos, festivales, viajes a otras Islas y a la Península, así como otros eventos sociales. A ellos les une el amor por el folclore, pero tras un año tan duro, uno de sus integrantes, Suso López, reconoce que le da “mucha pena” porque hay muchos otros grupos que “han dejado de funcionar”.

En el caso de Guarache, Suso ha tenido que “tirar del grupo para que mantenga el entusiasmo” y han acudido a algunos eventos como las fiestas del Cristo de Tacoronte. En un año sin COVID, la agenda de actos habría estado repleta, con el Festival Uniendo Islas, el Encuentro de Villancicos, los bailes, las excursiones y, por supuesto, las romerías.

Más de un año después, Suso ve la situación “oscura” y cree que no volverán las fiestas hasta, al menos, 2022. Antes de ese momento, le emociona estar preparando “una pequeña muestra” para octubre y también algunos villancicos.

BAILAR AL RITMO DE LAS ORQUESTAS

La popular orquesta Wamampy se fundó en el año 1990 en La Gomera y, desde entonces, ha estado presente en prácticamente todas las fiestas de Canarias. DA

No hay fin de fiesta sin la orquesta canaria Wamampy, a la que no se le resisten ni los festejos tradicionales de cada pueblo, ni Fin de Año, ni Carnavales. Pese a ser uno de los elementos más reconocidos de la cultura de las Islas, la orquesta no pasa por su mejor momento: desde marzo de 2020 no han vuelto a actuar y, aunque no llegan nuevos ingresos, las facturas sí son puntuales cada mes.

Enrique Prieto, propietario de Wamampy, relata el calvario por el que está pasando: “En 2017 hicimos una inversión para comprar equipos de sonido, porque cuando actúas con equipos alquilados muchas veces no suenas bien. Durante seis años hemos ido pagando esa inversión, pero claro, llegó la pandemia y el crédito seguía viniendo. En junio nos aceptaron una moratoria, que acabó en enero. Ahora tenemos que seguir pagando”. Además, el artista cuenta que la orquesta no recibe ayudas públicas y que tanto él como gran parte de los once músicos están en ERTE.

Asimismo, relata que trataron de actuar en dos ocasiones durante la pandemia, pero a medida que empeoraba la situación epidemiológica se iba cancelando cada una de las actividades que tenían programadas. Tampoco han podido ensayar, dadas las limitaciones vigentes. En contraste, explica que en un año normal, como 2019, Wamampy tiene en su agenda más de 90 contrataciones.

Llegados a este punto, el propietario de la orquesta más reconocida de Canarias muestra su desánimo y cree que la recuperación del sector no será inmediata: “La única esperanza que tengo es que después de los Carnavales de 2022 todo esté mejor. No sé por qué, pero tengo la intuición de que esta pandemia durará, al menos, dos años”.

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