Día Mundial de la Dislexia

Sensibilización y medidas para evitar el abandono escolar: las claves para una respuesta adecuada contra la dislexia

Canarias celebra hoy el Día Europeo de la Dislexia, centrado en el apoyo a las familias y las decisiones en el ámbito escolar

Las escuelas infantiles públicas de Extremadura abren sus puertas con aulas burbuja y poca afluencia de niños
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Hace ya más de un siglo que el término dislexia empezó a utilizarse en el ámbito médico, gracias a un oftalmólogo alemán, Rudolf Berlin, que en 1887 describió una especie de ceguera de palabras en personas con una capacidad cognitiva normal. Desde entonces, se ha evolucionado mucho, aunque no tanto como quisieran las 16 asociaciones españolas de dislexia que integran la Plataforma Dislexia y de la que forma parte Dislecan, Asociación Dislexia Canarias y otras Dificultades de Aprendizaje.

La dislexia comenzó a tener voz en Canarias a partir del año 2005, cuando la presidenta de Dislecan, Anita Pestaña Tavares, junto a otras pocas madres, decidieron unirse para defender el derecho del colectivo de personas con dislexia y sus dificultades específicas asociadas, como la discalculia, disgrafía y la disortografía. Desde entonces, Dislecan ha logrado abrirse camino en muchos ámbitos, “aunque queda mucho por hacer” según Pestaña, que, guiada por su formación alemana y anglosajona, ha vinculado la asociación y sus demandas a lo ya legislado en otros países, así como a los objetivos de otras asociaciones en el resto del territorio nacional, con el fin de trabajar de forma coordinada y con mayor fuerza ante los organismos públicos y privados para mejorar la calidad de vida de todas las personas con dislexia.

La dislexia, que afecta a un 10% de la población mundial, es una diversidad funcional consistente en un trastorno específico del aprendizaje de base neurobiológica, que afecta de manera persistente a la exactitud lectora y ortográfica y a la fluidez lectora, interfiriendo en el rendimiento académico. “Una de cada diez personas tiene dislexia y la mayoría no lo sabe”, sentencia Pestaña, quien matiza que “la sociedad está perdiéndose a personas con grandes capacidades porque nuestro sistema educativo está principalmente enfocado en el acceso de la información a través de la lectura y escritura; y es precisamente ahí donde el individuo con dislexia tiene sus deficiencias”. “Estas dificultades no se deben a una falta de instrucción, sino a una baja activación neuronal en aquellas áreas cerebrales necesarias para poder llegar a automatizar la lectura y, así, poder llegar a procesar la información de forma fluida y precisa. Sin embargo, son personas con buenas habilidades para el pensamiento crítico, visión global, capacidad de razonamiento lógico, inteligencia emocional y creatividad, gracias a un cableado neuronal diferente”, afirma la presidenta de Dislecan, quien añade que “en otros países, estas capacidades propias de las personas con dislexia están muy solicitadas en el mundo laboral, sobre todo en las áreas de nuevas tecnologías e ingenierías aeroespaciales o robóticas”.

Sin embargo, la realidad en España y, en especial en Canarias es muy distinta, porque el abandono escolar de las personas con dislexia está muy por encima de la medua, situándose en un 18,2% en las Islas, frente al 16% a nivel nacional y 10,2% a nivel europeo. Según Pestaña, “no son los jóvenes quienes fracasan, es el sistema educativo a quien debe atribuírsele el fracaso”.

Anita Pestaña invita a la sociedad a tomar conciencia de esta realidad y a participar en la campaña que está impulsando Dislecan para la celebración, este viernes 8 de octubre, del Día Europeo de la Dislexia, instando a todos los centros educativos de nuestro archipiélago a realizar actividades de concienciación entre el alumnado y el profesorado, para lograr una mayor visualización de la dislexia en las aulas. Entre ellas se incluye llevar ese día una prenda de color rojo, siguiendo la campaña #GoReadForDyslexia, que se ha lanzado desde países como EE.UU. y Australia, para empoderar a todas las personas con dislexia del tan temido color, que resalta y juzga implacablemente sus errores ortográficos durante su formación académica.

También invita a las autoridades a colaborar para dar visibilidad en todos los ámbitos de la sociedad, incluyendo a todos los ayuntamientos y, en especial, a la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias para actuar y acabar con una discriminación que vulnera los derechos más básicos de las leyes de educación internacionales y nacionales. “Canarias puede volver a ser pionera, como lo fue en el 2010, cuando reguló por primera vez la atención específica al alumnado con dislexia, sirviendo de ejemplo a otras comunidades que se fijaron en nuestro modelo de desarrollo normativo. Sin embargo, Canarias debe realizar un nuevo esfuerzo legislativo que logre que estos derechos se instauren definitivamente en nuestras aulas”, continua Pestaña. Según la presidenta de Dislecan, “el profesorado sigue siendo el eslabón más importante de esta cadena, a quien hay que dotar de recursos y formación con la finalidad de proveerles de las herramientas necesarias para saber distinguir entre un estudiante desinteresado de aquel que tiene una dificultad específica de aprendizaje como la dislexia”.

Dislecan es una asociación sin ánimo de lucro que se constituye con el único objetivo de tratar de mejorar esta situación, así como un lugar donde se asesora a las familias y se realizan cursos y sesiones en los centros educativos para que la identificación de estas señales por parte del profesorado pueda cambiar vidas. “El color rojo debe estar presente en todas las aulas de Canarias y en todos los rincones, para que todas las personas con dislexia puedan hacerlo suyo y poner el foco en la dislexia, dando muestras de la empatía y solidaridad que los canarios hemos demostrado tener a lo largo de la historia con los que más lo necesitan”, concluye la presidenta de Dislecan.