día internacional del cáncer infantil

“El mundo se paró cuando diagnosticaron que Fabi tenía cáncer”, recuerdan Alicia y José

La adolescente de 13 años lleva nueve meses luchando contra un linfoma no Hodgkin en el estómago y tras las sesiones de quimioterapia afronta la recuperación con optimismo
La familia Walo-Toimil pasea por la lagunera calle San Agustín. Fran Pallero

Cada 15 de febrero se celebra el Día Internacional del Cáncer Infantil, una jornada para visibilizar estas patologías y reivindicar la mejor atención médica y psicológica a los menores. Además, la muerte de niños con cáncer es evitable con un diagnóstico temprano. Gracias a la disponibilidad y el acceso a tratamientos y cuidados apropiados lo superan el 80% y, en algunos casos, hasta el 90%.

DIARIO DE AVISOS se citó en la Plaza de la Concepción de La Laguna con Fabiana Walo Toimil, una adolescente de 13 años que lleva nueve meses luchando contra un cáncer que le impedía alimentarse, un linfoma no Hodgkin estomacal grado 3. Llega en silla de ruedas y junto a ella están sus padres José Carlos y Alicia, su hermana Valeria y su perro Mamba, en recuerdo del fallecido Kobe Bryant, como jugadoras de baloncesto.

“Ahora estoy en la fase de recuperación”, señala esperanzada nuestra protagonista. “Me detectaron el cáncer el 26 de mayo de 2021, así que llevo casi nueve meses, aunque fue desde octubre de 2020 cuando comencé a tener síntomas”, destacó Fabiana. Recordó que “me sentía bastante mal, no tenía fuerzas para hacer nada. En el baloncesto estaba muy cansada, no podía seguir el ritmo y no podía dar el 100%”. Walo jugaba en el infantil del Tenerife Central y por el tumor ha tenido que dejarlo por un tiempo, “pero sigo federada y espero volver cuando me recupere”. Cuando puede acude a los partidos.

Fabiana comía con normalidad, pero los alimentos no pasaban del estómago al intestino tras la digestión y los vomitaba. Además, la enfermedad también repercutió en los estudios, ya que “no lograba concentrarme en clase, no me sentía capaz”.

Fabiana Walo Toimil posa con sus padres José Carlos y Alicia y su hermana Valeria con Mamba. Fran Pallero

En ningún momento se le pasó por la cabeza que pudiera tener un cáncer, “no pensaba que yo lo tuviera, aunque sé perfectamente que cualquier persona o niño puede tenerlo”, destacó.

Alicia Toimil toma la palabra para recordar la “intranquilidad” durante meses de no saber qué tenía y conocer que era un cáncer gástrico. “Ha sido todo muy complicado, no sabían qué tenía, todos estaban desorientados, nos decían patologías diferentes que no tenían relación, y cuando al final dieron que tenía un cáncer, imagínense, y encima en el estómago, que no es normal en una persona tan joven”, señaló emocionada.

En noviembre de 2020 comenzaron las pruebas, hasta que seis meses después descubrieron qué tenía a través de una endoscopia. “Hicieron un montón de pruebas para descartar. Pensaban que tenía un trastorno de la conducta alimentaria por los vómitos, pero hasta que no llegó al servicio de nutrición del HUC y se descartó. La endoscopia descubrió el tumor. El sitio en el que está localizado es complicado, nunca se planteó extirparlo, no estaba muy definido, sino esparcido y había más riesgos que beneficios, optándose por tratarlo con quimio”, recordó.

Por su parte, José Carlos Walo señaló que “el mundo se paró cuando le diagnosticaron que tenía cáncer. Fue todo muy rápido, a los dos días ya tenía la primera sesión de quimio, apenas nos dejaron pensar”. Pero también recuerda nítidamente que “uno o dos días antes de ingresarla vi a Fabi cambiarse de camisa y fue un gran impacto el peso que había perdido”.

Alicia destacó que Fabiana “tenía el cuerpo de una niña anoréxica, sin embargo comía y no perdió el apetito, pero el problema era que todo lo que llegaba al estómago, desde que se llenara un poco, lo vomitaba. Por tanto, apenas se nutría”, destacó la madre, que tuvo que dejar su trabajo para cuidarla: “Había que tirar para adelante”.

Las hermanas Valeria y Fabiana comparten su pasión por el deporte, sobre todo el baloncesto. | F.P.

La joven llegó a pesar 34 kilos, cuando pesaba 45 antes del diagnóstico del tumor y durante las sesiones de quimioterapia, que le causaban más vómitos. Ahora ha recuperado y está en 42 kilos. Asegura que tiene “un tumor que no se puede operar”, porque está entre el estómago y el inicio del intestino, y ha tenido “ocho sesiones de quimioterapia” [hace una mueca] ratificando que ha sufrido. Sin embargo, es optimista, ya que “ya no tengo cáncer y estoy acudiendo a revisiones completas. Lo que me faltaría por solucionar es que pueda comer alimentos sólidos”.

Efectivamente, su padre afirma que “ahora empieza un periodo largo y tendremos que tener más paciencia, ya que la cirugía es demasiado agresiva y perdería calidad de vida, pero a la vez vamos con la mente positiva porque afronta la finalización de toda esta pesadilla”.

Fabiana señala una bolsa en la silla de rueda que gotea alimento líquido para que pueda asimilarlo su cuerpo. “Tiene que llevar esa nutrición conectada 19 horas al día”, señala su padre José Carlos. Habitualmente son batidos con proteínas y vitaminas. “El paso del estómago al intestino está como bloqueado y con algo sólido se cierra el paso”.

Cuestionada si echa de menos comer algún plato, respondió que “no, incluso detesta un poco el chocolate”, sabor predominante de los batidos hiperproteicos. Sin embargo, desde enero ya comenzó a saciar de alguna manera sus ganas de degustar y saborear los alimentos masticando y luego escupiendo para no tragarlos.

Por otro lado, Fabiana recibe clases online y ha mejorado su rendimiento académico, aunque reconoce que “echa de menos” estar con el resto de amigas de clase o de baloncesto, pero sabe que “es paciente de riesgo COVID”. “No puedo hacer mucha vida social ni moverme, porque tengo que estar pegada a esta bolsa 19 horas”.

Su hermana Valeria señaló que “Fabiana lo ha llevado bien. Emocionalmente teníamos intranquilidad, pero la veíamos fuerte. Siempre mostraba una sonrisa y cuando la vemos más sería sabemos que se siente mal”, recordó. “Para mí el único cambio ha sido reducir mi vida social, porque tienes que cuidar también de tu hermana, pero seguimos haciendo lo mismo que antes, es decir, bajar al hospital casi todos los días y acompañarla”. Las hermanas partieron el año 2022 en el hospital, al contagiarse sus padres de COVID.

“Yo intentaba que vieran que lo llevaba bien, pero por dentro lo he pasado mal en el tratamiento, sobre todo la quimio, pero lo peor que me sentó fue que no me dijeran lo que tenía, porque me enteré sin quererlo leyendo una conversación por WhatsApp”, reprochó Fabiana a sus padres. Vanesa lo corroboró: “Desde que me dijeron que iban a ponerle quimioterapia, todas las búsquedas en internet vinculaban la quimio con el cáncer, aunque mis padres lo negaban. Dos días después en una videollamada en el móvil de mi padre entró un mensaje y leímos linfoma, y lo descubrimos”.

“Valeria afrontaba unos días más tarde las pruebas para entrar en la Universidad y decidimos esperar hasta después de los exámenes”, replicaron Alicia y José.

Macarena González, HUC: Se aborda a toda la familia de una manera multidisciplinar

Cada año se diagnostican en España alrededor de mil cánceres en menores de 14 años, 1.500 si aumentamos hasta los 18, mientras que en Canarias las cifras rondan entre 32 y 40, siendo los más frecuentes las leucemias, los linfomas y las neoplasias del sistema nervioso central. En el año 2021 se registraron en la provincia tinerfeña 20 diagnósticos y cuatro recaídas, cuando las medias anteriores eran de 13 a 15 diagnósticos, según Pequeño Valiente.

La doctora Macarena González Cruz, pediatra oncóloga del HUC, aseguró al DIARIO que, según estimaciones del Registro Poblacional de Cáncer, en Canarias la tasa bruta de incidencia es de aproximadamente 15 casos por cien mil menores de entre 0 y 14 años en línea con el resto de España.

González recordó que los tipos de tumores más frecuentes en ese intervalo de edad son las leucemias, con el 30% de casos; los tumores malignos del Sistema Nervioso Central, con un 23%, y los linfomas, con un 22%.

“Tenemos una formación especializada para llevar desde el inicio este tipo de casos, desde el abordaje inicial al diagnóstico, como el abordaje de las familias. En función de qué tipo de cáncer sea y de su supervivencia, que habitualmente es superior al 81%, abordamos toda la familia de una manera multidisciplinar, no solo de los pediatras onco-hematólogos, la nutricionista, la nefróloga, el cardiólogo, sino también los psiquiatras y psicólogos (al menor, los padres, hermanos y los abuelos si hace falta), la trabajadora social o la profesora de refuerzo”, afirmó.

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