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La cuenta atrás de miles de parapléjicos como Ken en España: tres años para volver a andar gracias a Courtine

Un implante de electrodos en la médula espinal realizado en Suiza logra que tres personas sin movilidad en el tren inferior puedan andar. En España, muchos lo ven con esperanza, pero con matices
Ken Mizukubo, durante una sesión de rehabilitación en la Fundación del Lesionado Medular de Madrid. El Español

Rafa Martí / Diario de Avisos | Cuenta la Biblia que a Jesús, estando en el pueblo de Cafarnaún, le trajeron a un “paralítico” en una camilla, le perdonó los pecados y luego, le dijo: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. Entonces, “el paralítico se puso en pie, cargó enseguida con la camilla y salió a la vista de todos, de modo que todos se quedaron maravillados y daban gloria a Dios diciendo: ‘Nunca hemos visto cosa igual”.

Lo que hasta ahora solo era un relato bíblico y el contenido de leyendas, el pasado martes se convirtió en un hecho real. No fue un milagro. Fue el resultado de más de 10 años de investigación científica que se transformaron en un vídeo que dio la vuelta al mundo: tres parapléjicos -inmóviles en su tren inferior- podían andar. Los cerebros detrás de tal hazaña son los del neurocientífico francés Gregóire Courtine y el de su compañera suiza Jocelyne Bloch, ambos de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), en Suiza.

A través de un implante de electrodos en la médula espinal de los pacientes, controlados de forma remota, los tres parapléjicos pasearon por la ciudad de Lausana ante la atónita mirada del mundo. Entre quienes miraban en la distancia, había miles de parapléjicos y lesionados medulares que, desde España, sueñan con volver a caminar algún día.

Según los últimos datos disponibles facilitados a este periódico por Aspaym (Asociación de Parapléjicos y Grandes Minusválidos Físicos), en España hay un total de 31.392 lesionados medulares. La mayoría de ellos lo son por enfermedades y apenas el 40% tiene un origen traumático, es decir, derivados de accidentes o similares. Por otro lado, los datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN) sobre 2018 señalan que todos los años en España hay cerca de 1.000 nuevos lesionados medulares, de los cuales, alrededor de 600 tienen un origen traumático y unos 300 derivan en tetraplejia.

“Enorme esperanza”

Uno de estos lesionados es Ken Mizukubo, un madrileño de padre japonés de 44 años. De estos, lleva 28 en una silla de ruedas. Un accidente de tráfico le dejó tetrapléjico cuando apenas tenía 16. La hazaña del doctor Courtine no le cogió por sorpresa. “Las terapias con electrodos no son una novedad”, explica en una conversación con EL ESPAÑOL. De hecho, el propio experimento del neurocientífico francés viene desarrollándose desde 2014. En 2018, ya tuvo éxito logrando que una persona con lesión medular se pusiera de pie, noticia que dio igualmente la vuelta al mundo. La diferencia es que, mientras aquel año el paciente no tenía una lesión completa, las tres personas que caminaron en Lausana sí que las tenían.

“Me genera una enorme esperanza, pero, como todo este tipo de noticias, me las tomo con cautela”, dice Ken. El experimento de Courtine tuvo éxito en tres de nueve pacientes en los que se probó, recuerda Ken. “Además, de esas tres personas, no se conocen detalles sobre qué tipo de lesión padecen, si es crónica o temporal, por ejemplo”, dice.

Para Ken, tras 28 años en una silla de ruedas, la esperanza de volver a andar no es como uno pudiera imaginarse. Existe, pero la aceptación de su nueva vida ha hecho que cambie su manera de pensar y que sus expectativas no giren solamente en torno a volver a ponerse de pie.

Nada más después del accidente, estuvo ingresado nueve meses en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, el único centro junto al Instituto Guttman de Barcelona especializado en exclusiva en este tipo de lesiones. Fueron meses de enorme incertidumbre, pero su rápida reincorporación a la vida normal le hizo el camino más ligero.

Tras su tratamiento en el hospital, Ken terminó el instituto y empezó a estudiar Derecho. Se licenció finalmente en Historia del Arte y opositó a conservador de museo. En la actualidad es presidente de Aspaym (Asociación de Parapléjicos y Grandes Minusválidos Físicos) en Madrid, trabajo al que se dedica en exclusividad.

Con la cercanía y el apoyo incondicional de su familia, fue acostumbrándose a su nueva realidad. Tuvo pareja, mantuvo activa su vida social con sus amigos de siempre, viajó a numerosos rincones del mundo, como a la Antártida; ha vivido en Madrid y en Londres, ha hecho paracaidismo y rafting; ha sido campeón de España de tenis de mesa… “Lo único que no he hecho ha sido jugar al fútbol”, dice entre risas. “Pero todas las demás cosas que pueden llenar la vida, las he hecho. No creo que me haya dejado nada por hacer”, asegura sereno.
Con esto, Ken quiere decir que volver a andar no supondría para él un cambio determinante: “Sinceramente, veo difícil que vuelva a andar. Experimentos como el de Courtine pueden dar más esperanza a un recién lesionado que no acepta su nueva realidad y que puede volver a ponerse de pie en el corto plazo. Pero, para mí, que ya he aceptado mi vida sobre una silla de ruedas, andar cambiaría más bien poco. ¡Claro que estaría muy bien! No lo descarto, pero lo veo difícil”, declara.

Aun así, Ken lleva haciendo rehabilitación sin pausa desde el día que tuvo el accidente, durante estos 28 años. “Si llegara el momento en que me puedo poner de pie, quiero que mi cuerpo esté preparado para responder”, asegura al respecto. Sin embargo, la rehabilitación y el horizonte de una vida sin silla de ruedas es solo una cosa más de su día a día. “Con el tiempo, tienes que aprender a llevar la silla en el culo, no en la cabeza. Verlo como el instrumento que te permite moverte”, afirma. De alguna manera, explica que el hecho de que se lesionase con 16 años le ayudó más que si no se hubiese lesionado entrado en años, cuando comenzar de cero y aceptar una nueva realidad es mucho más difícil.

Las circunstancias de Ken son solo unas dentro del gran abanico de lesionados medulares que terminan ingresados en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. Allí hay de todo: jóvenes como en su día Ken, pero también adultos a quienes perder la movilidad les ha supuesto una gran frustración.

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