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Bomberos voluntarios de Adeje: “La experiencia de La Palma ha sido brutal”

Los bomberos voluntarios de Adeje, pioneros en Canarias, cumplen 35 años de servicio con la mirada puesta en el volcán de Cumbre Vieja; la erupción les sorprendió cuando navegaban hacia la Isla Bonita para tareas preventivas
Un bombero recogiendo ceniza en La Palma. DA

Hay sucesos que marcan en la vida y esa huella perdura frente al paso tiempo. Es lo que les ha ocurrido a los bomberos voluntarios de Adeje con el volcán de Cumbre Vieja. El destino les tenía reservada una sorpresa coincidiendo con el 35 aniversario de la creación del cuerpo. La erupción les sorprendió en el barco que les trasladaba desde Los Cristianos a Santa Cruz de La Palma en la fatídica tarde del 19 de septiembre.

“Llegamos en el minuto menos tres, porque íbamos de camino para labores preventivas y en ese momento empezó la erupción; una hora y media después ya estábamos desembarcando”, explicó a este periódico Carlos Barrera Gómez, jefe de los bomberos voluntarios de Adeje, a punto de cumplir 28 años en una organización que cuenta actualmente con 43 miembros, entre hombres y mujeres. “La experiencia de La Palma ha sido brutal en todos los sentidos, la magnitud de la emergencia es espectacular, pero también la desolación que percibimos sobre el terreno: todo lleno de ceniza, las imágenes de barrios y pueblos sin gente… Por ejemplo, en Puerto Naos, que es una zona turística, se te cae el alma a los pies porque no ves a nadie, solo metros y metros de ceniza. Es como si estuvieras viendo una película apocalíptica”, describió.

Además de la erupción de La Palma, otras tragedias han marcado a la asociación a lo largo de sus 35 años de existencia, como el derrumbe del edificio Julián José, en Los Cristianos, el 14 de abril de 2016, siniestro al que llegaron antes que ningún otro cuerpo de emergencia. “Fue espeluznante, cuando vimos aquello nos preguntamos cómo era posible que una de las fachadas siguiera en pie. La primera persona que salvamos estaba casi en la superficie de los escombros”.

Galería de agua

Tampoco olvidarán un incendio declarado en un apartamento de Callao Salvaje, en el que murió un niño que encontraron debajo de una cama, y un accidente en una galería de agua en la parte alta de Chío (Guía de Isora), en el que fallecieron tres personas en mayo del año 2000.

“Aquello fue muy complicado. Nosotros sacamos el primer cuerpo, mientras que las otras dos víctimas las rescataron los bomberos de Santa Cruz con equipos especiales de oxígeno”. Ahora, un libro que acaba de ver la luz, coordinado por Randy Mendiguchía, repasa la historia, con imágenes, de los bomberos voluntarios de Adeje, el primer cuerpo de estas características creado en Canarias.

Son los primeros 35 años de una trayectoria que no deja de escribirse día a día, emergencia a emergencia, con el reconocimiento unánime a un servicio que goza de una alta valoración entre la ciudadanía del Sur por su capacidad de respuesta inmediata y su eficacia. Su nacimiento se remonta a finales de 1985, en pleno boom turístico, cuando un grupo de hoteleros del sur de Tenerife decidió crear el denominado Grupo de Autoprotección de Playa de Las Américas (GAPA), dada la escasez de efectivos y medios materiales para hacer frente a posibles emergencias, sobre todo en materia de incendios, en el principal núcleo turístico de la Isla.

A 80 kilómetros de distancia

Por aquel entonces, el parque de bomberos más cercano era el de Santa Cruz, a 80 kilómetros, cuyos profesionales, junto a los del municipio alemán de Unterhaching, con los que se llegó un acuerdo de intercambio, impartieron los primeros cursillos. El 26 de junio de 1986 comenzó la andadura oficial de los bomberos voluntarios de Playa de Las Américas, aunque tal denominación sería sustituida por la de bomberos voluntarios de Adeje en 1990.

En el año de su nacimiento disponían de un jeep de segunda mano, una motobomba, unas cuantas mangueras y varios trajes de protección especial que guardaban en los garajes del centro comercial Pueblo Canario, en Playa de Las Américas. Aquel primer año realizaron cinco intervenciones.

Actualmente, superan las 400 salidas anuales y ya acumulan más de 10.000 siniestros a sus espaldas, entre ellos accidentes de tráfico, incendios urbanos y derrumbes de edificios. Atendiendo a la formación, equipación e instalaciones (con la ampliación de 2001, el parque de Fañabé, construido en 1991 y dotado de la última tecnología, se convirtió en el segundo más grande de la Isla después del de Santa Cruz), sus miembros se autodefinen como “bomberos profesionales que prestan sus servicios en un parque voluntario”.

Razón no les falta en función de los medios materiales de los que disponen actualmente: 10 vehículos, entre ellos camiones, bombas urbanas pesadas; una autoescalera y una unidad móvil preparada para cargar tanques de agua de 5.000 y 8.000 litros; dos vehículos de rescates especial, un tercero de transporte personal, otro de mando y un jeep 4×4 para rescates de montaña.

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