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‘El juego del calamar’, una buena excusa para hablar de violencia en los colegios de Canarias: “El acoso sí que es dañino”

La serie más vista en la historia de Netflix abre un debate social por el interés que ha suscitado en los niños: ¿hasta qué punto es perjudicial para ellos?
Imagen de recurso de un niño en un colegio. Arriba, en el recuadro, la recreación de una escena de El juego del calamar. Pixabay

La serie de Netflix, El juego del calamar, ha abierto un debate social en Europa por el interés que suscita en niños de todas las edades. En España, por ejemplo, hay colegios que han recordado a los padres que la exitosa producción surcoreana está dirigida a un público mayor de 16 años, que contiene escenas muy violentas e incluso, en algunos casos, han prohibido disfraces inspirados en la serie en Halloween. El debate está servido: ¿hasta qué punto es perjudicial para los pequeños?

DIARIO DE AVISOS ha preguntado por esta cuestión a varias docentes de Tenerife. Laura, que da clase a cuarto de primaria en un centro de La Laguna, asegura que sus alumnos le piden que les ponga la serie en clase, juegan al “Luz verde, luz roja” en el recreo e imitan a los personajes. El colegio donde trabaja ha tomado cartas en el asunto, censurando todo lo relacionado con El juego del calamar.

Juani es profesora de Educación Infantil en otro centro de la Isla. A pesar de su corta edad, de tres a seis años, varios de sus pupilos le preguntan por la serie y hacen juegos basados en ella. En este caso, la docente ha decidido enviar un mensaje a todos los padres, explicándoles que este contenido no es adecuado para sus hijos.

En El juego del calamar cientos de jugadores están metidos en graves problemas económicos y aceptan una extraña invitación para participar en una competición de juegos infantiles, cuyo ganador podrá saldar todas sus deudas. Para conseguirlo tendrá que superar peligrosos desafíos, pudiendo morir en el intento. En un principio, la trama creada en 2008 por Hwang Dong-hyuk fue catalogada como extraña, siniestra y llena de violencia, siendo imposible llevarla a la pantalla. El guion estuvo guardado en un cajón durante más de una década. Sin embargo, Netflix decidió apostar por ella y en menos de un mes -17 días- se convirtió en la serie más vista en la historia de la plataforma, con 111 millones de visionados.

La obra lleva implícita una crítica a la sociedad capitalista, pero claro, “esta reflexión no la hace un niño de 9 años”, apunta Laura. “Yo creo que lo que les engancha es la escenografía, que es muy infantil; las pruebas, que en realidad son juegos, y la violencia de algunas escenas que nos sorprenden a todos”, añade.

El psicólogo especializado en nuevas tecnologías, Javier Elá, le quita hierro al asunto. “No hay ningún estudio científico que haga una correlación entre ver cosas violentas, en videojuegos, películas o series, y resolver los problemas haciendo uso de ella. Yo me agarro a lo que dice la ciencia”. Elá opina que el camino no es prohibir ver la serie o evitar que los niños reproduzcan escenas en el patio del colegio. Y en cierto sentido se aplica la lógica de todas las modas. Si un niño no ve la serie pero sus compañeros de clase sí, es probable que acabe jugando a El juego del calamar. Juani, que está de acuerdo con esta afirmación, sostiene que “la mayoría de mis alumnos solo ha visto las partes más famosas que circulan en TikTok“.

El psicólogo tinerfeño entiende que pueda haber una preocupación en el profesorado, pero llama a la calma. Aconseja a los docentes de infantil y primaria que establezcan un diálogo con los alumnos y les expliquen que esto es una ficción que sirve para entretenerse. “Digamos que sería algo más productivo que un castigo. Hasta podría ser una buena excusa para hablar de la violencia en las aulas y de si creen que está justificada. Ahora es el entretenimiento del momento, pero la serie no los va a convertir en malas personas ni ellos van a validar la violencia. Cuando la moda pase, volverán a lo de siempre y ya está”.

Javier Elá insta a que no se asocie el visionado de El juego del calamar con otros problemas relacionados con la conducta de los menores. “Con el acoso en colegios e institutos hay que tener más cuidado. Eso sí que es dañino para los jóvenes y se tendrían que poner todos los recursos necesarios para impedirlo. Ahí es donde debería estar el foco de preocupación”.

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