Sanidad

Carina Carballo: “A los médicos les decía que tenía que salir de la UVI por mi hijo”

Tras contagiarse de COVID-19, esta tinerfeña estuvo 24 días ingresada y dos semanas en la UVI intubada, como consecuencia de una neumonía bilateral grave

*Por Doris Carballo.

Carina hace poco más de un mes volvió a nacer. Tras contagiarse de COVID-19, esta tinerfeña de 29 años estuvo 24 días ingresada y dos semanas en la UVI intubada, como consecuencia de una neumonía bilateral grave. Su novio se infectó de coronavirus y la contagió tanto a ella como a su pequeño de 11 meses. Pero ella no corrió la misma suerte que su hijo y su pareja, que lo superaron con síntomas leves. La joven no estaba inoculada.

Su novio fue el que comenzó con los síntomas: tos y malestar. Y más tarde empezaría su bebé, con fiebre alta, y ella, que presentaba también un cuadro febril, dolor de cabeza fuerte, malestar, pérdida del olfato y gusto, y, más tarde, sensación de asfixia. “Me agobiaba respirar”, cuenta. A medida que fueron pasando los días, y mientras su pequeño y su pareja mejoraban, fue empeorando y tuvo que ser ingresada en el hospital.

La joven no estaba inmunizada por miedo, ya que padece un cuadro alérgico y “desconocía si era conveniente para mí o no”. Ahora se lamenta de no haberse puesto en contacto con su médico para que le explicara el proceso y, por su afección, si era conveniente vacunarse.

Una vez ingresada, estuvo dos días en planta, pero su nivel de oxígeno en sangre iba a peor, por lo que la trasladaron a la UVI: “Al entrar me pusieron unas gafas y una máscara con oxígeno a ver si así reaccionaba antes de recurrir a la intubación, pero no fue así. Al día siguiente me intubaron. Me dijeron que podía estar unos diez días así. Sentí miedo, en lo único que pensaba era en mi hijo de 11 meses y en mi familia”. La joven cuenta que antes de que la durmieran “estaba desesperada porque no sabía si iba a volver a despertar, tenía miedo, ya que estaba muy grave, de hecho, me tuvieron que poner boca abajo para que los pulmones reaccionaran, tenía los dos afectados”.

Además, explicó su experiencia en la UVI: “Estaba sedada, pero era algo consciente, aunque por momentos, porque me pasaba el día durmiendo y, cuando no, el tiempo se me pasaba lentísimo, me daba mucha ansiedad, ya que te ves sola, aislada”. Sin embargo, no estaba del todo incomunicada con su familia, pues “en la UVI tenía mi teléfono, así que cuando tenía fuerza escribía a mi familia o hacía alguna videollamada. Otras personas que no disponían de su móvil utilizaban uno que tenían disponible para los enfermos”.

Asimismo, indicó que el personal sanitario le preguntaba por qué no estaba vacunada y si era negacionista. En cuanto al trato, “les estoy muy agradecida, tanto a médicos como a enfermeros, ya que sin ellos no estaría hoy aquí”. “Siempre que podía les decía que tenía que salir de allí por mi hijo. Estaba obsesionada con eso. Nunca perdí la fuerza por él”, recuerda emocionada.

Cuando le dijeron que saldría de la UVI “estaba contenta, aunque el tiempo antes de que me quitaran el tubo se me pasó lentísimo, quería que llegara ya el momento. Cuando me lo retiraron, lo hicieron mientras estaba despierta. Posteriormente, me pusieron las gafas nasales para controlar la saturación y comprobar si seguía subiendo”.

La joven expuso que esta experiencia ha marcado su vida, pues “siento como si hubiese vuelto a nacer de nuevo, como si tuviera una nueva oportunidad. Cuando llaman a tu familia y le dicen que todo puede ir a peor, pero de repente mejoras, como me pasó a mí, imagínate cómo te sientes. He salido muy reforzada de esto”.

En cuanto al reencuentro con sus familiares cuando le dieron el alta, “fue súper emotivo, todos nos emocionamos. Fue en la puerta del hospital. Estaba mi pareja, mi pequeño y mi hermana. La verdad que fue una sensación indescriptible”, contó con una sonrisa.

Sin embargo, Carina aún hoy sigue con secuelas tras pasar la COVID: “Tengo problemas respiratorios. Al caminar me asfixio, las piernas todavía las tengo flojas, porque, al pasar tantos días en cama, se han resentido, al igual que los brazos. Pero poco a poco voy mejorando”. Ahora “vivo con miedo de que me vuelva a pasar o de no mejorar del todo, porque a los pacientes graves las secuelas suelen durarles aproximadamente un año. También tengo miedo de no recuperarme al 100 por 100 y de volver a recaer”.

Igualmente, lanza un mensaje a la población joven: “Aconsejo, primero, que se vacunen, que ser joven no garantiza nada, y, lo segundo, que se cuiden por ellos y por su familia. No nos damos cuenta de lo realmente grave que es esto hasta que nos toca de cerca”.