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Unidad de Actuación de Personas Adultas de Roque Negro: el derecho a aprender a cualquier edad

Dolores, Juana, Adoración o Carolina aprenden a leer y escribir a sus más de 60 años en la Unidad de Actuación de Personas Adultas de Roque Negro, en Anaga, un sistema que acoge a unas 5.000 personas en Canarias; un decreto del Gobierno canario, que limita la permanencia, pone en riesgo la integración de estas mujeres
Estas vecinas de Roque Negro acuden dos veces por semana a la escuela para recibir Formación Básica Inicial junto a su profesora Maribel Alonso. Fran Pallero

La jornada empezaba temprano. Ir al monte a cargar cisco, cuidar de las vacas, hacer las tareas del hogar, ir a los lavaderos o cuidar de los hermanos más pequeños. No había tiempo para más, ni siquiera para ir al colegio para aprender a leer y escribir. Había que contribuir a la casa, y eran ellas, las mujeres, las que tenían que hacerlo. No les iba a hacer falta saber leer o escribir, para eso ya estaban los hermanos varones, que sí que iban al colegio, “ellos tenían que ir al cuartel y les hacía falta”, o los maridos o los padres. Crecieron cuidando de todo y de todos, firmando documentos con una huella emborronada en tinta azul, papeles, cuentas bancarias o registros, en los que no sabían lo que ponía. Muchas de esas mujeres, el 65% de los cerca de 5.000 personas que cursan en Centros de Educación de Personas Adultas (CEPA), han encontrado en este sistema la oportunidad de ejercer un derecho al que no tuvieron acceso, el de la educación universal.


En Roque Negro existe una de las tres Unidades de Actuación de Personas Adultas (UAPA) que se distribuyen por el Parque Rural de Anaga. En ella una decena de mujeres se forma desde hace años con el objetivo de aprender a leer y escribir. Son las tres y media de la tarde. María Dolores, Adoración y Juana ya están en sus sitios esperando a la maestra que se afana en preparar la clase, la primera tras las vacaciones de Navidad. Normalmente, la clase de Maribel Alonso, la profe, suele tener entre ocho y 10 alumnas, pero hoy, solo serán cuatro, con la incorporación de Faustina, o Carolina como la conocen todos en Roque Negro, que llega un poco más tarde.


Lápices, cuadernos y la tarea de Navidad sobre la mesa. Estas “valientes” como las define su maestra, todas con más de 60 años, se reúnen dos veces por semana para hacer sopas de letras, escribir frases en los cuadernos que les prepara la maestra o hacer ejercicios de estimulación cognitiva, pero también salidas al exterior con excursiones al entorno que conocen tan bien. “Este es un sitio en el que no solo vienen a aprender, también sociabilizan, no podemos olvidarnos que viven en un punto que está muy alejado de todo”, explica Maribel. “Ellos (los hombres) sociabilizan en el bar, ellas lo hacen aquí”, añade la maestra.


Cuenta Dolores, que es la que más años lleva escolarizada, que ya se defiende leyendo y escribiendo, y como el resto, no pudo ir a la escuela cuando tocaba. “La mujer era para trabajar, eso me decía mi madre, y que los varones sí iban siempre a clase, porque les hacía falta para el cuartel”. Ella ha trabajado duro toda su vida, soltera y con hijo, encuentra en este rato de clases una forma de desconectar. Ahora, “si llega una carta ya no tengo que ir al vecino para saber qué pone, y nadie tiene que saber qué es lo que me mandan”.


Junto a Dolores, Adoración. “Cuando me separé ya pude venir, porque antes me decían que los cochinos no aprendían a leer y escribir. Ya sé poner mi nombre”, explica orgullosa de lo conseguido esta mujer madre de seis hijos. “Yo nací en El Batán -continúa- y mis padres no me dejaron ir al colegio. La maestra fue a dar con ellos para que fuera por la mañana o por la tarde y no me dejaron. Mi hermana iba las dos veces. Un día me escapé, y cuando volví lo que me encontré fue una polvaza”. Cuando se le pregunta por qué sus padres no la dejaron ir a la escuela contesta con naturalidad que porque “tenía que cuidar las cabras, las vacas, los cochinos…”.


Juana también lleva más de seis años escolarizada. Con tres hijos, como el resto tuvo que trabajar cuidando del ganado, cargando cisco, o yendo a los lavaderos a lavar la ropa. “Lo único que he aprendido es a poner mi nombre”, admite, mientras la maestra le explica uno de los ejercicios de memoria que tiene que hacer y que consiste en identificar los árboles que hay en una hoja entre varios objetos y poner al lado el número.
Mientras Juana hace ese ejercicio, Adoración va haciendo una sopa de letras. “Puedo poner las letras, aunque aún no sé lo que dicen”, ese es su siguiente objetivo.


Carolina es la última en incorporarse. “Es una máquina haciendo números y resolviendo problemas”, la piropea la maestra, pero ella le quita importancia. “Supongo que como cargué mucho cisco y saqué muchas cuentas, por eso no se me da muy mal”, acaba admitiendo. No tuvo la oportunidad de ir al colegio de pequeña. “Tampoco había escuelas cerca. Había una media escuela en la Cumbre, y los cumbreros nos tiraban piedras cuando íbamos, así que nos teníamos que volver”, recuerda Carolina, madre de dos hijos y abuela de cinco nietos.


Maribel Alonso detalla que a estas mujeres “les ofrecemos atención individualizada, unas saben leer otras no, por lo que vamos interaccionando con ellas de distintas formas”.

Un sistema en riesgo


El pasado mes de octubre, el Gobierno de Canarias aprobó un decreto que limita el tiempo de permanencia en la Formación Básica Inicial de la educación de adultos, un decisión que se ha encontrado con el rechazo de la mayoría de la comunidad educativa. El sindicato ANPE advertía entonces que restringir la formación de adultos pone en riesgo a las personas más vulnerables. El sindicato recordaba que estas enseñanzas conceden una segunda oportunidad a quienes no pudieron estudiar en su momento.


La orden de 27 de octubre de 2021, que establece las normas de organización y funcionamiento de los Centros de Educación de Personas Adultas (CEPA) y los Centros de Educación a Distancia (CEAD) en la comunidad autónoma de Canarias, limita el tiempo que puede permanecer matriculado un adulto, que no podrá estar en esta enseñanza más de cuatro años (podrán ser cinco, en casos excepcionales, debidamente justificados). Esta medida, según datos proporcionados por los propios centros para la formación de personas adultas, afectará a cerca de 5.000 adultos que cursan Formación Básica Inicial en Canarias en estos momentos.
Según datos recopilados por la central sindical, casi el 64% de la matrícula de estos centros corresponde a mujeres que no pudieron estudiar en su momento -se casaron pronto, tuvieron que emigrar o hacerse cargo de sus familias-.


Además de mujeres, los CEPA también acogen a alumnado con necesidades educativas especiales, alumnado derivado de los servicios sociales municipales (en algunos casos, en riesgo de exclusión social), alumnado de los centros penitenciarios y alumnado extranjero con dificultades de integración a causa del idioma. Tres de cada 10 alumnos de los CEPA son extranjeros.

Anaga cuenta con tres Unidades de Atención a Personas Adultas

Además de la de Roque Negro, existe otra en El Batán y una más en Las Carboneras. El 95% de los alumnos son mujeres. En ellas reciben una atención individualizada, pero, además, es un espacio en el que estas mujeres, en un entorno tan disperso como el de Anaga, pueden sociabilizar y mejorar su autoestima.

Maribel Alonso: “Esto no es un taller, es educación de adultos”

Maribel Alonso se incorporó a la educación de adultos en este curso y cuenta cómo el sistema que ahora mismo está dando cobertura a estas mujeres está a punto de cambiar con un reciente decreto de la Consejería de Educación. “Lo que viene a decir el decreto es que este perfil de alumnado puede estar unos pocos cursos, pero la realidad es que son perfiles que van a estar más tiempo. No estamos hablando de un alumnado de Primaria, son personas que tienen otros ritmos de aprendizaje”. Alonso explica que, “con el cambio que propone Educación, solo podrán estar un número de años y luego tienen que salir del sistema, cuando antes podían estar 8 o 10 años. Esto no es un taller, esto es educación de adultos, un sistema reglado, donde reciben Formación Básica Inicial, que es la alfabetización y la postinicial. Tenemos alumnas que no pasan a esa segunda fase. A ellas no les interesa el título”.

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