Cultura

Santiago Díaz-Bravo: “Nunca separar lo real de lo ficticio fue más difícil; hasta creamos personajes de nosotros mismos”

El escritor y periodista tinerfeño publica la novela 'Las intrusas', una "caricatura exacerbada de lo que podría llegar a ocurrir en el mundo"

El escritor orotavense Santiago Díaz-Bravo. / DA

Santiago Díaz-Bravo (La Orotava, 1968) concibió Las intrusas (Editorial Pie de Página, 2021) como una “caricatura exacerbada de lo que podría llegar a ocurrir en el mundo”. El escritor y periodista tinerfeño, afincado en Londres desde 2012, presenta esta novela como una prolongación del relato que abordaba en su anterior obra, El hombre que fue Viernes. Sin renunciar al humor, pieza fundamental en el mecanismo que conforma la realidad, Díaz-Bravo socava la falsa idea (y para ello cita a José Ortega y Gasset) que asumen muchos de los contemporáneos de cada época, según la cual la Historia es un progreso continuo, sin marcha atrás, y asistimos al mejor de los tiempos posibles.

-Tanto en El hombre que fue Viernes, su anterior novela, como ahora en Las intrusas hay una voluntad de retorcer la Historia, de reconstruir un pasado reciente para crear una ficción. ¿De qué manera se ha servido de lo real para hacer literatura?

“Usar la realidad y convertirla en parte de la ficción es un arma muy potente para un escritor. En este caso, también me da la posibilidad de cambiar la Historia. Emplear hechos históricos y personajes reales le aporta fuerza al relato, porque el lector, el objetivo último de estos desvelos, se sitúa en un ambiente conocido, en una realidad que no le es ajena. Especialmente en Las intrusas, que es una narración muy enraizada con la situación política y económica que estamos viviendo”.

“Siempre supe que ‘El hombre que fue Viernes’ iba más allá de la historia que contaba, que dejaba espacios que había que rellenar”

-¿Tuvo claro desde un principio que el relato que quería presentar al lector en El hombre que fue Viernes iba a tener continuidad en una segunda novela?

“Siempre supe que El hombre que fue Viernes iba más allá de la historia que contaba. Que el relato dejaba espacios que había que rellenar. De hecho creo que Las intrusas dota incluso de más sentido a El hombre que fue Viernes, porque es el desarrollo lógico de todo lo que ocurría en esa novela. Si El hombre que fue Viernes tenía elementos polémicos por utilizar, y nunca mejor dicho ese verbo, utilizar, a personajes públicos en su trama, eso se acrecienta en Las intrusas. Ya no solo es en España donde pasan la mayoría de los hechos, sino que también saltan al Reino Unido”.

‘Las intrusas’ es la nueva novela de Santiago Díaz Bravo. / DA

-En la anterior novela aparecen Los Ahorcados, un grupo de jóvenes españoles expatriados en Londres que protagonizan una masacre en España, y ahora junto a ellos -o mejor, además de ellos-, presenta a unos jubilados en Mallorca que también abordan una misión. ¿Qué función cumple confrontar a estas dos generaciones?

“En El hombre que fue Viernes el centro de la trama es lo que llamo la generación perdida española: la mejor preparada de la historia que, sin embargo, por las circunstancias de un país que le ha decepcionado, que no supo darle lo que se merecía, tuvo que emigrar. Eso despierta en estas personas un sentimiento que deriva en mi relato en una serie de actos terroristas. Pero es que también en esa novela hay un grupo de jubilados, de expolicías jubilados. Ahora esa dicotomía se repite en Las intrusas y hay dos historias paralelas. La de estos señores mayores en Valldemosa, un pueblo de Mallorca, y la que se desarrolla en Londres, en la que participan algunos personajes supervivientes de los hechos narrados en El hombre que fue Viernes. Son dos historias paralelas, sin que quienes protagonizan una sepan de la otra. Me parece un buen reflejo del mundo en que vivimos, esa aldea global en la que todo está conectado. Son dos relatos que se retroalimentan. En el de Mallorca aparecen, de igual modo, acontecimientos que no son ficticios, como el intento de atentado al rey Juan Carlos en 1995 o los papeles de Panamá”.

“Ambas novelas se marcan el objetivo de mostrar una imagen del mundo y plantear cosas que podrían llegar a ocurrir”

-La verdad, la mentira, lo real, lo probable y lo imposible. ¿Se marcó algún límite para que los hechos que narra en esta ucronía no perdieran credibilidad?

“Al escribir utilizo tanto personajes y hechos de la realidad española como de la británica, como de la de otros países. Los mezclo y los doto de otro significado, de otro alcance. Ambas novelas se marcan el objetivo de mostrar una imagen del mundo, exponer otros puntos de vista y plantear cosas que podrían llegar a ocurrir. Así que procuro que el porcentaje de realidad y el de ficción se respeten entre sí”.

-¿Y qué le resulta más complejo, crear personajes que no existen o servirse de personalidades como la reina Isabel II, Boris Johnson, Juan Carlos I o Corinna Larsen?

“Nunca llegas a estar seguro de que los personajes que creas partiendo de cero realmente los has creado desde cero. Corinna Larsen, el rey Juan Carlos, el primer ministro británico o Isabel II sé de dónde vienen. En cambio, los personajes ficticios han salido de una página en blanco, eso es cierto, pero también lo es que un escritor es una esponja que absorbe lo que hay a su alrededor. La escritura parte de la experiencia. Es probable que esos personajes que he creado sean el fruto de una mezcla alquimista de gente con la que me he tropezado en la vida, sobre la que he leído, sobre la que me han contado… Un escritor es un intermediario que le da un cierto orden a la realidad. E incluso va más allá y crea realidades. La ficción pura no existe. Como todos, un escritor es uno y sus circunstancias. Es imposible aislarse del mundo y de la experiencia en el proceso creativo”.

“La ficción pura no existe, uno es uno y sus circunstancias; es imposible aislarse de la experiencia en el proceso creativo”

-El caos es un ingrediente fundamental de la novela. Si miramos con perspectiva lo que nos ha ocurrido durante poco más de un año y medio, la realidad nos parece más caótica que nunca. ¿Ha sido preciso tomar cierta distancia para que la actualidad no contaminase la fábula que quería narrar o precisamente se trataba de eso?

“Terminé de escribir El hombre que fue Viernes un viernes y el lunes comencé a trabajar en Las intrusas. Eso fue en 2019. Parte del texto se redactó en medio de la pandemia del coronavirus y del brexit, que en el Reino Unido ha supuesto un shock tremendo, sobre todo para los ciudadanos de la Unión Europea que vivimos aquí. Como decía, uno nunca puede ser ajeno a lo que le rodea. Probablemente, todo esto haya influido en la novela, aunque no me haya percatado. En cuanto al caos, estoy convencido de que es la principal fuerza de cambio político. La ciudadanía puede soportar casi cualquier cosa menos el caos. Incluso los regímenes más terribles se justifican a sí mismos como el remedio para evitar el caos. A lo largo de la Historia, quienes han ejercido el poder han sido, sobre todo, los que han controlado el caos. Pero en Las intrusas se trata de un caos que no es tal, porque cuando se emplea como herramienta para el cambio, es un caos controlado. Con lo cual hay una contradicción: un caos organizado. Esa contradicción ha hecho que se derrumben gobiernos, que cambien regímenes políticos”.

-Entre las páginas de Las intrusas se alude a un escritor barcelonés, Pedro Víctor Debrigode, quien bajo numerosos seudónimos fue uno de los autores de novela popular más relevantes en España a mediados del siglo pasado. ¿Qué papel cumple esta reivindicación del autor fallecido en La Orotava en 1982?

“Como orotavense me da mucha pena que una personalidad como la de Pedro Víctor Debrigode pase hoy bastante desapercibida. Yo mismo supe de su existencia hace apenas siete u ocho años. Fue el autor más prolífico de la novela popular en una época en la que debió utilizar muchos seudónimos y escribir varias obras al mes en medio de unas circunstancias nada sencillas. Es cierto que hubo una exposición en TEA Tenerife Espacio de las Artes hace algunos años, pero ha seguido en el olvido. Las intrusas me ha servido para reivindicarlo, es una pequeña licencia que me tomo, pero también para aludir a esa capacidad de crear diferentes realidades. Debrigode es un escritor que creó a otros escritores, quienes a su vez crearon otras realidades. El lector que se adentre en mi novela se dará cuenta de cómo algunos personajes son especialistas en crear realidades. Y eso es, en buena medida, lo que marca el devenir social, político y económico del mundo de hoy. Máxime desde la aparición de las redes sociales, en las que no solo se construyen realidades ajenas, sino que creamos personajes de nosotros mismos. Nunca antes la diferencia entre lo real y lo ficticio ha estado más confusa”.

“El caos ordenado, esa contradicción, ha hecho que caigan gobiernos, que cambien regímenes políticos”

-Si entendemos El hombre que fue Viernes como una sátira política salvaje, ¿cómo definiría Las intrusas?

“Sigue siendo una sátira política salvaje, pero al ser la continuidad de la novela anterior y al darle sentido a muchas de las cosas que se planteaban allí, en cierto modo es una caricatura exacerbada de lo que podría llegar a ocurrir en el mundo. Como apuntó José Ortega y Gasset en La rebelión de las masas en 1929, los contemporáneos de cada momento pensamos que todo lo que ha ocurrido en los siglos pasados se ha desarrollado para cumplir el objetivo de llegar al estado en el que estamos. Nos da la impresión de que la Historia se ha parado. Lo que Las intrusas quiere reflejar es todo lo contrario, que la Historia se escribe cada día y si no nos esforzamos en preservar lo que tenemos, en ir más allá de la sociedad del postureo en la que estamos, las cosas pueden cambiar a peor. Pero el libro tiene también una gran dosis de humor, y lo utilizo, aunque es una de las herramientas más difíciles, porque es un elemento muy importante de la realidad”.