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‘Hay un puente entre el John Coltrane más visceral al saxo y el cantaor que se enfrenta a una seguiriya’

El saxofonista y cantaor flamenco ha formado parte del cartel de la VIII Semana Internacional de Jazz Ciudad de La Laguna
El saxofonista y cantaor gaditano Antonio Lizana. / DA

Antes de que nos acostumbrásemos a la palabra COVID-19, Antonio Lizana (San Fernando, Cádiz, 1986) tenía previsto publicar su cuarto proyecto discográfico, justo en torno a ese mes de marzo del año pasado que nos cambió la vida de arriba abajo. Esto viene a cuento porque el título que escogió para este álbum, Una realidad diferente, nada tiene que ver con el cálculo y lo premeditado, y mucho con esos juegos que se nos plantean de cuando en cuando sin ni siquiera ser conscientes de estar participando en ellos. Antonio Lizana es compositor, saxofonista de jazz y cantaor flamenco. Una fórmula que no deja de ser singular, cierto, pero que al escucharle cobra todo el sentido. Algo que pudieron comprobar, y por encima de todo, disfrutar, las personas que tuvieron la suerte de asistir al concierto que ofreció en formato de trío en la reciente VIII Semana Internacional de Jazz Ciudad de La Laguna.

-No es nada común encontrar a un saxofonista que a la vez es cantaor. ¿Cómo surge esa querencia por esas dos vertientes artísticas?
“Desde niño supe que me quería dedicar a la música. Empecé en el conservatorio con el saxofón casi de una manera aleatoria. Me gustó el instrumento y en la música que escuchaba por aquel entonces había muchos saxofones presentes… Total, que con 10 años escogí el saxofón y se convirtió en mi instrumento principal. Luego, ya en la adolescencia, mi círculo de amigos era de un ambiente bastante flamenco: uno tocaba la guitarra, otro cantaba, el otro tocaba la percusión. Yo quería participar también, pero, claro, el instrumento que mejor manejaba era el saxo”.

-¿Y de qué modo resolvió esa dificultad, esa presencia en apariencia insólita de un saxofonista entre flamencos?
“Es cierto que para mis compañeros resultaba al principio algo un tanto extraño. Sin embargo, yo copiaba lo que hacía la guitarra y el cante… De manera que poco a poco comencé a tocar el saxofón en un ambiente flamenco y a pasar muchos recursos del flamenco al saxo. Y la cosa funcionaba. Más adelante, sentí la necesidad de improvisar. Fue ahí cuando me fui introduciendo en el mundo del jazz y conocí a toda la familia: a Charlie Parker, John Coltrane, Dexter Gordon… Desde entonces han estado los dos mundos tirando de mí”.

“Me gustan aquellos intérpretes que siguen la música con rapidez, de una manera natural, si toma una dirección no planeada”

-¿De qué manera confluyen y se maridan el duende del flamenco y el ‘swing’ del ‘jazz’?
“Son culturas separadas y poseen algunos códigos que no tienen mucho que ver. Pero como al final estamos hablando de música, y la música trata de emocionar, también hay elementos donde se conectan, donde se tocan. Estilísticamente, hay un puente entre el jazz modal, el que hicieron Miles Davis o John Coltrane, y el cante jondo. Esa improvisación melódica que comenzaron a hacer estos jazzeros es básicamente lo que pasa por la cabeza de un cantaor cuando está enfrentándose a un cante jondo como la seguiriya o la soleá. Ese puente lo vi hace muchos años”.

Antonio Lizana cuenta en la actualidad con cuatro trabajos discográficos. / DA

-Partiendo de esa mirada, lo que hace un cantaor en ese momento se acercaría entonces mucho a un solo de saxofón, por ejemplo, de John Coltrane.
“Sí, es así. Cuando Coltrane se pone más visceral en realidad está cantando. Es la misma cosa. Pero, además, he elegido el jazz y el flamenco, aunque me gustan muchos tipos de música, porque ambos dejan un gran margen para la improvisación. Eso me permite que cada concierto tenga un porcentaje grande de creación, de inspiración”.

“Siempre viajo muy bien acompañado: Camarón, Paco de Lucía, Enrique Morente, Jorge Pardo…”

-¿Y cómo se desarrolla en su caso el proceso creativo? ¿Cómo compone en ese campo que está tan abierto a la improvisación?
“Compongo a partir de distintas motivaciones. A veces puede consistir en el deseo de revisitar un palo flamenco y tomarlo como punto de partida. Recurro a una bulería, por ejemplo, y le agrego una letra, porque también poseo una parte de cantautor y me gusta escribir lo que voy a cantar. Luego, a nivel estructural, suele haber un espacio sobre el que se puede improvisar después. De manera que esa bulería también está pensada de un modo jazzero…”.

-Siempre con la mirada puesta en los dos géneros.
“Combino los ingredientes como un cocinero. Si doy con un ritmo que no es nada flamenco, a lo mejor intento agregarle un cante muy jondo, para que nunca se me vaya demasiado ese tema en el que estoy trabajando hacia uno de los dos lados. Trato de hacerlo siempre de forma que haya un equilibrio”.

“Si haces ‘jazz’ y flamenco, te has metido en dos tradiciones muy profundas y debes adentrarte en ellas hasta el final”

-Ha visitado Canarias en formación de trío. ¿De qué manera se enriquece su música al compartirla con otros intérpretes?
“Me gusta encontrarme con gente que esté muy despierta y que, aunque parezca obvio, no lo es, sea también muy aficionada a la música. Gente a la que le guste hablar de la música todo el tiempo y de cómo podemos mejorar. Sobre todo músicos que estén muy atentos encima del escenario y que, si tomamos una dirección que no estaba planeada, te sigan rápidamente. Necesito de ese compañerismo”.

-¿Y cómo surgió este proyecto con el que ahora recorre los escenarios?
“Este trío es una formación nueva, que viene de un encuentro que se dio hace unos meses en Cataluña. Los tres estábamos tocando por allí e hicimos un concierto. Sin ninguna pretensión. Sin embargo, la sensación fue tan buena, tan poderosa, que decidimos darle recorrido a este proyecto. He compuesto ya algunas cosas para este formato, pero intentando siempre, como digo, que haya muchos espacios para la creatividad. Hay partes en las que nunca sabemos realmente qué es lo que va a pasar y así cada día podemos hacer propuestas nuevas”.

“Me gusta pensar que en mis conciertos aporto esperanza a la gente; es mucho más lo que nos une que lo que nos separa”

-¿Cuáles han sido sus principales referencias en el mundo del ‘jazz’ y en el del flamenco?
“Las principales, y también las que llegaron primero, son, por una parte, Camarón de la Isla y Paco de Lucía. Soy del mismo pueblo que Camarón. La Isla es como se llama coloquialmente a San Fernando y Camarón está muy presente allí y siempre me ha acompañado. En el grupo que lideraba en esos años Paco de Lucía estaba Jorge Pardo, que fue mi primera influencia entre los instrumentistas de viento. En aquella época temprana, en la adolescencia, era el único que yo conocía. Esa referencia se ha mantenido y ahora lo conozco personalmente, lo quiero mucho y es una fuente de inspiración constante. Luego, con el paso del tiempo, me he ido encontrando con otros referentes, como Enrique Morente, Perico Sambeat, Kenny Garrett, Cannonball Adderley, Chris Cheek, Omar Faruk… En fin, que viajo muy bien acompañado”.

-¿Considera que ya está superado el debate entre los puristas del flamenco y los que apuestan por el mestizaje, en este caso con el ‘jazz’?
“Ese debate tiene muchas capas y en algunas de ellas sí que está superado. Pero en otras imagino que existe miedo a que esa fusión no sea una suma, sino que corrompa. En mi caso, al mismo tiempo que estoy en el lado de la fusión, lo estoy también con los puristas. Me considero un gran aficionado a la tradición del cante flamenco. Todo lo que se haga por conservar esos cantes y que tengan difusión yo lo voy a apoyar, porque eso le puede servir a mucha gente, como a mí mismo, para llevárselos después tan lejos como quieran. Es verdad que el que esté solo en el mundo del flamenco puede mirar con recelo que se cojan esos cantes y se saquen de contexto. Siempre digo que cuando haces flamenco jazz no significa que hagas mitad flamenco y mitad jazz. No, no es eso. Quiere decir que te has metido en dos tradiciones muy profundas y que si quieres hacerlo bien has de intentar adentrarte en ellas hasta el final”.

-¿Cómo describiría la experiencia de un concierto de Antonio Lizana?
“Enérgica, alegre, visceral y creativa. Me gusta pensar que en mis conciertos aporto esperanza. Que a través del arte se puede conseguir que la gente se desbloquee y se conecte con algo que vibra igual en todos nosotros. Con la música tenemos una herramienta poderosa para enseñarle a otras personas que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa”.

-¿De qué manera ha llevado este tiempo tan complicado para todos, también para los artistas, marcado por una pandemia?
“Creo que lo estoy llevando bien. Por suerte, después del verano comenzó a reactivarse algo más la cosa. En ese sentido doy gracias por poder seguir trabajando. Es verdad que la situación ha cambiado bastante. Y hay cosas positivas y cosas negativas en todo esto que está pasando. Entre las positivas está el hecho de que la gente recibe la música con una necesidad y con un agradecimiento que antes no estaba ahí, cuando se daba todo por sentando. Ahora vas a un concierto y eres consciente de que a lo mejor puede ser el último al que asistas durante un largo tiempo. Por eso creo que el público se conecta de una manera diferente, con más intensidad. El año pasado, justo en el mes en el que empezó todo esto de la pandemia, tenía planeado sacar mi cuarto disco, Una realidad diferente. Iba a ser un lanzamiento muy potente a nivel nacional e incluso íbamos a hacer varias giras fuera del país. Pero, claro, todo se vio coartado por lo que se nos echó encima. Sin embargo, elijo pensar que tenía que ser así, que ha sido por un bien mayor”.

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